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| 11/28/1988 12:00:00 AM

TRES SON COMPAÑIA

En "Huérfanos", reaparece Albert Finney, en una historia de gangsters y mendigos neoyorquinos.

TRES SON COMPAÑIA, Sección Cultura, edición 339, Nov 28 1988 TRES SON COMPAÑIA
Treat es un ladrón callejero con un enorme sentido del humor, un humor que sus víctimas casi nunca logran apreciar. Treat está vagando por los senderos del Central Park, en Nueva York, cuando se acerca a un desconocido que está tomando el sol en una de las bancas, junto a las ardillas. Treat es alto, ágil, mal vestido y con el pelo al rape (la verdad es que el actor Matthew Modine acababa de rodar durante dos años esa pesadilla llamada "Nacido para matar", con Kubrick, y el cabello no alcanzó a crecerle). Se sienta y le pregunta al otro si acaso tiene fotos de su mujer y sus hijos. El hombre en el parque se muestra sorprendido, asustado y cauteloso. No quiere seguir ese juego pero saca la billetera y muestra las fotos, mientras siente un cuchillo.
Entonces entiende que sí, que es un ladrón que quiere sus pertenencias y que además lo hiere. Con esa escena que es cómica, angustiosa y dramática, el director Alan Pakula inicia el relato de "Huérfanos", una historia que solo tiene tres personajes básicos y se desarrolla, la mayor parte del tiempo, entre las paredes de una casa abandonada en Newark.

Pakula es el mismo director de "Klute", "Los hombres del presidente", "Parallax View" y "La amante del teniente francés", entre otras películas, y como productor y guionista ha estado cerca de la carrera de otros brillantes realizadores como Robert Mulligan.

"Huérfanos" es la historia de dos hermanos, Treat y Philip (interpretado por Kevin Anderson). Viven en esa casa llena de desperdicios, alejados de todos, comiendo mal y sometidos a una dependencia física y sicológica mutua, que los destruye y conserva al misma tiempo Treat es el que trabaja, el que sale a la calle, el que roba y amenaza para conseguir la comida. El otro, aparentemente un anormal, ha dejado que el hermano mayor lo domine, le impida salir a tomar el aire de la calle por temor a la contaminación. Philip no es tonto y en su buhardilla, durante todos estos años, ha leido revistas y libros que le han ayudado a conocer, a distancia, el otro mundo que se encuentra más allá de la puerta y el solar.

Un día, en un bar, Treat descubre a un hombre gordo, en completo estado de beodez, bailando torpemente junto a un piano y cantando con un acento que denota una cultura y un mundo superiores al de los hermanos.
Para robarle, lo secuestra. Se lo lleva -amarrado, lo encierra en la casa y entonces la vida violenta, amarga y solitaria de los dos muchachos se vuelve trizas, se ve alterada, volteada al derecho y el revés con la aparición de esta especie de ángel llamado Harold.
Se trata de un gangster de Chicago que está huyendo de la justicia y los otros hampones, que carga un maletín lleno de bonos y valores negociables, que viste y habla bien, que descubre el ansia desesperada de afecto, ternura y compañía que sienten esos huérfanos y entonces la historia se convierte en la experiencia humana más grata y viva de los últimos años en una película norteamericana.

Algunos pensarán que esto es teatro filmado y que Pakula lo que hizo fue colocar la cámara más allá del escenario y filmar los movimientos, palabras y gestos de los tres personajes.
Quizás. Pero decir teatro filmado es injusto con el empleo del tiempo y el espacio logrado por un narrador excelente como Pakula, apoyado en el guión escrito por Lyle Kesslert basado en su propia obra teatral, en la cual ya habían actuado Keven Anderson y el secuestrado, ese gran actor británico que es Albert Finney, el mismo de "El vestidor", "Tom Jones" y "Bajo el volcán".

Hasta la aparición del otro, la relación entre los hermanos era violenta, tensa, angustiosa y destructora, cargada de resentimientos y mentiras. El uno le miente al otro para que no lo humille más mientras éste le inventa supuestos peligros en las calles para mantenerlo encerrado. Un infierno que queda congelado en el aire al aparecer este extraño que les cambia el orden de las cosas, les altera la visión que tienen del mundo y al uno le enseña a robar mejor, vestirse más decentemente y disfrutar de una ciudad como Nueva York, y al otro le permite salir al sol y descubrir que el mundo es mayor que la buhardilla. Los alimenta, les renueva la casa y les limpia el corazón.

Pero ese proceso no será fácil, ni comodo, ni rápido. Los tres personajes tendrán que sufrir, lastimarse y abrir heridas nuevas en ese combate, lleno de escenas graciosas y violentas, en que se convierte la adaptación del extraño a los dos hermanos, y el descubrimiento que éstos hacen de sí mismos. "Huérfanos" no es una película divertida ni fácil. El espectador tendrá que dar de sí algo más que lo normal porque la corriente que se establece entre Harold, Treat y Philip aumenta en intensidad y emociones hasta cuando el ambiente tenso como un alambre seguirá retorciéndose, como los dos muchachos al comprender que ya no seguirán siendo los mismos. --

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