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| 12/10/1984 12:00:00 AM

NAUFRAGIO

Un libro sobre el caricaturista Rendón que terminó siendo una caricatura de sí mismo.

NAUFRAGIO NAUFRAGIO

Lo que iba a ser el acontecimiento bibliográfico del año terminó naufragado, eso sí, con las mejores intenciones. Cuando el Fondo Cultural del Banco Cafetero comprometió sus recursos editoriales para sacar a luz un viejo proyecto empantanado por falta de financiación, jamás imaginó que el parto sería esteril. No de otra manera y con desgaño puede describirse su reciente publicación "Ricardo Rendón, una fuente para la historia de la opinión pública". (295 páginas, 22 x 29 cms, $ 3.000, Bogotá). Con la firma del historiador Germán Colmenares y diagramado por Diego Amaral, el libro recoge 798 caricaturas que Rendón produjo entre 1921 y 1931 para los principales diarios bogotanos.

El primer escollo lo siembra el propio Colmenares cuando dice que este proyecto trata de "ensayar la escritura de un libro divertido". Por este motivo el autor, una eminencia internacional y un pionero en estudios de la colonia colombiana, resuelve eliminar de un plumazo toda referencia bibliográfica. No hay una sola cita. Las caricaturas aparecen sin una necesaria fecha y lugar de aparición, con lo cual el lector acucioso jamás sabrá donde apareció tal o cual caricatura. Una lista al final del libro o el dato al pie de la ilustración, habría permitido dejar consignadas las referencias para posteriores investigaciones. Colmenares sabe que los Archivos de Indias sí fueron prolijos en estas minucias, las que a su vez le permitirían a él mismo redactar varios de sus escritos.

Otro asunto interesante y sorpresivo es la estructura del libro. Dividido en diez capítulos (Política liberal, conservadora, la cuestión petrolera, etc.) que son reiterativos entre sí, llega a ocasionar con frecuencia la alusión a circunstancias similares: el resultado, la repetición durante el desarrollo del tema, de caricaturas idénticas. Detalle molesto que pudo haberse obviado enviando al lector a la anterior caricatura reproducida.

Otro punto que merece mención es la supuesta concordancia literaria y gráfica que despliega la publicación. El texto va acompañado de unos números en margen aparte y a la izquierda que remiten a los dibujos, ubicados en la misma página. La primera lectura es confusa: 342 nuncia; 345 cialmente; 346 divieso; 355 pina. El número de la caricatura no conduce al texto directamente. Y cuando se procede a la inversa, del escrito a la caricatura, hay tantas referencias a las ilustraciones que la lectura se tropieza. Hay párrafos de 20 renglones con 10 caricaturas (pág. 55).

Si desde el punto de vista de redacción el libro debe leerse sin verse al menos en primera instancia, el paso siguiente, de sólo mirarlo es, desgraciadamente, poco reconfortante. La diagramación descuidó la escala de reproducción de las ilustraciones. Tamaños muy pequeños son con frecuencia pareados con otros formatos, en detrimento del dibujo y sobretodo de la legibilidad. Las caricaturas de Rendón casi siempre traen doble leyenda: un título pertinente y el diálogo de personajes o comentario. Aparecen estos epígrafes en tan diversos y minúsculos tamaños que la supuesta explicación de obligar a los dibujos a acompañar el texto en todos los casos, antes que cumplir, empeoró. Carece el libro, gráficamente hablando, de una adecuada concepción que sin deformar y maltratar, hubiese cumplido. Adicionalmente, cada página lleva dos tintas. Un fondo gris con texto en negro superpuesto y unos espacios blancos o ventanas donde se imprimieron las reproducciones. El diagramador, para evitar que estos espacios fueran muy disímiles (pues todas las caricaturas tienen un tamaño distinto), resolvió asignarles proporciones parejas. Muchísimas veces sobran centímetros de blanco que no ocupan las ilustraciones, aumentando la incoherencia e incomprensión del trabajo por realizarse. Si el lector calcula los costos de fondear todas las páginas con una tinta adicional sabrá que esto se traduce en cientos de miles de pesos adicionales, que seguramente el Fondo o su bolsillo, acarrearan. Adicionalmente, los comienzos de capítulo van ilustrados con una reproducción de la primera página del periódico de turno donde Rendón caricaturizaba. La pobreza e indisposición son evidentes: ilegible, mal fotografiada, con todos los bordes borrosos. No hay derecho a que el libro definitivo de Rendón, que iba a ser éste, se haya malogrado. No le ha de bastar al Fondo Cafetero contar con autores y proyectos ilustres. Hace falta un control editorial estricto y profesional (los libros se devolvieron a la imprenta porque esta no los cosió con hilo) para evitar fracasos que nos recuerden la mediocridad y el subdesarrollo.

Lástima que el libro de Rendón siga aplazado y que paradójicamente se haya convertido en una caricatura de si mismo. Si en el siglo 18 no había imprenta pero sí país, en el 19 hubo imprenta pero no país, y en el 20 ni hay país ni hay imprenta.--

EDICIÓN 1893

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