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| 11/17/1986 12:00:00 AM

SE GANO EL GORDO

El diario El Mundo, de Darío Arizmendi, gana el premio María Moors Cabot.

SE GANO EL GORDO, Sección Cultura, edición 233, Nov 17 1986 SE GANO EL GORDO
Para quienes están al tanto de lo que pasa en los medios de comunicación, que El Mundo, de Medellín, y su director, Darío Arizmendi Posada, se ganaran el María Moors Cabot, no fue una sorpresa. Ganar premios parece una costumbre de este periódico que en sus siete años de vida ha conseguido 27 galardones, en reconocimiento a una labor tenaz, no exenta de problemas financieros de rencillas entre sus dueños y de una fuerte competencia en una plaza dominada hasta entonces por el monopolio de El Colombiano.
Fue a ese trabajo y no a la justificación rimbombante del jurado del premio ("contribución periodística en el campo de las relaciones interamericanas, a la lucha por la libertad y el derecho a la información"), como se entendió en los medios colombianos la distinción de la Universidad de Columbia en su versión número 47. Desde su fundación en 1979, El Mundo superó primero el escepticismo en una ciudad donde los casi 70 años de El Colombiano lo volvieron tan indispensable para los hogares como la arepa al desayuno. Después, en una lucha diaria, este periódico ha debido vencer las reticencias de los anunciadores; las dificultades económicas propias de una empresa periodística impresa en tiempos de costos inmanejables; las diferencias entre sus socios en una lucha por el poder de la que sobreviven 17 accionistas de los poco más de 40 que comenzaron; los lances de la gran prensa para someterlo a su control y hasta las intentonas de narcotraficantes o de sus testaferros por hacerse a su propiedad.
A esos desafíos, El Mundo ha respondido con un periodismo todos los días renovado y creativo. Para muchos expertos, su diseño gráfico y su vocación de crear subproductos (separatas, cuadernillos, cartillas, revistas) lo han proyectado al reconocimiento nacional. Para otros, su mérito ha sido desarrollar un periodismo moderno que contrastó de entrada con el anquilosamiento de la prensa antioqueña y aunque algunos críticos le censuran a El Mundo su inclinación al protagonismo de sus directivas, todos le reconocen la virtud de haber sobresalido desde la provincia en un país cuyo centralismo periodístico es todavía más marcado que el administrativo.
Si el galardón a El Mundo no causó mayor sorpresa, menos fue la que originó que el María Moors Cabot también cobijara a su director, Darío Arizmendi Posada. Con 41 años, una sonrisa estándar, más de veinte años de periodismo y una vocación para los negocios a toda prueba, Arizmendi es el artífice de haber hecho trascender a su periódico, el cual fundó una vez se retiró de la jefatura de redacción de El Colombiano, cargo que desempeñó durante diez años después de haber regresado a Colombia procedente de España, donde estudió ciencias de la comunicación.
Aparte de un conocimiento vasto en materia de artes gráficas y de un fino olfato de reportero, a Arizmendi se le reconoce un gran poder de convicción verbal (dialéctica, llaman unos; carreta, dicen los paisas) y a su ambición se le marcan unas fronteras muy amplias. Por estas dos últimas condiciones, ha logrado volar alto en el mundo de los negocios, del periodismo y de la política y el María Moors Cabot (que es, curiosamente, el único premio de periodismo que ha recibido en su carrera) se toma como algo natural dentro de sus legítimos y bien acolitados apetitos de poder. Entrañable amigo, capaz de hacerlo todo por quienes considera que merecen su amistad, Arizmendi se mueve en los más altos círculos de Medellín y Bogotá. Aunque no son confesas sus intenciones políticas, quienes lo conocen de cerca ven en él cualidades para lanzarse, especialmente aquellas que tienen que ver con una natural vocación hacia las relaciones públicas y con una fría capacidad de cálculo para las jugadas más intrincadas.
Fuera de sus condiciones intrínsecas, el director de El Mundo ha tenido la virtud de saberse rodear. Su eminencia gris es una mujer. Se llama Martha Botero de Leyva, actual subdirectora de El Mundo, cuya inteligencia, conocimiento del periodismo y discreción (que la hace no competir con Arizmendi), son virtudes que tanto ese periódico como su director han sabido aprovechar muy bien. En el campo empresarial, las "llaves" de Arizmendi en el muy complicado ajedrez de esa empresa, han sido desde siempre Raúl Aguilar, Carlos Posada Uribe y Juan Manuel del Corral, quienes, junto al resto de accionistas y de trabajadores de El Mundo, celebraron con fiesta el Moors Cabot que esta vez cayó en Medellín y que en Colombia ha exaltado la vida y obra de 21 periodistas y periódicos.







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