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| 5/15/1989 12:00:00 AM

SE VA EL PIONERO

Con la partida de Karl Buchholz, se cierra toda una época en la cultura colombiana.

SE VA EL PIONERO SE VA EL PIONERO
Ahora, cuando está a punto de emprender viaje para Lisboa, Karl Buchholz, don Carlitos, sólo tiene palabras amables para recordar sus 39 años en Colombia. Llegó al país en 1950, huyendo de la expansión de Stalin y de los recuerdos de una guerra que le costó una hija, aparte de otros muchos sufrimientos.
Por aquel entonces, su fama de librero se había extendido por toda Europa. Primero fue al Brasil, pero no encontró en Río de Janeiro un local adecuado para montar su librería. Es que para él, la librería no es sólo un local en el que se almacenan y venden libros, y por eso habla de ellas como de "mis creaciones". Entonces llegó a Bogotá y para 1951 se había embarcado en la aventura con una inversión cercana a los 100 mil pesos y unos 13 mil ejemplares, que importó de Europa. Los siete pisos de libros de la Avenida Jiménez con 9a. acompañaron a varias generaciones de bogotanos, que se educaron con sus libros. Creó la revista ECO, la más importante publicación literaria y humanística que haya aparecido en el país. Abrió dos sucursales, puso galerías de arte, hasta que en el 84 cerró el edificio de la Jiménez, porque "el público se desplazó hacia el norte de la ciudad".
Las anécdotas alrededor de él y de su librería son muchas, especialmente las que tienen que ver con los libros robados. Con una sonrisa recuerda que varios de sus clientes más asiduos, "al lado de los libros que pagaban sacaban varios clandestinamente". Existe una anécdota según la cual, un personaje que tenía una gran biblioteca, al confesarse con un cura le contó que buena parte de sus libros eran robados de Buchholz. En penitencia, el sacerdote le ordenó devolver los libros robados, para lo que contrató una zorra en la que envió de vuelta a la librería todo el matute. Sin embargo, esto no pasa de ser ficción. Buchholz afirma que "las personos que me han robado libros nunca los han devuelto, y algunos hasta han tratado de vendérmelos de nuevo". A sus 88 años, quiere irse a Lisboa para ponerse al frente de su librería, que fundó en 1950, y para disfrutar de la ciudad en la que quiere pasar sus últimos años.
El viaje es un hecho. Ya vendió su casa y sólo permitirá que las librerías continúen llevando su nombre si encuentra alguien que, como él, ame entrañablemente los libros y la gente. Se lleva muchos libros, entre ellos los del poeta Jorge Rojas, su preferido, y el recuerdo de los muchos amigos a los que "espero tener de visita en Lisboa ".
A continuación, SEMANA presenta algunas anécdotas de clientes fieles de Buchholz, muchos de los cuales surtieron su biblioteca con los libros sacados clandestinamente de la librería. Cuentan cuál fue el primer libro que compraron--o robaron--en la librería y sus recuerdos de ella:

ALVARO MUTIS
"Es muy difícil recordar cuál fue e primer libro que compré. Yo iba a la librería Buchholz todos los días, solía encontrarme con mi amigo Aurelio Arturo, el gran poeta. Uno de los libros que guardo, y de los primeros que compré allí, es la obra en tres tomos de Gabriel Hanotaux sobre Richelieu, considerada la mejor sobre el tema. Si éste no fue el primer libro que compré, sí fue el más costoso, 48 pesos en 1953. Es la librería más completa y más bella. Es una especie de utopía hecha realidad esa librería de seis pisos, que para mí eran como ocho. Compré también una grabado autografiabo de Picasso; un retrato de Francoise, su esposa de entonces.
Media vida de Bogotá ocurrió allí. Los viernes, después del almuerzo, iba con Zalamea, Nicolás Gómez Dávila y Hernando Téllez a ver qué había de nuevo. Con su cierre, ahora sí que nos llevó el diablo".

MARIA MERCEDES CARRANZA
"Debo confesar que el primer libro no fue comprado, sino robado. ¡ Y cómo se me ha de olvidar si me senti toda una heroina!: fue "El lobo estepario" de Hermann Hesse. Cumplir esa hazaña era entonces una cuestión generacional: recuerdo que todos mis amigos y compañeros de universidad la realizamos.
Recuerdo que era una tarde de sábado y el señor Buchholz estaba solo en la librería. Me ideé, para despistarlo, preguntarle por un libro de cocina y así, pensé, no le parecería peligrosa. En cuanto me dejó sola fui al grano. Nunca lo volví a hacer, porque el miedo fue mucho, pero el hecho fue memorable para mí. Sé que, como yo y mis amigos, hay varias generaciones de colombianos que le debemos al bondadoso señor Buchholz el recuerdo de estas tontas aventuras de los 20 años".

RAMON DE ZUBIRIA
"No recuerdo cuál fue el primer libro, pero desde el primer momento en que conocí al Carlos nació una gran amistad. La Buchholz, aparte de librería, fue un centro de difusión de cultura.
Recuerdo, a manera de anécdota, que más o menos en 1966, mientras yo era rector de la Universidad de los Andes, vino Pedro Laín Entralgo --director de la Real Academia de la Lengua--a dar una serie de conferencias sobre Amistad y Cultura de Occidente. Carlos se emocionó tanto en la primera conferencia, que se me acercó y me dijo: 'Don Ramón, don Ramón, ayúdeme a conseguir todos los textos de la conferencia', porque pensaba recogerlos en un volumen, esa fue siempre su actitud. Me duele su partida porque se va una de las referencias de mayor nobleza humana que ha habido en Colombia. No era sólo un negociante, irradiaba cultura desde su librería y su galería. Con su ida deja un vacío, aunque deje la librería, pues faltará él como difusor de la cultura".

JUAN GUSTAVO COBO BORDA
"Yo trabajé con él varios años, fui gerente de la librería a fines de los 60 y durante 10 años dirigí ECO. Siempre encontré en él un librero muy generoso, humanista, abierto al arte y la literatura. En relación con Colombia, era una ventana abierta para la literatura latinoamericana y europea. Era la posibilidad de traer libros de todas partes, y con ECO, un centro de reunión de la cultura.
Es una tragedia que se vaya. Durante 20 años respaldó ECO, que permitió acceso directo a la cultura mundial. En ella escribió gente de la talla de Cabrera Infante y Lezama Lima, y en más de una ocasión lanzó primicias mundiales. Como anécdota, recuerdo que cuando yo trabajaba en la librería hacia grandes pedidos y él, al mirarlos, me decía: ¡Ah! Querido amigo, usted siempre trae más libros de los que puedo vender'. Pero siempre aprobaba el pedido".

DANIEL SAMPER PIZANO
"Cuando Nicolás Suescún administraba la librería yo acudí a comprar 'Walden o la vida en los bosques' de Henry David Thoreau. Nicolás me entusiasmó para comprar varios libros más y cuando me dí cuenta, por pagar los de Suescún, no me quedó para el mío. De modo que, con un descaro del cual me averguenzo hoy, me metí 'Walden o la vida en los bosques' dentro de la camisa, pagué todos los demás y salí. Desde ese día no duermo bien. Estoy resuelto a restituir los 225 pesos de 'Walden o la vida en los bosques' con tal de que no se vaya de Colombia una librería que ha sido tan importante para nuestro precario servicio bibliográfico".

BERNARDO HOYOS
"Yo iba a la librería cuando Juan Gustavo Cobo estaba allá, era el administrador. Nadie conoció esa librería como él. Los dos primeros libros que compré en Buchholz fueron 'La tumba sin sosiego' de Cyril Connolly, un autor inglés que marcó a la generación de Mito de los años 50. El otro fue Tolstoi or Dostoievski de George Steiner, un gran escritor y ensayista que es un gran paralelo entre la literatura épica y la psicológica.
Varios años antes, en 1957, por consejo de Hernando Salcedo, compré en no más de 30 pesos la 'Historia del Cine', en dos tomos, de Angel Zúñiga.
Lo que más recuerdo de Karl Buchholz es su gran presencia, una presencia principesca, con su cabello blanco, y el suave trato que tenía con las damas. Iba a los conciertos del Colón, es una persona muy culta que sabe también mucho sobre música y sobre pintura, y cuando entraba todos lo saludaban. Es una especie de patrimonio nacional de la cultura y su librería es buena en cualquier parte del mundo".

EDICIÓN 1879

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