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| 7/16/1990 12:00:00 AM

Opera sexy

Polémica en Europa por audaces montajes de grandes obras

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Los escándalos operáticos están a la orden del día.
El auge de la lírica en el mundo y la importancia que el espectáculo ha alcanzado desde el punto de vista escénico, ha empezado a desatar agrios enfrentamientos entre directores musicales y de teatro, y sobre todo entre estos últimos y los intérpretes. Cantantes ya consagrados se están negando a trabajar en producciones audaces, irreverentes e iconoclastas que desvirtúan el contenido de las obras por el interés de los directores escénicos en ser más originales que los propios autores.
Un Parsifal wagneriano con estallido nuclear. Un Macbeth de Verdi con aparición de brujas torsidesnudas. Una Norma guerrillera, armada con metralleta y granada han obligado a que artistas de muy sólida trayectoria abandonen el escenario faltando apenas un día para el estreno de la obra.
Dentro de los directores más controvertidos y temidos por sus atrevidas concepciones, está el británico Kenn Russell. Se recuerda una Bohemia pucciniana presentada en el festival de Macerata, que le valió regaño del propio Vaticano. Mostró el director a la sumisa Mimí como una adicta a la morfina cuya muerte no es provocada por la tisis sino por una sobredosis de barbitúricos. No se había repuesto el público de unas escenas atormentadas, cuando llevó Russell a la Opera de Lyon el estreno de Los Soldados de Zimmermanm. Decidió apoyar el director una escenografía de enormes senos de mujer y monumental vientre que mostraba unos labios sensuales, con jóvenes que cantaban prácticamente desnudas. Cierto es que el argumento de la obra no muestra propiamente un ambiente monacal, pero Russel aprovechando la violencia de los textos y la música, optó por exacerbar aún más los ánimos de los asistentes.
No cabe duda de que, día a día, se abren paso en el medio operático las provocaciones por parte de los directores escénicos, sin que los directores musicales tengan oportunidad de opinar. Cuando llegan con su música, ya todo el tinglado está armado. Cambian ellos cantantes, épocas, lugares y llegan al atrevimiento de transponer pasajes musicales al sitio que les da la gana, con el argumento de que así les sirve mejor la obra para sus concepciones artísticas.
Russell, Sellars, Régy y un grupo de vanguardia, alemán, en cada salida cometen los más incalificables atropellos. El último de ellos, hace apenas unas semanas, fue un Fausto de Gounod presentado en la Opera de Viena, de Russell -por supuesto-, donde Margarita es una monja que se enamora de Mefisto. Cuando el protagonista desea beber vino, agujerea el cuerpo de Cristo. Y como si tanta irreverencia no fuera suficiente, lo pone a orinar frente a un altar, mientras mujeres desnudas se pasean a sus anchas por el escenario. Las reacciones del público, por supuesto, no se hicieron esperar: gritos, rechiflas e insultos se confundían con aplausos. Una barahúnda que quedó para la historia. Este atrevido espectáculo tal parece que rebasó la copa y uno de los más grandes cantantes del momento, el barítono belga José van Dam, además de mostrar su preocupación censuró públicamente los atropellos que está viviendo la lírica actual por la forma como se utilizan a los cantantes, se degrada su trabajo y el director musical aparece como una marioneta en medio de tanto desatino. Puso el artista el dedo en la llaga, y manifestó que los cantantes deberían contar con fórmulas jurídicas que defendieran su trabajo de tanto atropello que atenta contra la música, contra las creencias de algunos y le restan dignidad a un oficio. Los abusos y aberraciones calificados de concepciones artísticas, son un mal presagio para el futuro de la ópera y los sacrificados obviamente son los cantantes jóvenes que aceptan lo que se les presente con tal de obtener una oportunidad para actuar.
Todo parece indicar que la polémica se ha abierto. Resta esperar quienes seguirán a Van Dam, sin duda un maestro de la música, pero el interrogante aun no está absuelto. ¿quién manda sobre quien? ¿Los directores musicales sobre los escénicos o viceversa?

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