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| 8/21/1989 12:00:00 AM

MARCHA FUNEBRE

Con la muerte de Herbert von Karajan, la música pierde a uno de sus más grandes directores.

MARCHA FUNEBRE, Sección Cultura, edición 377, Aug 21 1989 MARCHA FUNEBRE

No fue un final feliz el que la vida le deparó al gran director de orquesta austriaco Herber von Karajan.

Tras una vida de éxitos ininterrumpidos, y cuando al cumplir 80 año parecía que nada ni nadie podía empañar los méritos cosechados en más de cincuenta años de trabajo, ciertos abusos, no pocas indelicadezas y el carácter autoritario e intransigente del maestro, se confabularon para jugarle una mala pasada.

Tirano, comerciante sin escrúpulos y dictador fueron apenas algunos de los epítetos que alcanzó a escuchar el anciano músico, luego de que quedaron al descubierto ciertas prácticas suyas poco ortodoxas en el manejo de la Orquesta Filarmónica de Berlín agrupación que regentó por espacio de 33 años ininterrumpidos. El resultado de tan aciago episodio fue que el músico acabó por renunciar al cargo de director titular y vitalicio, por las presiones cada día más fuertes que se ejercieron por culpa de su conducta.

A lo anterior se sumó su ya deteriorada salud. Como cruel paradoja, Herbert von Karajan, que en sus mocedades fuera un deportista estrella, ganador de varios trofeos como el mejor esquiador del Tirol, a la hora de su muerte escasamente podía movilizarse por sus propios medios. Una seria lesión en la columna vertebral, sufrida varios años atrás, lo tenía casi completamente paralizado. Pero aun así, enfermo y soportando terribles dolores, hasta último momento continuó trabajando sin descanso, pues intentaba coronar tres proyectos que la muerte le segó.

Cierto es que muchos denigraron de Von Karajan, pues tenía una personalidad que provocaba reacciones extremas. Si en las postrimerías de su vida se le criticó el manejo dictatorial que daba a sus interpretaciones, su pasión desmedida por el dinero y la actitud vanidosa que adoptaba hacia todo lo que lo rodeaba, nadie se atrevió nunca a lanzar siquiera una frase disonante sobre su arte. Fue reconocido universalmente como un director de talento y calidades artísticas superiores. Fue un hombre consagrado a su trabajo, que con disciplina prusiana estudiaba las partituras y exigía de cada músico el máximo de sus capacidades. Nunca dejó algo al azar. Herbert von Karajan se distinguió por tener una personalidad carismática y perfeccionista, y sus geniales dotes y amplia cultura aunadas a su incansable trabajo lo llevaron, siendo muy joven, a un lugar de privilegio en el mundo de la dirección orquestal.

Uno de los mayores triunfos en la carrera de este artista fue convertirse, a los 27 años, en el más joven director que había visto el país. Despues de 7 años de trabajar en Ulm, donde inició su carrera, y luego en Aquisgrán, en 1937 pisó por primera vez Berlín, donde causó sensación. Musicalmente lograba de las formaciones que controlaba una fuerza, un vigor, un refinamiento y colorido, que pronto los más exigentes escenarios de Europa quisieron tener de invitado a este joven, que causaba a su alrededor una magia y embrujo indescriptibles. Pero Von Karajan, que conocía muy bien la sicología humana, sabía que si musicalmente su trabajo debía ser intachable, no menos importante eran sus actitudes personales frente a músicos y público. Se contaba que al inicio de su carrera, frente a un espejo estudiaba las poses que debía adoptar. Cierto o no, su salida a un escenario enloquecía a las audiencias. Su gestos transportaban a la gente y hecho de dirigir sin partitura, para aquellas épocas se consideraba un proeza de memoria excepcional. Cada presentación de este artista se convertía en acontecimiento, al punto de que a los 35 años ya todos hablaban del "milagro Karajan".

La familia Karajan era originaria de la Macedonia griega. El verdadero apellido era Karajannis. Cuando Max Karajannis, abuelo del músico, pensó abandonar su tierra, dejó la religión griega ortodoxa, abrazó la católica se trasladó con su familia a Salzburgo. Allí nació Herbert, el 5 de abril de 1908, en el hogar de Ernst von Karajan, médico, y su esposa Martha, nacida en Kosmac de familia originaria de Eslovaquia.

Aficionados todos a la música, desde muy niño Herbert von Karajan tomó la decisión de ser pianista y su debut, después de años de estudio en el Mozarteum, de su ciudad natal, se produjo en 1917. Viajó luego a Viena para perfeccionar su trabajo a tiempo que adelantaba clases de dirección orquestal.

Una vez recibió el titulo en esta última disciplina, realizó su primera aparición pública en la capital austriaca. A partir de ese momento empezó a hablarse del joven director como de una figura renovadora de geniales cualidades y las más importantes salas de Europa querían tenerlo al frente de sus formaciones orquestales: Filarmónica de Berlín, Filarmónica de Londres, Opera de París, Scala de Milán, Festival de Salzburgo, Festival de Bayreuth, orquestas de Bruselas, Amsterdam y Estocolmo. Y mientras el músico se desplazaba por doquier, comenzaban a aparecer sus primeras grabaciones discográficas.

A su muerte Herbert von Karajan contabilizaba la mayor discografía que director de orquesta alguno haya realizado jamás. Más de 700 títulos en poco más de medio siglo de actividad alcanzó a pasar al disco, constituyéndose en el único músico que haya grabado cuatro veces las nueve sinfonías de Beethoven.

Casado tres veces, la primera lo hizo a la edad de 30 años con Elmy Holgerloef, cantante de opereta. Dos años después, de nuevo contrajo matrimonio, con Anita Gutermann, unión que duró 18 años. Y en 1958 se casó por tercera vez. La escogida fue Eliette Mouret, que le sobrevive y con quien tuvo dos hijas, Isabel y Arabella. Fue al final de la vida del músico cuando intempestivamente apareció otra supuesta hija, una tal Ute de Donger, residente en Inglaterra, que dicidió salir del anonimato para reclamar la paternidad de Von Karajan. El caso fue llevado hasta un juzgado de Salzburgo y a la hora de la muerte del director aún no se había podido establecer la veracidad de tan bochornoso asunto.

En el plano profesional, Herbert von Karajan dirigió todas las importantes agrupaciones sinfónicas de Europa. Grabó con los más grandes artistas del mundo y, aparte de un monumental legado discográfico, dejó un no menos impresionante número de filmaciones de óperas y conciertos. Para tal fin creó primero la empresa Cosmotel y luego Telemondial, esta última con sede en Montecarlo. Centenares de títulos llevados a la pantalla quedaron para la posteridad, y un buen número de ellos aún no se ha visto, por cuanto reposan en cofres debidamente guardados en Suiza.

La participación de Herbert von Karajan en el exclusivo Festival de Salzburgo fue decisiva y por años ocupó el cargo de director artístico, que mantuvo durante más de 20 años. Pero en 1988, que fue el año de su declive, tomó la decisión de renunciar acosado por el cúmulo de presiones que de tiempo atrás venían gestándose para retirarlo de esta responsabilidad. Pero quedó el Festival de Pascua, creado por él, que hoy se muestra acéfalo con la muerte de su gestor.

Con la muerte de Herbert von Karajan, desapareció una de las más grandes figuras de la dirección orquestal de la historia de la música, y la última de una muy selecta nómina de colosos de la batuta del siglo XX.

El profundo conocimiento de la música y de la orquesta que adquirió este genial intérprete a lo largo de su vida, quedó plasmado no sólo en el recuerdo de quienes tuvieron el privilegio de verlo y trabajar con él, sino que para actuales y futuras generaciones dejó como testamento un legado millonario de grabaciones y filmaciones de calidad incuestionable. Para la Orquesta Filarmónica de Berlín (así sus músicos y directivos lo hayan hecho a un lado de un cargo que ostentaba de manera vitalicia), la presencia de Von Karajan como cabeza de la agrupación por espacio de 33 años deja una huella indeleble, pues quiérase o no, esta formación sinfónica alcanzó su consagración gracias al genial músico.

No cabe duda de que con la muerte de Herbert von Karajan se fue un grande de la música.

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