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| 4/3/1989 12:00:00 AM

Negro pasado

Nominada a 7 Oscares,"Misisipí en llamas" revive las viejas heridas del racismo en los EE.UU.

Negro pasado Negro pasado
En la oscuridad de la madrugada, en medio del vapor tibio que sube de las ciénagas y los manglares, un automóvil largo avanza rápidamente. Tres muchachos, dos blancos y un negro, viajan silenciosamente cuando, sorpresivamente, comienzan a ser perseguidos por una camioneta, un auto policial y otro vehículo. Pensando que quieren pasarlos, les hacen señas, pero enseguida entienden que es una situación amenazante. Se detienen, son rodeados, interrogados y asesinados. Es junio de 1964, el verano caliente de 1964 cuando centenares de muchachos, herederos del idealismo de John Kennedy invadieron las plantaciones de Misisipí y otros estados sureños para apoyar a los negros en su pelea por los derechos civiles. Esa madrugada tres de esos voluntarios, James Chaney, Andrew Goodman y Mickey Schwerner, mueren a manos de un grupo del Ku Klux Klan y sus cuerpos son desaparecidos. El caso sacudió a los norteamericanos y algunos de los responsables fueron a la cárcel.
Veinticinco años después, el triple crimen ha sido reconstruído con violencia y rabia por un director británico, Alan Parker, en una película llamada "Misisipí en llamas", nominada a siete Oscares de la Academia y protagonizada por Gene Hackman y Willem Dafoe, quienes interpretan a dos agentes del FBI que llegan a esos pantanos y plantaciones en busca de los tres muchachos perdidos. La película ha removido viejos recuerdos en la pequeña población de Filadelfia, en Misisipí, donde ocurrieron realmente estos hechos sangrientos.
La historia va hacia su objetivo, desde las primeras tomas con el asesinato de los tres jóvenes hasta el final, con esa toma de un cementerio y una lápida rota por el vandalismo y una leyenda que dice: "1964, no podemos olvidar". Y eso es lo que la película busca, que con todas estas imágenes crudas, con esos disparos, esos golpes, esos cuerpos desenterrados, esas iglesias quemadas, los negros ahorcados y los cantos espirituales lanzados al aire con dolor, que con toda esa carga emocional, el espectador no olvide que lo que ocurrió en 1964 sigue ocurriendo en varias zonas de Estados Unidos donde los negros tienen sus sanitarios, sus asientos en las iglesias, sus ventanillas en los bancos, sus puestos en los buses y su zona específica en esa vida segregada que tienen que soportar, tantos años después de la muerte de los Kennedy, Luther King y los otros.
Los protagonistas de "Misisipí en llamas" son los agentes Anderson y Ward, interpretados por Hackman y Dafoe. Hackman está nominado a un Oscar por este papel. Ya se ganó otro con "Contacto en Francia". A Willen Dafoe se le vio recientemente como Jesucristo en la película de Scorsese. Del contraste de estos dos personajes, del choque de estas personalidades y culturas tan disímiles, surge buena parte del contexto dramático de la película. Anderson es vulgar. Alguna vez fue sheriff en un pueblo donde los blancos odiaban a los negros y los mataban.
Anderson tiene sus métodos particulares para llegar al fondo de las investigaciones que emprende. Usa la violencia, la presión física sobre los sospechosos, es capaz de torturar para obtener una confesión y sus métodos violentos serán los que produzcan los primeros resultados. En cambio, Ward es un intelectual, piensa que el sólo nombre del FBI, la sola mención del gobierno federal puede asustar a los lugareños racistas y emprende, respaldado por un enorme aparato burocrático, una investigación condenada al fracaso porque utiliza los métodos equivocados.
Del contraste de estos dos hombres surge el drama que Alan Parker ha contado con eficacia: la música agonizante, la fotografía que rescata la oscuridad, iluminada por las llamas de los incendios de iglesias y casas de negros, la reconstrucción de esa pequeña ciudad en 1964, la pobreza del barrio negro, la actitud sumisa al comienzo y desesperada al final de esos oprimidos, para quienes los tres activistas eran sólo un estorbo y un pretexto para que los blancos los persiguieran más. Aparece la atmósfera tensa y conmocionada que va subiendo de tono sin detenerse jamás. Todo esto convierte a "Misisipí en llamas" en una película estupenda que habla de hechos históricos, que se repiten todos los días y no aparecen en la prensa porque los norteamericanos que habitan el sur ya están acostumbrados, y saben que son culpables. Como dice uno de los personajes todo el que calle, todo el que se tape los oídos, todo el que cierre los ojos es culpable, tanto como los que incendian iglesias o ahorcan negros. Siguen siendo culpables.

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