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| 4/24/1989 12:00:00 AM

VUELVE Y JUEGA

Ahora como sala de conciertos, renace el colonial Camarín del Carmen.

VUELVE Y JUEGA, Sección Cultura, edición 360, Apr 24 1989 VUELVE Y JUEGA
Dentro del panorama más bien desolador de la defensa del patrimonio arquitectónico colombiano, cada obra de recuperación es motivo de regocijo. Y cuando la obra contribuye además a enriquecer las actividades culturales de una ciudad, el regocijo se convierte en motivo de inmensa celebración.

Una de las imágenes más difundidas de Bogotá ha sido, durante muchos años, la de la esquina del Camarín del Carmen. En postales, fotografías y dibujos, ese lugar ha circulado dentro y fuera del país como un hito urbano para ciudadanos y visitantes. Lo que casi nadie se preocupó por averiguar era qué había detrás de esos enormes muros de piedra y tras la puerta siempre cerrada de la iglesia. Esa noble fachada no contuvo nada en su interior durante muchos años, por lo menos entre 1920 y 1960, cuando se la restauró y cubrió, para albergar una cancha deportiva del Colegio Salesiano "León XIII" del cual hace parte la esquina histórica.

El Camarin fue construido como altar para la imagen de la Virgen del Carmen, en la iglesia del Convento de las Carmelitas Descalzas, construido a comienzos del siglo XVII en Santafé de Bogotá. Según el historiador Guillermo Hernández de Alba" el 10 de agosto de 1606 la señora Elvira Padilla convirtió sus casas en el monasterio de San José, de monjas carmelitas". La obra de la iglesia se comenzó después de 1655, estuvo inicialmente a cargo de don Pedro de Arandia y fue concluida por Miguel Enríquez de Mancilla. El Camarin fue obra de Francisco Ignacio de Escuecha.

El convento y su iglesia desaparecleron prácticamente a comienzos del presente sigló. Los padres salesianos construyeron en sus predios las instalaciones de su colegio y levantaron en 1925 la actual iglesia del Carmen obra del sacerdote italiano Giovanni Battista Buscaglione. La Fundación "Beatriz Osorio" se encargó de reconstruir el exterior de la antigua iglesia, milagrosamente salvada de la demolición, para el Sesquicentenario de la Independencia, en 1960. La feliz idea de recuperar del todo este cascarón ilustre para fines culturales reunió desde 1983 las inquietudes del presidente Belisario Betancur y de la doctora Genoveva Carrasco de Samper, entonces directora de la Corporación Barrio La Candelaria, entidad que se ha destacado por su eficiencia y laboriosidad en el cuidado del sector histórico de la capital. El proyecto de teatro fue acertadamente asignado al joven arquitecto Víctor Bejarano, quíen para esa época había ganado en compañía de otros profesionales el concurso para la ampliación del Teatro Muncipal de Cali. La construcción, de magnifica factura, se asignó al arquitecto Urbano Ripoll. Y para garantizar el funcionamiento del nuevo espacio cultural en gestación, se estableció una Fundación y se encomendó la dirección a Gloria Zea, gestora por excelencia de la cultura colombiana.

Con este conjunto de iniciativas, decisiones y entusiasmo, se configuró por una parte un excelente proyecto arquitectónico y por otra un equipo lleno de ideas y de propuestas para convertir este lugar en un foco importante de cultura en la ciudad. La sala, de mediana capacidad, permite presentaciones musicales, teatrales, de danza, cine y conferencias. El amplio vestíbulo, en el que se destaca la recuperación interior del Camarín, se presta para albergar cómodamente a los asistentes y para muchas otras actividades relacionadas con las presentaciones de la sala. En todo esto se muestra el esmero y la seriedad con la que se enfrentó el proyecto desde sus mismos comienzos.

Gracias a ello Bogotá cuenta ahora con un nuevo espacio cultural en su centro histórico, el cual partió del sano principio de aprovechar y exaltar una pieza del patrimonio arquitectónico de la ciudad, por demás constantemente atacado o despreciado. Es de importancia ahora la restauración completa de la iglesia del Carmen, para lo cual ya están en marcha iniciativas saludables. Con esta pica clavada no en Flandes sino en el viejo barrio de La Candelaria, se demuestran la efectividad y las bondades de la inteligencia y la facilidad de la sensatez en el manejo del patrimonio y de la cultura urbana en el país. -

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