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| 2/26/1990 12:00:00 AM

NUEVA VIDA

Al terminar su ciclo en la danza, los genios del ballet prueban suerte en cine y teatro.

NUEVA VIDA, Sección Cultura, edición 404, Feb 26 1990 NUEVA VIDA
Si los cantantes líricos encontraron en la dirección escénica operática un filón de gran atractivo para prolongar sus actividades artísticas, los bailarines -cuyas carreras son mucho más breves- tienen hoy en el cine y el teatro una profesión exitosa y rentable cuando ven que se aproxima la dramática hora del retiro.
Tres grandes bailarines, soviéticos curiosamente, iniciaron esta modalidad: Rudolf Nureyev, Mikhail Baryschnikov y Alexander Gudonov. Los tres, retirados ya de la danza, y hoy por hoy de cualquier actividad que linde con ella, reciben ofertas millonarias para trabajar como actores en musicales, producciones cinematográficas y teatrales.
Baryschnikov, luego de cosechar todos los triunfos que un artista de la danza puede obtener en los grandes escenarios del mundo, cuando se enfrentó a la cruda realidad de que los años pesaban demasiado para desempeñarse con el nivel que su disciplina y patrones artísticos le exigían, entró a dirigir el American Ballet Theater, de Nueva York.
Con un éxito absoluto trabajó en la pieza teatral "Metamorfosis", de Kafka, adaptada por Steven Berkoff, que lo llevó a ser nominado al premio "Tony" como mejor actor de reparto de la pasada temporada. Actuó en las producciones cinematográficas Dancers basadas en el ballet. Giselle, en "Momento de decisión", con Ann Bancroft, Leslie Brown y Shirley MacLaine, y en "Sol de medianoche", al lado de Gregory Hines e Isabella Rosselini. Hechas estas incursiones, decidió dedicarse de lleno a ellas, y anunció en el American Ballet Theater estar dispuesto a dejar el cargo de director para seguir sus inclinaciones actorales. Dio un plazo de un año para darle tiempo a la compañía de festejar sin sobresaltos el cincuentenario de su creación. Pero sin embargo se produjo lo inesperado: la última producción de "El lago de los cisnes", que costó la bicoca de millón y medio de dólares, obligó a las directivas de la compañía a llamarle seriamente la atención de bailarín, pues la empresa no podía continuar con tales costos. La reacción de Baryschnikov no se hizo esperar: "Yo no recibo órdenes de nadie, por eso abandoné mi país". No acababa de pronunciar tal frase cuando ya estaba en Bruselas haciendo contactos para trabajar en cine, dejando al American Ballet Theater sin director artístico, semanas antes de conmemorar su gran fiesta.
El caso de Rudolf Nureyev parece copiado del de su colega y compatriota. Bailarín de dotes excepcionales, cuando le llegó la hora del retiro se inició como coreógrafo, por cierto, sin mayor fortuna, pero no faltó quien le ofreciera un trabajo en el cine. Fue en "Valentino" donde el ex bailarín encontró una segunda profesión, pero por esas épocas ya trabajaba como director y primer coreógrafo de ballet de la Opera de París. Su gestión al frente de la Compañía fue extraordinaria. Llevó al ballet de París a ocupar uno de los primeros lugares en el mundo. Pero al primer altercado con Pierre Bergé, verdadero dictador de la cultura parisina, quien sin consultarle nombró a Jean Albert Cartier como administrador general del Palacio Garnier, la ira santa del ex bailarín explotó y con el argumento de " Yo no necesito un papá " desapareció sin previo aviso, para enrolarse de lleno en el grupo con el cual venía trabajando el musical "El rey y yo", que le ha proporcionado innumerables éxitos. Ahora, dice, se dedicará a continuar su trabajo como coreógrafo y actor de teatro y cine.
¿Qué decir de Gudonov? Que tras actuar en la pelicula Wipness, ya retirado del ballet, invierte hoy su tiempo en actividades teatrales.
Lo anterior permite mostrar a tantos escépticos que por el mundo rondan, que la ópera no sólo es cantar ni el ballet realizar bellos, complejos y armoniosos movimientos corporales. Tanto la una como el otro exigen intérpretes con características actorales para dar credibilidad a su trabajo.
Lo lamentable del caso de Nureyev y Baryschnikov es que el temperamento indómito e intransigente de estas vedettes, mimadas en exceso en Occidente, los llevó a dejar a dos de las más importantes compañías de ballet del mundo en una situación de verdadero apremio, pues no son muchas las figuras capaces de remplazar hoy a estos dos artistas de indiscutible talento y profundo conocimiento de su trabajo. Todo parece indicar que falta aún mucho tiempo para que aparezcan los remplazos de estos genios caprichosos de la danza.

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