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| 1/26/2004 12:00:00 AM

Réquiem por la crónica

El periodista Donaldo Donado hace un documentado y juicioso análisis sobre la desaparición de la crónica en Colombia.

Réquiem por la crónica En Colombia hay una larga tradición en el género de la crónica que se remonta al siglo XVII. El libro analiza desde varios puntos de vista este género periodístico.
CRÓNICA ANACRÓNICA
Donaldo Alonso Donado
Panamericana, 2003
198 páginas

La cronica es una noticia contada desde una perspectiva humana. En ella se narran los hechos tal y como ocurrieron, sin falsedades, pero sin necesidad de ocultar la personalidad del periodista: su voz, sus opiniones, su estilo.

Es un género híbrido: ofrece información y a la vez editorializa. Una suerte de información interpretada y valorada en la que la narración contiene un juicio sobre lo que se está narrando. "La crónica es una visión personal y, si se quiere, subjetiva. Pero, de ninguna manera, es una visión individual". Por eso ofrece un conocimiento más profundo y más completo de los acontecimientos -nunca desdeña los detalles reveladores y significativos- y puede llegar a tener las características de la literatura: lenguaje elaborado, complejidad, agudeza, poesía, humor.

Su filiación con la literatura resulta incuestionable. Aunque no necesita inventar, el cronista es también un contador de historias que aspira a escribir bien: llegar a ser escritor es algo que está en su horizonte. "La crónica es el mejor invento que se le ha ocurrido al periodismo. Es tan bella, tan sublime, que no hay nada en el periodismo que se le parezca. No hay nada que produzca más alegría, más satisfacción, más placer", dice Juan Gossaín.

En Colombia la crónica tiene una larga tradición. Empezó con El Carnero, de Rodríguez Freile, escrita en el siglo XVII. En el siglo XIX, época en que nace nuestro periodismo asociado con los partidos políticos, es posible encontrar personajes que escriben crónica "aun cuando no existiera todavía la palabra crónica". A comienzos del siglo XX, con Luis Tejada y su prosa impecable y coloquial, que cultivaba la paradoja, surge tal vez el primer cronista moderno. En los años 50, con Alvaro Cepeda Samudio, Gabriel García Márquez, Héctor Rojas Herazo y Eduardo Caballero Calderón, entre otros, se dio una época dorada de la crónica que tendría su continuidad en las décadas siguientes con Felipe González Toledo, Germán Pinzón, Juan Gossaín, Germán Castro Caicedo, Juan José Hoyos y Germán Santamaría. Aún hoy es posible encontrar figuras prometedoras como Alberto Salcedo Ramos, José Navia y Ernesto McCausland.

Pero, pese a esta rica tradición, la crónica amenaza con desaparecer del periodismo colombiano. Esto fue lo que motivó al periodista Donaldo Donado a escribir Crónica anacrónica, un trabajo serio y documentado que busca ir a las raíces del problema. Una especie de "reportaje periodístico a la crónica" que en cinco capítulos hace un repaso conceptual del género -establece las diferencias con el reportaje-, mira su historia y en compañía de importantes periodistas a quienes entrevistó -algunos de ellos cronistas y protagonistas de primera línea-, realiza un diagnóstico riguroso sobre el futuro de este género.

Las causas son varias. El "síndrome de la chiva" y su desmedido afán por entregar la información primero "avasalló" el tratamiento literario de la realidad. El mercantilismo y el pragmatismo se impusieron en las salas de redacción y dejó de ser un modelo "la sensibilidad por la belleza, por las tragedias y las alegrías humanas, por el análisis y la interpretación". El trabajo intelectual perdió prestigio y se le empezó a considerar aburrido. Para Germán Santamaría, "los directores de los medios son incultos. Puede que tengan cultura política, puede que hayan estudiado en Harvard o pueden ser matemáticos y saber inglés, pero eso no garantiza nada: no tienen una cultura humanística, no son humanistas integrales. Los periodistas de antes eran humanistas integrales". Además cayeron en la trampa de competirles a la televisión, la radio, con un periodismo igual: ligero, superficial y esquemático.

Lo interesante de este libro es que a partir de la crisis de la crónica llega a la crisis del periodismo escrito. Si éste no retoma las ventajas que tiene para contar la realidad -en la capacidad de persuasión y de análisis que permite el lenguaje escrito-, sería arrasado por los nuevos medios.

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