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| 6/16/1997 12:00:00 AM

NI LO COMPRE

Plinio Apuleyo Mendoza se revela como un Corín Tellado criollo, pero peor.

NI LO COMPRE NI LO COMPRE
Cinco días en la isla
Plinio Apuleyo Mendoza
Editorial Norma
Bogotá,
1997
$ 19.800
El asunto es sencillo: hay buenos escritores y malos escritores, hay novelas apasionantes y novelas aburridas. A veces los factores se mezclan; por ejemplo existen excelentes escritores que han producido novelas aburridas, pero siempre de buena calidad literaria. Plinio Apuleyo Mendoza ha escrito una novela de pésima calidad literaria y, además, aburrida y larguísima: 490 páginas.
Se trata del libro titulado Cinco días en la isla. Su protagonista es un pobre diablo de espíritu y de bolsillo, que vive en París, se las da de escritor, está casado con una intelectual pedante, con la que tiene dos hijas adolescentes y la cual muere al final de la novela, estando ya casada con otro. Sin embargo, la debilidad de Manuel -tal es su nombre- es seducir mujeres ricas, que lo deslumbran con sus lujos y sus millones, deslumbramiento que no oculta, como buen arribista que es.
Uno de esos romances es el tema de la novela. El y su amante se van para la isla de Antigua, en el Caribe, a una mansión, propiedad de ella. Y durante cinco días -o 490 páginas- contemplan el atardecer, se traban con marihuana, toman irish coffee y champaña, comen caviar, hacen el amor, se duchan, duermen, pasean en lancha.
Y conversan hasta reventar, contándose sus vidas. Así, la novela es más bien un interminable reportaje, en el que los dos personajes preguntan y contrapreguntan sin pausa. Los diálogos están mal integrados y carecen de toda naturalidad, porque su propósito es informar e, incluso, hacer panfleto político. No hay manejo alguno de técnica narrativa, pues ésta se reduce, como ya lo dije, a la pregunta y la respuesta.
Y la cursilería. Sorprende al lector que una persona de la formación cultural de Mendoza escriba con tanta ramplonería, sin ninguna preocupación formal ni asomo de elaboración narrativa ni de trabajo con el lenguaje: más parece contando chismes A la carrera. Las descripciones abundan en lugares comunes. Y es una lástima, porque no logra crear ambientes ni moldear personajes. Se tiene la impresión de que los ha desperdiciado pues, para poner un ejemplo, el pobre diablo del protagonista es un personaje que está bien concebido y es muy real y que, tratado con un buen nivel literario, hubiera resultado interesante.
No falta el erotismo. Pero en este caso no se trata, ni mucho menos, de la finura, la imaginación y la maestría de un Vargas Llosa, sino de un erotismo barato. Y lo peor es que Mendoza se lo quiere vender al lector como audacias escandalosas del protagonista y su amante: qué ingenuo. Finalmente anoto que la ausencia de calidad literaria y de manejo narrativo hacen que el libro sea pesado de leer. Y para qué sigo.

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