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| 10/7/1996 12:00:00 AM

NO SE LA PIERDA

Una buena novela de misterio del escritor suizo Friedrich Dürrenmatt.

NO SE LA PIERDA NO SE LA PIERDA
La sospecha Friedrich Dürrenmatt. Traducción de Juan José del Solar. Tusquets Editores, Barcelona, 1996. $21.000. n fenómeno literario interesante de este fin del milenio es el auge de la novela negra. La prueba es la pléyade de escritores que día a día innovan el género, como Daniel Pennac o Manuel Vázquez Montalbán o Ruth Rendell o Jerome Charyn. De ahí tal vez ha surgido el interés por editar y reeditar la obra del suizo Friedrich Dürrenmatt, anterior a aquellos y uno de los grandes maestros del género, fallecido en 1990. Pocos libros tan estremecedores y apasionantes ha leído esta cronista como El desperfecto, La promesa y El juez y su verdugo. En Colombia hizo época, por allá en los años 60, el montaje teatral de su pieza La visita de la anciana dama. Y su fino humor resulta inolvidable en Griego busca griega. En sus últimos años, Dürrenmatt produjo varias obras, a mi parecer poco interesantes, como El valle del caos, El encargo y los cuentos de La muerte de la Pitia. La sospecha, recientemente traducida al español y ahora en circulación, pertenece a la mejor época del escritor suizo. En este libro, como en todos los suyos, lo de menos es el enigma policial, pues su empeño está en desnudar el alma humana y mostrarla casi en carne viva. Y su obsesión es poner al descubierto las trampas que la realidad le tiende a la verdad y a la justicia. En líneas generales yo veo una cercanía grande entre el mejor Dürrenmatt y ese magnífico escritor italiano que es Leonardo Sciascia: cada uno a su manera apunta a denunciar la corrupción política, social y de principios de sus respectivas sociedades. La sospecha agarra desde el primer reglón. En ella Dürrenmatt revive al inspector Hans Bärlach, protagonista de El juez y su verdugo. Aquí Bärlach está jubilado y confinado en cama por un cáncer terminal. Pero concibe una sospecha que lo hace revivir para establecer la verdad y hacer justicia. Cree haber identificado en el director de una clínica para ancianos a un médico nazi, autor de grandes atrocidades en el campo de concentración de Stutthof. En el curso de la investigación aparecen diversos personajes que sustentan sus posiciones sobre la culpa, la libertad, el poder, las ideologías, los principios, el bien y el mal. Hay escepticismo, humor, misterio, y una serie de planteamientos duros y descarnados sobre la condición humana. En fin: una lectura interesante y saludable.

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