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| 1/12/2019 4:35:00 PM

Cuando llega la noche

En su nueva novela, Tomás González hace una reflexión sobre la vejez, la muerte y la belleza.

Nuevo libro de Tomás Gonzáles, Cuando llega la noche Tomás González, novelista y cuentista, autor de La luz difícil. Foto: CAMILO ROZO

Autor: Tomás González Título: Las noches todas Editorial: Planeta, 2018 216 páginas

Esteban, un hombre de 67, exprofesor de ciencias sociales, ya jubilado, lleva dos años recluido en su apartamento de los cerros orientales de Bogotá, dedicado a leer en soledad –no le interesa la vida social más allá de lo estrictamente necesario– y en un silencio prolongado que terminará por aburrirlo porque “la vida sin emprender nada es la muerte”. Vende entonces su apartamento y se compra una casalote en las afueras de una ciudad colonial, a tres horas de la capital –donde había transcurrido su infancia– y se embarca en el proyecto de hacer un jardín. Tiene la vaga idea de que un jardín es un juego de luz y sombra en el que solo se necesita agua, mucha vegetación y algunas piedras. “Un jardín es un mandala”, le dice Aurora, una compañera de yoga, “de escasos 30 años” –la misma edad que su hija–, muy atractiva, con la cual terminará conviviendo y trabajando en el proyecto. “Dos semanas después, cuando llegó a quedarse, me llamó la atención su escaso equipaje, en especial si se tenía en cuenta que era bonita y joven”.

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La ansiedad y la incertidumbre se apoderan de Esteban. Por el jardín, por Aurora. Sabe que no quiere una “naturaleza disciplinada”, un jardín versallesco, estilo club campestre; tampoco, un jardín botánico.

Quizás algo agreste, salvaje: “Yo quería crear un lugar que diera la impresión de haberse formado sin intervención alguna”. ¿Por qué vive Aurora con él? ¿Qué busca? Aunque el convenio con ella parece haber sido muy claro –le paga un salario por su ayuda con las plantas y por clases de yoga que lo mantendrán sano y concentrado en su nueva empresa–, hay algo ambiguo en esa relación: “Me atraía, por supuesto, así no haya llegado nunca a enamorarme, y cada vez que se lo hacía saber le aparecía una contenida expresión de halago que era en sí misma una obra de arte. ‘Usted es muy mayor para mí’, decía con una sonrisa luminosa y un poco burlona”. Sabía que en cualquier momento iba a levantar vuelo, era consciente, estaba preparado –“una persona tan joven no tenía que estar encerrada en ninguna parte, ni siquiera entre árboles y flores”–, pero eso no impedía que lo devastaran oleadas incontrolables de celos, con el arquitecto que lo ayudaba en la restauración de la casa, con el taxista que lo transportaba, con el librero que les traía libros de jardinería, con el mismo jardinero.

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Los delirios y la misantropía de Esteban, su elegido apartamiento, no lo distraen de la realidad inmediata. Su juicio, su humor negro ante las personas y las situaciones que lo rodean –ante su país– es a veces implacable. Uno de los blancos preferidos de su sarcasmo será su odontólogo, una buena persona que se dedica a comprar fincas con fines ecológicos y que le ha insistido en dejarse operar: “El vaso sanguíneo te está comprimiendo el nervio”. En sus monólogos –todo odontólogo tiene un público cautivo– le habla de su bella y maravillosa hija hasta que Esteban puede contrastarlo: “Pero no era despampanante, como la veía su padre. Quedé admirado. Era alta y gruesa, de caderas muy anchas y también altas, y ojos de un azul verdoso desvaído, muy grandes y separados. Y para ser estrella deportiva no parecía ágil. Todo lo contrario”.

Esteban envejece irremediablemente y trata de resistir al deterioro, a las pérdidas que traen consigo los años, con la armonía de las plantas, la belleza de su jardín, la sabiduría de los libros y la renuncia a las pasiones. Con dignidad, en cuanto le sea posible. Una lucha desigual y, a la larga, perdida. Envejece sin esperanza, aunque trata de hacerlo sin desesperación. Y, sobre todo, con lucidez. Con estoicismo. La lucha será perdida, pero no inútil. Como la novela que estamos leyendo. En su prosa contenida, en su hermosa austeridad, encontramos justificación y respuesta: “Alcanzo a sentir también la oscuridad de estas mis últimas largas noches de insomnio y, con la de ellas, la oscuridad de los inicios, que es a donde iré a parar yo y a donde han ido a parar las noches todas”. 

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