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| 7/25/1988 12:00:00 AM

MAESTRO DE MAESTROS

Ignacio Gómez Jaramillo, uno de los pioneros de la pintura del siglo XX en Colombia, en una gran retrospectiva en el MAM.

MAESTRO DE MAESTROS, Sección Cultura, edición 321, Jul 25 1988 MAESTRO DE MAESTROS
A medida que se acerca el final del siglo, llega el momento de los grandes balances. El arte no se escapa de esta tendencia y, cuando faltan 11 años para que llegue el año 2000, ya se ha comenzado a evaluar lo que el siglo XX le ha dejado a la cultura colombiana. Luego de la retrospectiva de la obra del fotógrafo Leo Matiz, el Museo de Arte Moderno abrirá al público, el próximo 30 de junio, una de las exposiciones más importantes que se verán en Bogotá en este año. Se trata de una retrospectiva del maestro antioqueño Ignacio Gómez Jaramillo, uno de los hombres que mayor influencia ejerció en la pintura colombiana de la segunda mitad del presente siglo.
La historia de este pintor, que nació en 1910, tuvo uno de sus momentos más importantes en 1929, cuando decidió partir hacia Europa con el propósito de adquirir nuevos conocimientos. Hasta ese momento, Gómez Jaramillo había pintado algunos pocos cuadros en los que, a pesar de que estaba evidenciada su gran calidad, no lograba romper con los esquemas decimonónicos que imperaban en el arte nacional. Regresó al país en 1934 y casi de inmediato montó sus primeras exposiciones. La primera ciudad en apreciar sus trabajos fue Barranquilla, que recibió con elogios la muestra que presentó en el Hotel del Prado -no en vano, por esa época, Barranquilla era un centro de debate cultural y artístico en el que se formaron varios de los mejores exponentes del arte colombiano. Como lo afirma Eduardo Serrano en su libro "Ignacio Gómez" -cuyo segundo capítulo se incluye en el folleto que presenta la exposición-, en. ese momento el país estaba a la espera de "un pintor que encabezara una revolución conceptual y que limpiara la escena artística de telarañas antimodernistas..".
Pero, a diferencia de lo ocurrido en la Costa Norte, Antioquia no supo apreciar el gran aporte del artista. En una exposición que tuvo lugar en Medellín en ese mismo año, la crítica paisa no encontró nada de valor en sus cuadros. Las cosas siguieron así hasta que, gracias a la ayuda que le brindaron sus amigos Jorge Zalamea y Eduardo Santos -a quienes conoció durante sus viajes por Europa-, sus obras se mostraron en el foyer del Teatro Colón. Tanto el público como la crítica le brindaron una calurosa acogida y quedó claro que Ignacio Gómez Jaramillo era el hombre encargado de introducir definitivamente a la pintura colombiana por las sendas del modernismo, de hacerla entrar en el siglo XX. Fue el momento en el que, de una vez por todas, se pudo romper con el paisajismo y el costumbrismo que habían estado de moda desde el siglo pasado. Sin duda alguna, Gómez Jaramillo fue un hombre que, gracias a su novedosa manera de abordar la realidad y a su indiscutible maestría para plasmarla en sus obras, dominó la escena pictórica del país entre los años 30 y 60.
Esas primeras exposiciones impresionaron a un público que, acostumbrado a ver las reproducciones fieles de la naturaleza que recordaban todo el virtuosismo del renacimiento, encontró en la obra de Gómez Jaramillo una pintura que buscaba atrapar más la idea que la figura en sí. Claramente vanguardista, la geometría juega un papel primordial en sus cuadros y le permite una reelaboración de los temas que trata, que van desde el retrato hasta el paisaje, pasando por las naturalezas muertas. Al llegar a este punto, es necesario hablar de tres nombres que lo influenciaron ampliamente: Cezanne, Renoir y Picasso. De Cezanne tomó la geometrización del espacio, el manejo de los diferentes planos. La voluptuosidad de sus desnudos, la sensualidad que rodea a sus personajes, recuerdan la obra de Renoir que lo impactó fuertemente durante su estadía en Francia, España y Portugal. Pero, tal vez la más importante de tales influencias es la que ejerció Picasso, de quien toma toda esa inquietud intelectual por atrapar en la tela la idea que subyace en las figuras de que se ocupa.
Gómez Jaramillo fue un innovador, un intelectual que abarcó diversos campos y que se convirtió en un problema para el régimen. Durante la presidencia de Mariano Ospina Pérez, al que fustigó en diversos escritos, debió abandonar el país. Por orden gubernamental, sus dos murales que adornan el Capitolio Nacional fueron cubiertos y solamente pudieron volver a ser apreciados cuando, casi 10 años después, durante el gobierno de Rojas Pinilla, se ordenó que fueran destapados. Junto con su coterráneo Pedro Nel Gómez, Ignacio Gómez fue el mayor exponente del muralismo en Colombia. Durante el gobierno de su amigo Eduardo Santos, el pintor fue nombrado secretario de la embajada colombiana en México, donde entabló amistad con Siqueiros y Rivera, los grandes muralistas mexicanos. Tal vez por influencia de su trabajo, los tonos azules y grises que habían marcado buena parte de la obra de Gómez hasta ese momento le dieron paso a los tonos ocres, propios de los muralistas. Los murales de Ignacio Gómez Jaramillo que, fuera del Capitolio, se pueden apreciar en Bogotá en la sede del ICT y en el Teatro Colón (y en Medellín en la oficina principal del Banco de Bogotá), estarán representados en la exposición del MAM con los dibujos y bocetos que el maestro elaboró para poder llevarlos a la pared. Lo cierto es que el esfuerzo que por algo más de un año ha realizado el Museo para conseguir las diferentes obras que se van a exponer (alrededor de 200, entre lienzos y dibujos en papel), se convertirá en una de las exposiciones más importantes de la temporada y en la retrospectiva más completa que sobre la obra de Gómez Jaramillo (cuya influencia marcó la obra de pintores como Botero, Grau y Obregón) se haya hecho hasta el momento, y en una oportunidad para comenzar a echarle un vistazo al arte colombiano del siglo XX, ahora que está llegando a su final.





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