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| 5/6/2002 12:00:00 AM

Para dónde va el arte

‘Performance’, instalaciones, video, arte electrónico y arte sonoro son términos que cada vez cobran más fuerza en el arte actual. Sin embargo no todos los públicos han aprendido a asimilarlos.

Para dónde va el arte Para dónde va el arte
Dentro de un salon hay dispuestos 12 computadores y ante cada uno de ellos hay una persona. A simple vista podría parecer un día normal en una oficina cualquiera. Pero no lo es en el festival Ars Electronica que se celebra en Linz, Austria. Son 12 espectadores contemplando una obra de arte a través de Internet. ¿Qué ven los asistentes que están al frente de los computadores? Tal vez la más reciente creación de un artista alemán: una base de datos inmensa expone todos los problemas de Berlín con el ánimo de que cada persona sugiera, vía Internet, la solución que crea más conveniente para cada uno de ellos. Así, las propuestas que más acogida van teniendo se agrupan hacia el centro de la pantalla mientras que las otras se desplazan hacia un lado. O también, por ejemplo, una obra de un artista que dispuso en una de las principales plazas de Ciudad de México varios reflectores que apuntan hacia el cielo. Esos reflectores se pueden controlar por medios electrónicos para que, a través de la red, la gente pueda sugerir cómo quieren que el cielo se ilumine. El sistema le dice a cada persona: “Su idea se verá esta noche, a esta hora, en la red”. En la Bienal del Museo de Whitney, que se celebra por estos días en Nueva York, una de las obras que más llama la atención es un sofisticado video de la artista Peggy Ahwesh, quien hace referencia al juego de video de Lara Croft, para enfatizar el símbolo que este personaje ha adquirido en torno a la liberación femenina. Estos son apenas unos ejemplos de algunas propuestas que están acaparando el arte contemporáneo en los principales festivales y museos del mundo. Medios como el software, el hardware, los CD rooms, las videoinstalaciones, las videoesculturas, el videoarte, el performance, el arte sonoro (ver recuadros), entre otros, han entrado a hacer parte, desde hace ya varios años, del arte contemporáneo. Pero no todo el mundo está de acuerdo con que así sea. El diario The New York Times no dudó en afirmar sobre la muestra del Whitney: “Esta exhibición define el arte de una manera tan amplia, tan laxa, que el arte en sí desaparece”. Lawrence Rinder, curador de la bienal, defendió su posición: “Donde quiera que encuentren un trabajo que vaya más allá de lo que ustedes normalmente entienden como arte contemporáneo, deténganse un momento y pregúntense: ¿Cuáles son las suposiciones detrás de las reglas establecidas para que una obra pueda ser expuesta en un museo? ¿Qué tanto se puede perder o qué tanto se puede ganar si nos relajamos un poco frente a esas definiciones e incorporamos un espectro de prácticas más amplio?” Para muchos historiadores colombianos la respuesta está en la ética y el rigor de cada artista. No es un problema de medios pues, como asegura la historiadora Carmen María Jaramillo, una pintura no siempre es arte.“Uno puede entrar a un museo italiano y ver obras preciosas del Renacimiento pero también se ven unas que no necesariamente son arte porque son muy pobres en calidad. No es cuestión de los nuevos medios. Yo pienso en cuál es el sentido y cuál es la relación del artista con el entorno”. “Hay una frase muy vieja, que es muy ‘mamerta’, pero que para mí es muy válida ahora: ‘La ética es la estética del futuro’. Esa es la clave en medio de una proliferación de obras, de materiales, de recursos y de conceptos que se están manejando”, comenta el historiador Jaime Cerón. Algo similar opina la maestra Beatriz González: “Yo creo que el problema es ético. Se necesita que el artista no piense que lo que hace es un negocio, pues eso es lo que corrompe al artista. Hay gente que se pone a hacer el mismo cuadro porque le gustó al público, o hace siempre la misma propuesta porque encuentran una fórmula que les ayuda y se repite”. “Lo importante es que también la gente se dé cuenta de que el arte ahora no se mide por lo bonito o por lo feo. Ahora el artista debe investigar, ser consecuente con el contexto que lo rodea sin importar cuáles recursos utilice”, concluyó un estudiante de artes plásticas de la Universidad Nacional durante una mesa redonda en la que se debatió sobre el tema. Las nuevas direcciones Horst Hortner, quien ha estado al lado del festival Ars Electronica, afirma que la idea de que el artista es quien anda con un pincel o pintando al óleo ya está mandada a recoger desde hace muchos años. Destaca que el mismo Leonardo da Vinci intentó vincular la pintura con otras técnicas que lo llevaron a ser el artista perfecto y eso es lo que está sucediendo ahora. “Ese es el futuro del arte. Yo creo que arte, como decía Beuys, es todo lo que uno quiere que sea arte. Todos los medios se van a terminar mezclando y el arte electrónico, por ejemplo, cada vez va a tener más acogida en la medida en que muchas veces busca soluciones para la vida cotidiana”, dice. Carmen María Jaramillo se une a esa apreciación. “Las fronteras son cada vez más borrosas pero eso no quiere decir que todo valga ni que cualquier cosa en video es videoarte. Varias disciplinas se funden con otras disciplinas. El video, por ejemplo, puede tomar lenguaje de la pintura, de la escultura. La discusión, más que las definiciones, va más hacia el sentido, dice Jaramillo, y añade: ‘En este momento los pintores están haciendo una pintura más válida. Es una pintura que se involucra al espacio, incorpora los medios que ha apropiado de la fotografía, del video, del cine. Ya no se puede hablar de medios puros, ahora los medios son híbridos”. Para Beatriz González, “el arte se está trabajando en distintos sistemas. Ya no existe un dibujo solo, un grabado solo, sino una mezcla de todo, la escultura sola no existe. Todas las técnicas en las que el artista se expresaba ya no existen en su integridad. Hay cosas que perduran y que están muy bien, como la caricatura. La caricatura no ha cambiado mucho desde el siglo XVIII. Las otras artes sí están muy mezcladas entre sí. A mí me parece que el arte está buscando refugio en sistemas como en la arquitectura, el diseño gráfico y los computadores”. Según Ana María Lozano, curadora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, el término de arte se ha ido expandiendo. Desde comienzos de siglo ha ido desbordando sus límites y el mismo artista los comienza a irrespetar. “La concepción de arte se renueva cada día, es una noción enriquecida”, dice. En medio de esta tendencia la pintura y la escultura se están viendo seriamente amenazadas aunque nadie se atreva a hablar de su muerte definitiva. “Yo creo que la pintura está ‘eclipsada’, ese es el término. No está muerta todavía. Lo que sí es cierto es que si la pintura está tambaleando, la escultura está mucho más golpeada. Yo creo que los nuevos medios también surgieron cuando los dos últimos movimientos importantes de la pintura, el ‘pop art’ y el ‘minimalismo’, se estaban agotando. Fueron movimientos muy importantes pero ya se ve que regresaban a planteamientos que se habían hecho antes. El performance y el video aparecen para dar un mayor dinamismo”, comenta el historiador Alvaro Medina. “Lo que hay ahora es una cohabitación de la pintura con otros medios. Yo creo que la pintura ya no necesita reafirmarse ni ser vanguardista. Ya está más cómoda y dentro de esa ecuación, ser un buen pintor es cada vez más difícil, todo depende del rigor de cada uno. Pero la duda sobre si la pintura se va a acabar ya está pasada de moda”, opina el artista Luis Fernando Roldán. “Es muy difícil decir qué pasará con la pintura pero lo cierto es que no va a desaparecer. Lo que pasa es que, por ejemplo, las instalaciones son como una tentación pero yo sí creo que el artista necesita dibujar y pintar. Los grabados eran para Rembrandt lo que hoy vienen a ser para nosotros los computadores, pero él seguía pintando. Lo cierto es que la pintura no se va a ir al paisajismo”, dice González. Hacia un nuevo publico ¿Esto es arte? es una de las expresiones más comunes dentro del público no especializado en arte y que acude con alguna frecuencia a los museos y galerías. Muchas veces los espectadores se muestran desconcertados, perdidos y hasta defraudados. Hortner ha tenido esa experiencia con Ars Electronica. Allí una artista se propuso alterar las ‘figuras’ que tienen las mariposas en las alas. Tomó al animal vivo, siendo oruga, y modificó las células para que cuando crecieran tuvieran unas alas diferentes. Sólo cuando la artista explicó su propósito el público entendió cuál era el sentido de observar aquella mariposa. Ese es el proceso en el que más insisten los historiadores: en la educación del público. “Tal vez una obra, por decir algo, comprenda una silla, una mesa, y una lámpara. Pero lo que toca ver es cómo esos elementos se vinculan al espacio y cómo afectan al espectador que está ante la obra”, comenta Eduardo Pradilla, artista y profesor de la Universidad de los Andes. “Si alguien piensa que entender la Mona Lisa es más fácil que entender lo que está en la Galería Santafé está equivocado. Para entender esa pintura hay que ser experto en iconología, hay que saber de urbanismo, de historia, para poder indagar. Delacroix no es tan fácil como se cree. Sería muy ingenuo para un espectador pensar que una pintura se entiende así porque sí. Sólo porque es pintura. Lo que siempre distancia al público del arte moderno es el ámbito del prejuicio”, dice Cerón. En medio de ese lento proceso de educación, que ni siquiera se ha consagrado del todo en ciudades como Nueva York, las galerías también han entrado a definir su función de servir de ente comercializador de arte. La relación con el público necesariamente también cambiará. “Mi interés desde hace algunos años es crear un coleccionismo en torno a lo conceptual. Es un trabajo lento porque la gente siempre busca lo comercial. Yo creo que poco a poco la gente se irá acercando a las instalaciones, al video y al performance”, comenta el galerista Carlos Alberto González. Para Alvaro Medina no sólo es cuestión de las galerías pues hay obras que deben salir a otros espacios para atraer al público que aún se muestra escéptico. “Yo creo que el video tiene que irse a foguear en los centros comerciales, en plazas, en parques. Vale la pena ver si los realizadores de video logran que la gente se detenga a mirar sus videos, que duran entre 8, 10 ó 15 minutos. Yo pienso que ese es el sitio más natural. Lo cual no impide que el museo después no adquiera esas obras”. No piensa lo mismo el artista José Alejandro Restrepo: “Cada cosa tiene su espacio y yo creo que el video debe estar en las galerías y en los museos. Yo creo que el video sí se ha ido ‘familiarizando’ con el público y no ha sido tan traumático como se ha querido mostrar”. Un cambio constante La mayoría de las personas entrevistadas por SEMANA coinciden en la necesidad de que los verdaderos críticos de arte vuelvan a los principales medios de comunicación para orientar al público en todo lo que está ocurriendo en el campo artístico. Porque, según un historiador que pidió reservar su nombre, “toda esta fusión de medios y expresiones da para meter más de un gato por liebre sin que el público reconozca qué es lo bueno y qué es lo malo. No porque sea video tiene que ser bueno, ni todo lo que dice estar en nombre de la vanguardia lo es”. Así mismo, muchos coinciden en que la fotografía será la disciplina que más acogida tenga en unos años. La facilidad de intervenirla, de fusionarla con otros medios, de alterarla con tecnología, la hará bastante llamativa para los artistas. Lo cierto es que el arte se renueva minuto a minuto, está lejos de acabarse y de morir como algunos lo han insinuado. Tal vez, según los artistas, el público también deba avanzar a la misma velocidad para que la distancia que por momentos se percibe se estreche cada vez más.

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