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| 8/10/1998 12:00:00 AM

ABAJO EL TELON

Francia 98 fue un mundial sin grandes figuras en el cual predominó la táctica sobre el talento.

ABAJO EL TELON, Sección Deportes, edición 845, Aug 10 1998 ABAJO EL TELON
Fueron 33 días de felicidad. Un poco más de un mes en el cual el mundo estuvo de fiesta, cuando soñar fue el oficio de las 32 naciones que estuvieron representadas por sus selecciones defútbol en el último mundial del siglo. Fue un festejo para millones de personas, una obra que bajó el telón este fin de semana. Ahora, con los recuerdos a flor de piel, la alegría y la emoción dan paso al análisis y a los balances. Francia 98 fue un mundial ausente de grandes cosas pero repleto de hechos notables, como la espectacular transmisión de televisión y la organización. No quedará en la historia como el mejor campeonato de todos los tiempos, pero tampoco será recordado como el peor. No hubo partidos memorables, pero tampoco tan malos como para tratar de olvidarlos. El trono de rey quedó vacante, pero ante la ausencia de un monarca reconocido por todos surgieron algunas figuras que garantizan la continuidad de la magia. Fue un mundial en el que no fue posible ver equipos que jugaran bonito y ganaran. Eso no es posible casi nunca y menos en esta época en la cual queda poco espacio para las genialidades. Las selecciones nunca demostraron ser tan ofensivas como se dijo ni tan conservadoras como se criticó. Fue un mundial en el que predominó el fútbol inteligente y en el cual siempre se tuvo en cuenta que si se defendía se tenía que atacar y que si se atacaba se debía defender. Por eso el cuadro de semifinales recompensó a quienes entendieron el fútbol como un juego y, como tal, como juego de azar, lo afrontaron. Equipos por tradición amantes del desafío, más que de limitar los factores de riesgo, selecciones fieles de por vida a la pelota y no como otros que basaron su estrategia en saber jugar sin balón. Países que antepusieron el partido al marcador con jugadores de fútbol y no con hombres que parecían máquinas de correr y patear. Hubo espacio para el fútbol, matizado, eso sí, por el academicismo de los técnicos, más expuestos que nunca al relevo. Jamás una Copa del Mundo había sido tan carnívora con los entrenadores. Media docena de directores perdieron sus puestos antes de finalizar las dos primeras semanas del torneo. Los principales lugares de honor fueron disputados por dos equipos esperados por muchos _Francia y Brasil_. Los otros dos escalones se definieron entre una selección que pudo llegar más lejos pero que no dejó de crear algunas dudas, Holanda, y un equipo que sorprendió a casi todos, Croacia. Con estos cuatro equipos el mundial llegó a su fin y, aunque no se vio el fútbol que a todos les hubiera gustado, lo positivo del campeonato es que quienes buscaron la victoria desde un principio obtuvieron su recompensa. Le ocurrió a Francia contra Paraguay e Italia, le sucedió a Holanda frente a Yugoslavia y Argentina, lo mismo pasó con Brasil en todos sus partidos y, en el caso de Croacia, aunque no tan contundente, sucedió algo parecido. Brasil, Holanda, Francia y Croacia tuvieron en común el gusto por el fútbol, compartieron un punto de locura por el juego y por momentos fueron felices jugando alejados de los laboratorios, del mercado, del control social, que sí tuvieron otros equipos. Los cuatro semifinalistas tenían un punto de equilibrio entre su juego de ataque y defensa. Ninguno de ellos jugó en función del rival ni dependió exclusivamente del acierto de sus goleadores para anotar. Afrontaron los partidos sin miedo. Brasil, por tradición; Francia, porque era el anfitrión; Holanda, porque no sabe jugar de otra forma, y Croacia, por su talento.Los otros"Si juegas bien, ganas el 90 por ciento de los partidos, y para jugar bien necesitas reunir a los mejores jugadores. Teniendo a los mejores jugadores se juega bien y se gana automáticamente", dijo Johan Cruyff, y los cuatro equipos que llegaron con vida al último fin de semana de Francia 98, sin duda, tenían la mayor cantidad de jugadores talentosos en sus líneas. Por eso resultó curioso constatar que las federaciones que representan a las cuatros grandes ligas europeas, a los más ricos del mundo, se quedaron a mitad del camino: Italia, España, Inglaterra y Alemania. Esto simplemente fue la prueba de que sus ligas son famosas, no por ellos, sino por los centenares de extranjeros que han llevado para hacerlas brillar. Uno tras otro los equipos que defendieron la filosofía según la cual la belleza del fútbol está en el resultado fueron desapareciendo del mundial. La primera fue España, superada por la frescura de Nigeria e incapaz de marcarle un solo gol a Paraguay. Más tarde cayó Italia, víctima de su mezquindad ofensiva, de la negación de buscar el gol y de depender del contraataque; poco después se desplomaron Alemania, por las mismas razones, y Argentina, por otras causas. Los gauchos fueron víctimas de Pasarella. El técnico traicionó un estilo de juego y, como dijo Maradona, "los argentinos regresan a su casa disfrazados de italianos o bien de alemanes, que para el caso da igual". Esa evidente despersonalización terminó por afectarlos y pasarles una dolorosa cuenta de cobro. Francia 98 dejó en claro que el resto del mundo futbolístico aún sigue lejos de poder competir de igual a igual con los grandes de siempre. Y esto difícilmente cambiará. Por eso no queda más que aceptar que al final llegaron los que tenían que llegar y que por ahora sólo queda esperar otros cuatro años para volver a soñar.

No fue posible ver equipos que jugaran bonito y ganaran Las decepciones las dos grandes decepciones en Francia 98 corrieron por cuenta de las selecciones de España y de Nigeria. Los españoles llegaron con el cartel de favoritos. Comentaristas de gran renombre y entrenadores como Zagallo y Vogts los daban como candidatos al título. Las estadísticas parecían respaldarlos. Desde cuando el entrenador Javier Clemente se hizo cargo de la selección en 1992 España solamente había sufrido tres derrotas en 54 partidos. El equipo estaba formado por la mejor generación de futbolistas de los últimos años. Además era de los pocos países _con Brasil, Argentina y Alemania_ que llegaba a una copa del mundo por sexta vez consecutiva. Estos ingredientes, no obstante, se transformaron en una mezcla explosiva. España se convirtió en una constelación de estrellas intocables que miraban por encima a sus rivales. Algo parecido a lo que le ocurrió a Colombia hace cuatro años. Según Johan Cruyff, "España llegó pensando que sin jugar ya había ganado el mundial. Eso pasa muchas veces. Había demasiado optimismo. A mí no me ha decepcionado. España nunca ha hecho nada en un mundial". Y algo parecido piensa Jorge Valdano: "El problema con Clemente es que juega con su estilo cuando no lo necesita y lo hace con el que queremos cuando ya no es necesario". Lo de Nigeria no fue tan dramático. Pero no por eso fue menos sorprendente. Los actuales campeones olímpicos demostraron durante los últimos años _incluida la primera ronda de Francia 98_ los grandes progresos de su fútbol. En el grupo más difícil clasificaron de primeros. Su prestigio de equipo temible creció como la espuma y no pocos lo daban como candidato para alcanzar, por lo menos, los cuartos de final. Sin embargo, ante el asombro del mundo, Dinamarca los eliminó en la segunda ronda con un contundente 4-1. La desconcentración de los jugadores, un arquero mediocre y demasiada fama en la cabeza fueron en parte los culpables de su derrota. Para Santiago Segurala, cronista estrella del El País de España, gran parte de la responsabilidad recae sobre el entrenador, Bora Milutinovic, quien "con sus planteamientos de los juegos demostró que no es un estratega sino un peregrino a las puertas de las federaciones en desgracia".
La revancha del 'Lobo'
Con haber llevado a Brasil a la final mario 'Lobo' Zagallo se salió con la suya. Desde enero de este año, luego de haber realizado un desastroso papel en la Copa de Oro de Estados Unidos, el técnico de 66 años soportó estoicamente las burlas, las críticas y las sonrisas incrédulas de sus paisanos después de que afirmara que el equipo estaría a punto para el mundial y que serían pentacampeones. Nadie confió en sus palabras. Incluso para tratar de frenar la oleada de críticas que caían sobre el funcionamiento de la selección canarinha la Confederación Brasileña de Fútbol, ante el clamor popular, le impuso a Zico como asesor. El domingo 12 de julio, sin embargo, de la mano de Zagallo, Brasil fue finalista de un mundial por sexta vez, igualando un récord en poder de Alemania. La selección auriverde logró estar en la final en 1950, 1958, 1962, 1970, 1994 y 1998, y en las cinco últimas estuvo Zagallo. En las dos primeras como jugador, en 1970 y 1998 como director técnico y en 1994 como asistente técnico. En 1974, como entrenador, quedó cuarto, y ese resultado fue suficiente para que en su país lo estigmatizaran durante años. Pero Francia 98 fue la revancha para el 'Lobo'. Aunque armó un equipo discutible en muchos aspectos y para algunos fueron las figuras las que llevaron a Brasil a la final, lo cierto es que fue la mano del 'Lobo' la que llevó a un equipo cargado de problemas y estrellas a disputar el máximo título del mundo. Y eso no lo consigue cualquiera. Ese hecho, sumado a que es el único hombre sobre la tierra que ha besado tantas veces la copa, son razones suficientes para afirmar que por lo menos en resultados el 'Lobo' Zagallo les lleva una ventaja considerable a todos sus colegas.
La figura
Todo indicaba que al terminar el campeonato mundial de fútbol Ronaldo heredaría el trono que alguna vez ocuparon Pelé y Maradona. Pero lo cierto es que el brasileño tuvo que compartir el protagonismo del mundial con una estrella que sólo había brillado en Inglaterra y que, sin lugar a dudas, salió consagrado como uno de los mejores: Michael Owen. Incluido en la selección de su país gracias a la presión de la prensa, Owen recibió su bautizo de crack en este mundial y opacó a quien estaba llamado a ser el héroe inglés, Alan Shearer. Owen nació para marcar goles. Es rápido, inteligente y letal en el área. Los europeos lo comparan con las leyendas del fútbol británico; los británicos ya lo comparan con Pelé y Maradona. Lo cierto es que es dueño de todos los récords: hizo pedazos la marca de Ian Rush en competiciones infantiles, destrozó los registros juveniles de su país, la temporada pasada terminó como goleador de la Premiere League y, como si fuera poco, hace tres meses debutó en la selección con tan sólo 18 años y 59 días, el más joven de este siglo. En Francia 98 sus dos goles lo convirtieron en el segundo futbolista más joven en anotar en la historia de la Copa Mundo después de Pelé. Si Inglaterra hubiera superado la segunda fase pocos dudan que Owen no sólo habría salido del mundial como figura sino posiblemente como el rey.
La revelación
Muchos pensaron que Croacia debutaría en Francia 98 como lo han hecho la mayoría de los equipos que llegan por primera vez a un mundial de fútbol: sin suerte ni trascendencia. Nada estuvo más alejado de la realidad y, por el contrario, no sólo tuvieron un éxito arrollador sino que además terminaron como la revelación del torneo. Básicamente porque cuando se tiene el talento y la clase de los jugadores croatas los triunfos no dependen de la suerte. Los croatas practican la clase de juego que se aprovecha de la relajación de sus adversarios. Siempre se puede esperar una aparición por sorpresa de Davor Suker, un tiro de Robert Jarni o un gesto matador de Zvonimir Boban. Nunca les ha faltado carácter, solidez y decisión. Son más directos y menos previsibles que cualquiera. Hablan de su compromiso con un país que acaba de cumplir siete años. Son jugadores de espíritus libres capaces de cualquier proeza o de cualquier desastre. Pero, ante todo, saben perfectamente qué hacer y cómo manejar el balón. Por eso Croacia pudo darse el lujo de cambiar el curso del mundial siendo un debutante. Hizo historia con mayúsculas. Deseosa de vengar su eliminación en cuartos de final de la última Eurocopa a manos de Alemania, Croacia se despojó de cualquier complejo de primíparo en Francia 98 y eliminó del campeonato a los teutones, actuales reyes de Europa y tres veces del mundo. No necesitan más para decir qué tan alentador es su futuro futbolístico.

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