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| 8/5/1996 12:00:00 AM

TARJETA ROJA

Las transmisiones televisivas de los partidos de fútbol le están metiendo más de un gol a los espectadores.

TARJETA ROJA, Sección Cultura, edición 740, Aug  5 1996 TARJETA ROJA
Tal vez ningún otro evento en Colombia sea tan generoso como el de los partidos de fútbol. Prácticamente no tienen que realizar ninguna estrategia para contar con una audiencia millonaria incondicional. No es sino que se anuncie la transmisión de un clásico o de un encuentro internacional para que las ciudades a lo largo y ancho del país se paralicen, pues todo el mundo quiere estar inmediatamente en sus casas frente a la pantallas. Y esto lo han comprendido muy bien anunciantes y programadoras, que saben que no hay otro negocio como este. Por estas ganancias y por las pocas exigencias del espectador, que se contenta con que cumplan su mínima función sin ningún tipo de sofisticación técnica, no hay derecho a los atropellos que se vienen cometiendo últimamente. Hay varios goles que están dejando sin respiración a los hinchas. El primero y más grave, coinciden muchos, es el de la locución: los narradores de televisión están haciendo exactamente lo que hacen los de radio. Es decir, están repitiendo en voz alta las jugadas de los futbolistas, las mismas que todo el mundo está viendo y que nadie necesita que le cuenten. Sin embargo los comentarios tácticos, históricos y estadísticos, lo mínimo que se les pide, no aparecen. El sonido es otro talón de Aquiles. Cuando un aficionado ve un partido de fútbol por televisión lo que quiere realmente es que en lo posible el televisor se convierta en una prolongación del estadio. Para ello es necesario el sonido ambiente, los cantos de las barras, el ambiente, la tensión, la emoción de las graderías. Estos detalles, por ejemplo, son muy bien cuidados en transmisiones extranjeras, como las de los partidos de la Eurocopa realizadas por la cadena deportiva ESPN. En cambio aquí la voz del locutor se encarga, con comentarios obvios y sosos, de apagar la riqueza del trasfondo. Es por esto, quizá, que la mayoría de los televidentes prefieren encender la radio y bajarle el volumen al televisor. De las repeticiones ni hablar. La mayoría de ellas muestran únicamente el momento del gol, mientras que la jugada previa es ignorada, lo mismo que otras que sin ser anotaciones son el alma del partido. Pero donde ya se está llegando a los niveles del abuso es en la proliferación desmedida de las pautas comerciales. Mientras que en Perú, por poner el ejemplo más cercano, sólo se utilizan los logos de las empresas con una breve mención en el audio, en Colombia transmiten el comercial completo, parten la pantalla o la llenan casi toda con la pauta. Y esto sin hablar del tiempo dedicado a la publicidad. El Acuerdo 06 de 1993 sólo permite por media hora de transmisión seis minutos de avisos comerciales. Un tope que no siempre parece estarse cumpliendo si se toma como ejemplo la reciente transmisión del encuentro entre Millonarios y Cali. En el segundo tiempo de este partido (que duró 50 minutos) se presentaron 42 comerciales cuya duración osciló entre los 10 y los 30 segundos. Sin contar las menciones en los saques de meta (3), los tiros de esquina (3), las faltas (5), los tiempos de juego (6), los recuentos del marcador (3) y las cuatro autopautas de la programadora. Lo que en total suma 69 interrupciones publicitarias, muchas a destiempo como en el caso del tiro penal cobrado por John Mario Ramírez, sacado de audio para anunciar un producto. Como van las cosas, sólo falta que las vallas salgan de sus discretos lugares laterales para ser reubicadas en el centro de la cancha, donde seguramente se verían mucho más. Aunque es obvio que la infraestructura técnica de las transmisiones colombianas no permite la sofisticación de las europeas o gringas, los espectadores sí tienen derecho a un manejo más decoroso de todos estos aspectos, sobre todo teniendo en cuenta los descomunales beneficios de este negocio para los productores.

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