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| 12/12/1988 12:00:00 AM

UN SIGLO DE MOVIMIENTO

El cine, que hoy parece pan de cada día, hace 100 años hizo sus primeros pinitos.

UN SIGLO DE MOVIMIENTO UN SIGLO DE MOVIMIENTO
En el "Año Europeo del Cine 1988" se conmemorará a lo ancho y a lo largo de ese continente el primer centenario del nacimiento de este medio de comunicación de masas. El cine es no sólo el medio de comunicación más característico del siglo 20, sino también el más eficaz de toda la historia.
Pero ¿puede hablarse de cien años de cine? ¿Esto es, ya desde 1888? Casi todos los historiadores del cine indican 1895 como el año cuando nació el nuevo arte. El 1 de noviembre de dicho año, en efecto, los hermanos Skladanowsky presentaron públicamente sus primeros filmes en el "Jardín de invierno" de Berlín, y luego siguieron, el 28 de diciembre, los hermanos Lumiere con su famoso estreno cinematográfico en el "Salón Indio" del Grand Café en el Boulevard des Capucines de París. El norteamericano Woodville Latham había ofrecido ya el 25 de mayo de 1895 en Nueva York, con su proyector de cine llamado "Pantoptikon", su primera representación pública.
Así pues, en 1895 no nació el filme sino el cine. Por vez primera había proyecciones públicas. Sólo en la postrimerías del siglo, en 189-95, es tuvieron en condiciones de fabricar proyectores utilizables los inventores de Norteamérica (LeRoy, Latham) de Inglaterra (Acres). Francia (Lumiere) y Alemania (Skladanowsky).
Ya desde los años 80 del pasado siglo habia cámaras capaces de tomar hasta cien imágenes por segundo. Pero estas imágenes estaban fijadas -como era corriente desde la invención de la fotografía- sobre placas de cristal. Por ello, podían ser proyectadas de una en una, pero no de forma continuada, como "cinta" o filme. Algunos inventores aislados (Rudge en 1875, Anschutz en 1884, Muybridge en 1893) intentaron fabricar aparatos proyectores rápidos para placas de cristal. Pero fue un callejón sin salida, porque para una proyección de 90 minutos de duración, como son hoy usuales, se hubieran necesitado nada menos que 129.600 placas de cristal.
Por ello se emprendió muy pronto la búsqueda de otro soporte técnico de la información fotográfica que no fuese tan rígido y poco manejable como la placa de cristal. Uno de los muchos inventores que buscaron a la sazón una solución al problema fue el fisiólogo francés Jules Etienne Marey, profesor de medicina. A finales de octubre de 1888 presentó a la Academia de Ciencias de París su invento más reciente: tomas fotográficas continuas sobre cintas móviles. Y ello motivo más que suficiente para que en Europa se celebre en 1988 el centenario del cine. Las tomas de Marey consistían en cintas o tiras de papel que no resultaron lo suficientemente traslúcidas para una proyección, pese a que se emprendieron varios intentos inútiles en este sentido. Marey desarrolló también, al mismo tiempo una idea que podía convertir a sus tiras de papel en "imágenes vivientes' exponiendo brevemente a la luz (1560 de segundo) las imágenes individuales y deteniendo al mismo tiempo la cinta en su movimiento. Sólo en 1889 sustituyó Marey la cinta de papel por un filme; en 1890 fabrica para ella un aparato de tomas y en 1892 un proyector. Pero hasta entonces contemplaba sus series de imágenes en un tambor mágico. Marey no se interesó por el cine, sino sólo por las fotagrafías que tomaba con ayuda de el "cronofotógrafo", como él lo llamaba. En ellas estudió detalles del movimiento humano y animal.
Las tiras de papel, recubiertas con una capa de emulsión fotográfica, no fueron un invento de Marey. Georg Eastman y su colega William H. Walker las habían registrado ya en la Oficina de Patentes el 25 de octubre de 1884, resp. el 27 de junio de 1885. Desde 1888 estaban en el comercio cámaras fotográficas de rollo marca Eastman-Kodak, que contenían tiras de papel para cien fotos. Sólo era posible proyectar estos stripping films despojándolos de la capa de gelatina y aplicando ésta a placas de cristal.
Marey alcanzó muchos méritos en el campo del desarrollo de la cinematografía. Hubiese podido convertirse en el inventor del cine a no ser un espíritu tan profundamente científico. Sus discípulos, de todos modos, protestaron entonces, en una declaración pública que causó gran revuelo, contra el descuido con que en Francia se solía ensalzar a los hermanos Lumiere como únicos inventores del cine. Pero lo cierto es que Marey no fue su inventor. El "filme" había sido inventado ya año y medio antes de su presentación por Marey en la Academia, en los Estados Unidos de América.
En efecto, el 2 de mayo de 1887, Hannibal Goodwin, un reverendo metodista de Newark, anunció su invento en la Oficina de Patentes norteamericana. Su idea consistía en utilizar como soporte de la emulsión fotográfica no el papel, impenetrable a la luz, sino cintas enrollables de un material traslúcido. Su decisión recayo sobre un material sintético inventado poco antes, el "celuloide". Se trataba -como pudo comprobarse más tarde- de una mezcla altamente explosiva de nitrocelulosa, alcanfor y algo de alcohol. El norteamericano John Wesley Hyatt había patentado en 1869 este primer material sintético de la historia como sustitutivo del marfil, cada vez más escaso, con el que se fabricaban las bolas de billar.
Goodwin, nacido el 21 de abril de 1822 en Newark y fallecido en esa misma ciudad en febrero de 1900, ocupó las horas libres que le dejaba su tarea eclesiástica con temas relativos a la fotografía, hobby que compartía a la sazón con muchas personas. La historia de este inventor es caracteristica de la historia de los innumerables inventores que en definitivo crearon a la par el filme y el cine, pero que luego cayeron en el olvido. Su idea de la cinta de celuloide conquistaría el mundo, como sabemos hoy por muchas décadas. Pero al comienzo no despertó atención alguna, quedó tan inadvertida que George Eastman patentó una cinta propia de celuloide el 3 de agosto de 1889 después de sus patentes de cinta fílmica de papel del año 1884.
La declaración de patente hecha por Eastman lesionaba evidentemente los derechos de Goodwin, anteriores en el tiempo. Pero el industrial de Rochester no pensó ni por un momento en dejar que un eclesiástico de una secta en Newark perjudicase sus planes económicos. Se llegó, así, a uno de los litigios más largos de la historia jurídica de los EE.UU. Sólo el 13 de septiembre de 1898 -cuando tanto el "filme" como el "cine" se habían impuesto en todo el mundo- fue confirmada la patente de Goodwin por una sentencia de la Corte Suprema Federal. Pero Eastman siguió procesando. Sabía que Goodwin estaba acabado; sus medios económicos habían sido engullidos por los procesos y parecía inmediata la muerte del inventor, ya envejecido. Pasando por encima de todas las sentencias judiciales, Eastman utilizó en su beneficio el invento del filme de celuloide. Pero no pagó nada por ello.
Goodwin vendió sus derechos a un grupo de intereses comerciales, "The Goodwin Film and Camera Company", que posteriormente se convertiría en la "Ansco-Products Company Inc.", en la que él mismo se reservó participación financiera, para dicha de sus herederos. Porque 14 años después de su muerte recayó, en 1914, la sentencia definitiva e irrevocable de la Corte Suprema, e Eastman fue condenado a pagar muchos millones de dólares a la "Ansco", cuyas acciones aumentaron en valor y garantizaron a los descendientes de Goodwin una existencia exenta de problemas económicos. Pero en el mercado mundial del filme vencieron sin embargo los industriales como Eastman, Edison o Lumiere, y no los inventores experimentales.

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