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| 7/22/1996 12:00:00 AM

MIS PRIMEROS 25 AÑOS

EN SU PRIMER CUARTO DE SIGLO, CENPRO DEMUESTRA QUE ES UNA DE LAS PROGRAMADORAS MAS VITALES DE LA TELEVISION NACIONAL

MIS PRIMEROS 25 AÑOS, Sección Cultura, edición 738, Jul 22 1996 MIS PRIMEROS 25 AÑOS
Después de 42 años de historia el sistema mixto de la televisión nacional ha dado sus buenos y malos frutos. Pero ante todo ha creado su impronta personal sobre lo que el país ha ido decidiendo debe ser la industria del espectáculo televisivo que más le conviene. Y este estilo se ha caldeado precisamente en las cámaras de las programadoras, un invento también colombiano que mal que bien se ha acomodado a las condiciones nacionales. Con el correr de los años cada una de ellas, según las posibilidades técnicas, el genio o la mediocridad de sus creativos y actores, las estrategias gerenciales, los intereses económicos y excepcionalmente los sociales y artísticos, ha ido tomando su rostro particular. Aunque al televidente común no lo trasnoche y por lo general no distinga cuál es la programadora que produce sus espacios favoritos, siempre hay una detrás de cada proyecto poniéndole su marca. RCN, por ejemplo, se ha convertido en sinónimo de excelentes transmisiones deportivas y no ha ocultado su lado quijotesco y arriesgado en las grandes series en las que suele embarcarse, como La casa de las dos palmas, Azúcar o La Momposina. Caracol, por su lado, es quizás la más calculadora y especializada en productos sofisticados en su forma, en los que no suelen arriesgar sino que siempre van a la fija como lo han demostrado sus últimas telenovelas Sólo una mujer, Candela o La sombra del deseo. RTI, por su parte, es un justo medio, de una empresa más pequeña que las anteriores, recatada y tradicional, pero que suele experimentar con muy buenos resultados como lo demuestran productos como Cuando quiero llorar no lloro y recientemente Fuego verde. Luego siguen otras empresas más pequeñas que se han especializado en comedias baratas y efectivas como Punch, o que buscan el filón de oro en lo popular (no siempre en el mejor sentido de la palabra) como Jorge Barón TV y Colombiana de Televisión. O en el caso contrario, encandiladas por el brillo de lo light, como JES, con Mascarada y Panorama. En este contexto de negociaciones con el rating, la calidad y los presupuestos, hay otra programadora que ha seguido un camino muy diferente y bastante consecuente como Cenpro (Fundación para las Comunicaciones Sociales). Aunque esta empresa, que cumple en estos días 25 años de labores, por principio ha estado orientada por valores educativos y culturales, no se ha convertido en una pesada cartilla pedagógica o moral. Y precisamente esa es su fuerza: haber podido despegarse del discurso ejemplarizante de sus inicios para desarrollar formas alternas de diversión inteligentes y a veces artísticas. Este camino es el que ha marcado su evolución. Al principio sus producciones no salían del abanico de Educadores de hombres nuevos y la Santa Misa. Pero con el tiempo, sin dejar esta transmisión de la liturgia, uno de los programas con mejores rating, Cenpro buscó otros horizontes. Expediente, un programa investigativo que marcó historia, Después de los 30 y Décimo grado han sido algunos de los puntos más altos de su recorrido. En los últimos años con Paz verde, uno de los pocos programas ecológicos de la cartelera nacional Los reencauchados, De pies a cabeza, en la tradición de los programas juveniles que Cenpro inaugurara años atrás con Décimo grado, y La otra mitad del sol, una serie que se ganó esta temporada todos los premios de televisión, sigue demostrando su orientación. Un oasis que vale la pena resaltar este año cuando llega al cuarto de siglo con una mezcla interesante de tradición y frescura que le asegura su futuro en la televisión.

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