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| 8/24/1992 12:00:00 AM

LOS IRREVERENTES

La III Bienal de Arte de Bogotá demuestra que las nuevas generaciones están decididas a iniciar una nueva era en materia plástica.

LOS IRREVERENTES LOS IRREVERENTES
A JUZGAR POR LO QUE ESTAN HACIENDO LAS NUEVAS GENEraciones de artistas, en un futuro cercano será muy poco lo que se pueda colgar de las paredes. Cada vez se pinta menos. Y de lo que se pinta, cada vez se entiende menos. Acaso está pasando el arte por un mal momento? No, sencillamente está cambiando. Hay quienes piensan que se trata del comienzo de una nueva era en materia plástica. Po} eso se entiende poco. Como era poco lo que se entendia cuando aparecieron el surrealismo, el dadaísmo, el minimalismo, o cualquiera de los "ismos" que irrumpió en este siglo con la intención de sepultar los movimientos anteriores.
La diferencia es que en esta ocasión no existe una tendencia definida. El arte del momento parece marcado, como la economía colombiana, por el signo de la apertura. La pluralidad es total. Nunca antes los artistas se habían tomado tan a pecho su licencia para crear.
La III Bienal de Arte de Bogotá, que se inaugura a comienzos de agosto en el Museo de Arte Moderno, lo confirma con creces: las convenciones desaparecieron del lenguaje plástico. De hecho, hay obras que resultan difíciles de clasificar. No son pinturas, ni esculturas. Son obras tridimensionales a las que la crítica usualmente denomina como instalaciones. También hay ensamblajes y performances. Pero si clasificar las piezas por su género es ya un problema, hablar de los materiales que se utilizaron para darles vida no deja de ser un dolor de cabeza. Para empezar, cualquier objeto y cualquier materia prima pueden ser empleados.
Hay piedra, arena, plástico, papel, cabello, uñas, chatarra, cuero, madera, hojas secas... hay de todo. Incluso, óleo y acrílico, como en los viejos tiempos.
Si bien es cierto que una bienal de este tipo desconcierta, es evidente, asímismo, que oxigena. Ahí está representado el arte joven del país. Ahí están las claves para saber qué están pensando y qué están sintiendo los boteros, los rodas y los obregones del futuro. No significa esto, necesariamente, que el arte se vaya a convertir en algo tan poco convencional como lo que puede verse en la bienal. Hay que entender que estos artistas atraviesan actualmente esa etapa en la que la irreverencia y la experimentación aparecen con más fuerza. De cualquier manera no se puede poner en duda que el arte está cambiando. En cierto modo, la bienal es como una radiografía de lo que está por venir.
En medio de la pluralidad, sin embargo, se observan ciertas constantes. Una de ellas es que la estética importa cada vez menos. Ya no se pinta ni se hace arte con la idea de que a algún comprador pueda resultarle de interés para decorar su casa o su oficina. Se trabaja más con la idea de expresar asuntos vitales, sin detenerse en la forma como haya que comunicarlos. Por eso -y ésta es otra constante- temas como el de la ecología, la justicia social sin comprometerse con tintes políticos y el respeto por la vida, se hacen recurrentes.
Era de esperarse que las nuevas generaciones reaccionaran de una manera tan fuerte frente a los parámetros asfixiantes de los movimientos que hicieron escuela hasta hace pocos años. El modernismo -lo de ahora es el posmodernismo- era excesivamente lógico. Creía en la razón, en la ciencia y en la tecnología hasta el punto de eliminar casi totalmente los rasgos gestuales y espontáneos del arte. Lo de hoy, por el contrario, es mucho más expresivo, y ha querido volver los ojos hacia la naturaleza. Ya no para representar paisajes en el lienzo, pero sí con la intención de hablar de las raíces, del mundo que le pertenece al hombre, del equilibrio de sus elementos... Los artistas del momento han seguido mirando hacia adelante, pero sin dejar de mirar hacia atrás.

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