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| 8/23/1982 12:00:00 AM

UNA SERIE FUERA DE SERIE

Quién es quién detrás de "Lou Grant"

UNA SERIE FUERA DE SERIE UNA SERIE FUERA DE SERIE
Son las seis de la mañana de un día cualquiera. Una sala de redacción desierta; los teléfonos no suenan, no se oye el acompasado teclear del teletipo, las pantallas en cada uno de los escritorios de los periodistas están apagadas, los papeles en relativo orden. Aparentemente la sala de redacción de un periódico cualquiera, al amanecer, en espera de un agitado día de noticias, chivas, informes y editoriales. Sin embargo, hay algo peculiar. Está montada en el Estudio 6, de la Central de TV de la CBS en Hollywood. Es la sala de redacción del "Tribune" de Los Angeles, el centro de actividad de "Lou Grant", una de las series más populares de la TV norteamericana, que actualmente logra altos "ratings" de sintonía en la audiencia colombiana.
Pero ¿Qué hay realmente detrás de todo este montaje? ¿Por qué la gran acogida de la serie que, en sus orígenes, tuvo que competir con comedias tan favorecidas por la audiencia norteamericana? ¿A qué se debe que haya sido nominada 13 veces al Premio Emmy solamente en este año?
47 MINUTOS EN 2 SEMANAS
"Lou Grant" se estrenó en el otoño de 1977. Comenzó a competir seriamente con comedias tan populares como la de Mary Tyler Moore. En pocos meses había logrado acaparar una audiencia suficiente como para colocarse a la cabeza de más de 70 programas, con un "rating" de 30. Su éxito fue creciendo como la espuma; llegó tambien a ocupar las primeras páginas de los periódicos "de verdad", en 1980 cuando una huelga de actores paralizo la producción de muchos programas. Ed Asner, "Lou Grant", fue entonces, uno de los más beligerantes huelguistas.
La serie se hace dentro de un sistema similar al de la producción cinematográfica. En lugar de las habitúales 3 o 4 cámaras y el videotape, que se utilizan en los programas estrella, "Lou Grant", se filma con una sola cámara y película, práctica que permite una más fácil edición posterior. Sin embargo, para escenas más largas y complicadas, se usan dos cámaras, lo que eleva considerablemente los costos. Preparar cada capítulo es un proceso continuo de planeamiento, investigación, redacción y revisión, que comienza al finalizar la primavera. Los productores, los edítores, los consultores y los guionistas se reunen entonces para discutir la continuación de la serie y planificar los temas, las necesidades de reparto de desplazamiento. Realizan esquemas muy detallados para cada uno de los capítulos y prevén posibles cambios o sutlles modificaciones en las personalidades, las vidas y los caracteres de quienes intervienen en la serie.
La investigación para cada capítulo se hace con 5 meses de anticipación. Y para cada uno se hacen 5 borradores: un bosquejo inicial que pasa a los guionistas quienes, a su vez, escriben dos guiones cuyas copias son distribuidas y estudiadas por los productores ejecutivos, el director y los asesores, para sugerencias y cambios. De ahí sale la versión final y se establece un plan de rodaje.
Cada episodio de 47 minutos, requiere 7 días para prepararlo y otros 7 para rodarlo. Cuando hay escenas muy difíciles en la sala de redacción, se contrata como asesor a un periodista de "Los Angeles Times". Una sala de redacción a imagen y semejanza de una verdadera, con todas sus angustias y afanes, con su revuelo y agitación, cobra vida cada semana en el Estudio 6 de la CBS.
Son las 6 y 15 minutos de la mañana de ese día cualquiera de trabajo. El director invitado, Georg Stanford Brown, con un aire "off Broadway" que no puede ocultar, supervisa la posición de las cámaras y prepara una escena. Revolar de luminotécnicos, sonidistas, utileros, escenógrafos, maquilladores, asistentes... La sala de redacción se convierte en escenario. Más allá de mesas auxiliares de café, espejos, cables, grabadoras y cámaras, está el refugio del "Tribune": el bar McKenna, tan real como cualquier bar pero donde sólamente se sirve jugo de manzana. Allí, en una mesa, conversando, bostezando, se encuentran los actores de la serie: Nancy Marchand, sostiene entre las manos una cabeza de maniquí, con la peluca rubia y ondulada de la estirada y ecuánime señora Pynchon. Parece más bien uno de esos lanosos perritos que la propietaria y editora del "Tribune" ama tanto. A su lado, Ed Asner, con esa figura que bien pudiera ser la de un malhumorado jefe de redacción en carne y hueso, o también la de un robusto Papá Noel de Navidad, lee un recorte de periódico sobre los conflictos en El Salvador, una de sus más fuertes inquietudes. Y está también Linda Kelsey, quien aporta sus crespos cabellos rojizos a la periodista Billie Newman; y Mason Adams quien encarna el papel de Charlie Hume, la mano derecha de la señora Pynchon. En un camerino cercano, un maquillador tiene entre sus manos a Robert Walden, el husmeador Rossi. Le está trazando una línea carmelita bajo los ojos, mientras Walden manotea y comenta una entrevista de Walter Cronkite al Presidente Reagan: "No aguanté la entrevista. Reagan bajo esas luces... Ahora sé por qué está en contra de la energía solar. Si permanece mucho tiempo bajo el sol, el maquillaje se le corre"
UNA COMODA PANTUFLA
Los periodistas del "Tribune" y los actores que los encarnan parecen ser uno y lo mismo, "Lou Grant", es como una vieja y cómoda pantufla. A través de los años los caracteres han sido tan fuertemente asimilados que los gestos y las palabras de cada uno, se pueden adivinar, anticipar. Ya casi no hay líneas divisorias entre lo que son realmente y lo que representan. Dentro de cada uno de ellos vive un reportero.
Ed Asner aún recuerda los tiempos de adolescencia cuando era el editor y director del periódico de su colegio. Y habría podido ser un periodista, pero le fue perdiendo el gusto al oficio y se consagró como actor. Sólo cuando empezó a actuar en la serie como Lou Grant, se dio cuenta de las razones por las cuales había dejado de amar el periodismo. "La respuesta, dice, empecé a encontrarla hace dos años, cuando un grupo de periodistas me atacó en una convención en la que me opuse a una cruzada contra los homosexuales. Después. durante la huelga de actores en el 80, vi la censura que la prensa creó por sí misma, el control fenomenal que se impuso. Había información que se excluía deliberadamente. Lo mismo sucedió con la crisis de El Salvador. Empecé a entender por qué había dejado de querer al cuarto poder. Recordé la época de McArthy"
Ed Asner, Lou Grant, da lo mismo, está convencido de que el programa presta un enorme servicio. "El tiempo ha insensibilizado a muchos periodistas, y los ha hecho olvidar sus ideales originaios. Han entrado en el negocio. Con el programa tal vez les recordemos que una vez hubo un Camelot"
Billie Newman se ha comprometido con causas pro-defensa de la infancia y ha participado en giras internacionales para denunciar los peligros de las fórmulas de leche en polvo, que tantas muertes ha causado en los países del Tercer Mundo. Además, se hizo vocera de una institución que informa a las mujeres, sobre los peligros de ciertas drogas cancerígenas y abortivas, después de hacer un capítulo de la serie sobre el tema. Y habla apasionadamente de los 60's y de sus días de activista contra la guerra del Vietnam.
Y la enigmática señora Pynchon es, en la vida real, una dinámica voluntaria de las Damas Grises y una defensora de los derechos de la mujer. Robert Walden, por su parte, ha conseguido una nueva audiencia. Ha hecho incursiones en el periodismo, con una docena de artículos publicados en el "San Francisco Examiner", el "Chicago Sun Times" y otros, a pesar del escepticismo de los periodistas de oficio. Y se pone serio cuando habla de los años 60: "He nacido de nuevo. Primero fueron los asesinatos de los líderes que nos inspiraban. Luego, después de la segunda elección de Nixon, pensé que no había esperanza... No era mal político, pero Watergate cambió eso. Fue un estímulo. La gente se dio cuenta de que podía influir y remover un gobierno si gritaba lo suficientemente".
Son las 10 de la mañana. El director da las últimas instrucciones. Va a empezar el rodaje de una escena para un nuevo capítulo. La sala de redacción cobra vida, suena el teletipo, los teléfonos. Los actores reciben los últimos retoques, se toman los últimos sorbos de jugo y de café, repasan las líneas del libreto..., Lou, Billie, la señora Pynchon, Hume, Rossi o Ed, Linda, Nancy, Mason, Robert..., se dirigen al estudio. Un nuevo día de trabajo, un nuevo compromiso.
Derechos humanos y libertad, son el santo y seña del equipo de "Lou Grant", una serie fuera de serie, llena de lecciones de buen periodismo. Un microcosmos de "caballeros andantes" que, capítulo tras capítulo, los domingos a las ocho de la noche, por la segunda cadena de la TV colombiana, recoge los sueños del periodista independiente.

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