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| 4/24/1989 12:00:00 AM

SABOR A MUERTE

P.D. James, una inglesa de 70 años, es la sucesora de Agatha Christie.

SABOR A MUERTE SABOR A MUERTE
"Los cadáveres fueron descubiertos a las nueve menos cuarto de la mañana del miércoles, 18 de septiembre, por la senorita Emily Wharton, una solterona de 65 años perteneciente a la parroquia de Sain Matthew de Paddington, Londres, y por Darren Wilkes, de 10 años de edad, sin parroquia en particular, que él supiera. Esta pareja inusual había abandonado el piso de las señorita Wharton en Crowhurst Gardens, poco antes de las ocho y media, para recorrer a pie el medio kilómetro que separaba el canal Grand Union de la iglesia de Sain Matthew": así, con ese lenguaje descriptivo, detenido y con una pizca de humor muy inglés, la escritora P.D. James inicia la que se considera una de sus novelas más significativas "Sabor a muerte", publicada en castellano por Versal.

Este es un caso curioso en la literatura, para ser más exactos, en la novela policiaca pero no dentro de los escalones más superficiales sino dentro de esa corriente de escritores que toman la historia de un crimen o un suicidio y la convierten en el pretexto más delicioso y excitante para echarle una mirada cinica a los seres humanos. Es un caso curioso porque esta mujer que tiene 70 años de edad, sólo comenzó a escribir a los S(~,después de haber ejercido los oficios más curiosos. Nacida en Oxford (su nombre completo es Phylis Dorothy James pero prefiere firmar P.D.), se trasladó a Cambridge y durante la Segunda Guerra trabajó como enfermera de la Cruz Roja. Eso le sirvió para conocer de cerca el dolor, la muerte, la desesperación de los heridos y las distintas reacciones de hombres y mujeres ante situaciones que no pueden manejar.
En 1949 trabajando para el Seguro Social pudo compenetrarse mejor con las diferentes conformaciones síquicas de la gente, según ella misma lo confiesa y en 1968 entró a desempeñar el cargo que la motivaría a convertirse en autora de las novelas policiacas más extrañas y populares de los últimos años, tanto que algunos de los criticos más serios piensan que dentro de algunos años ya nadie hablará más de Agatha Christie porque su paisana la habrá destronado del todo. Entró al departamento de policía del Ministerio del Interior y para ser más exactos, ingresó al servicio forense, con todo lo que esto implica y alli, en las salas frías e iluminadas, con esos cadáveres abiertos en canal, con esos médicos que pueden seguir comiendo y haciendo bromas mientras cortan costillas y sostienen un cerebro o unas vísceras en las manos, P.D. James adquirio los profundos conocimientos de metodología policiaca y forense con los que ha dotado a sus libros de un tono verosímil y exacto que nadie puede discutirle.
Por eso, sus novelas ("No apto para mujeres", "Sangre inocente" "Mente criminal", "La muerte de un canario" y "Sabor a muerte" entre otras), se leen con la emoción de estar asistiendo al espectáculo de una mujer muy culta, muy sensible, dotada de un profundo sentido del humor y para quien la situación de la muerte, por muy violenta que pueda ser, hay que manejarla con mesura, con sofísticación y hasta con una profunda diversión en todo momento.

La novela policiaca es uno de los géneros más populares y extendídos.
Es que a la gente le gusta poner a prueba su imaginación, saber hasta dónde coincide con la inteligencia de un investigador que parte de un cabello o una huella para encontrar al criminal. Pero, con P.D. James la experiencia es otra. Como afirma un crítico, ella no utiliza detalles de horror para atraer la atención del lector, sino que lo consigue mediante una minuciosa descripción de los métodos de investigación, especialmente los de esa medicina forense que ella conoce tan bien y por eso el lector se sumerge confortablemente en la mecánica policial.

"Sabor a muerte" cuenta la historia de un doble asesinato, con ese vagabundo y ese ex ministro de la Corona, quienes aparecen degolladas en la sacristía de esa iglesia. El comandante Adam Dalgliesh, uno de los personaies favoritos de la autora (un hombre refinado que es capaz de citar un poema mientras, analiza un cadáver, encontrar referencias a Platón en las cartas de un muerto o glosar una opinión de Sartre mientras examina una huella comprometedora), inicia la investigación y está sorprendido en principio porque no encuentra respuestas a las preguntas que van surgiendo.

El comandante Adam Dalgliesh, quien tiene todos los conocimientos forenses, pedagógicos, artísticos y policiacos aprendidos por la misma escritora, forma parte de la galeria de investigadores famosos que llegan a descubrir a los culpables, pero por caminos inescrutables. Este hombre que ha publicado libro de poesía, siente entusiasmo ante la arquitectura religiosa y la música barroca (se define a sí mismo como "el poeta que ya no escribe poemas, el amante que sustituye la técnica por la entrega, el policía que ha perdido la ilusión del trabajo policial"), es el alter ego de P.D. James y nos dívierte mientras investiga estos dos crímenes hasta cuando el lector, encantado, comprueba que los dos cadáveres y los otros que aparecen y desaparecen son apenas pretextos para que una escritora formidable como ésta, cuente otras historias, hable de otras situaciones y deje asomar un mundo más complejo, más rico, más insondable.

Quizás la mejor definición de P.D. James sea afirmar que aun quienes no gustan del género policiaco se sentirán fascinados con ella, con este libro y con los otros, porque este es, por encima de todo, un excelente y total trabajo literario. -

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