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| 1/15/1996 12:00:00 AM

DE LAS MANOS DE FARID

Con su actuación en la Supercopa, Farid Mondragón demostró que es uno de los mejores arqueros del momento en América.

DE LAS MANOS DE FARID DE LAS MANOS DE FARID
POCOS TRABAJOS EN EL MUNDO SON tan desagradecidos como el de arquero de fútbol. Para comenzar debe estar encerrado durante 90 minutos bajo sus tres palos, para ser fusilado sin consideración alguna por sus enemigos de turno. Como si fuera poco, siempre debe pagar por las culpas ajenas, abandonado a su suerte y castigado en la inmensidad de su valla después de que alguno de sus compañeros comete un penal. Y para acabar de ajustar, él es el único del equipo que no tiene derecho a equivocarse nunca, porque un solo error suyo puede representar la pérdida de un campeonato o la eliminación de un mundial. Cuando eso pasa, los aficionados olvidan como por arte de magia las hazañas y sus sensacionales atajadas, y lo condenan para siempre como al más cruel de los villanos. Por último, y tal vez lo peor, su eterna misión es impedir la fiesta del fútbol: el gol.
Es por todo lo anterior que los libros de historia sobre el balompié han dedicado desde siempre sus más nobles líneas a los arqueros, porque en el mundo son pocos los que han logrado destacarse en esa posición. Precisamente hace dos semanas un nuevo nombre ingresó con letras mayúsculas a la selecta lista de los mejores de Suramérica: Farid Camilo Mondragón Alí, un portero colombiano que hace 15 días estaba parado en la mitad del estadio Maracaná, en Rio de Janeiro, cubierto por una extraña costura que unía las banderas de Colombia, Argentina e Independiente de Avellaneda sobre sus hombros, y que besaba una y otra vez el trofeo de la Supercopa que su nuevo equipo ganó por segundo año consecutivo.
En Argentina, sus compañeros, los aficionados y la prensa lo han apodado el 'Rey Farid', porque en sus manos estuvo gran parte del título que hoy tiene a Independiente como el equipo más galardonado del planeta. Mondragón fue el único jugador de los rojos de Avellanada que participó en los ocho partidos de la Supercopa, pero su consagración dentro del equipo la consiguió gracias a que atajó en forma espectacular dos penales que le permitieron al club llevarse el título: el primero para pasar a la segunda ronda frente al Santos en la cancha que consagró a Pelé, y el otro tres semanas después en el clásico ante River Plate para poder llegar a la final. A pesar de que Farid desvió toda clase de pelotazos, fue con esta última atajada como inscribió su nombre en el corazón de los hinchas de Independiente, desplazando del lugar que ocupaba el legendario Luis Islas, quien tapó para el conjunto de Avellaneda por una década. En ese momento Mondragón despejó cualquier duda sobre su capacidad y entró a ser considerado como una de las estrellas del fútbol gaucho. Prueba de esto es que los medios de comunicación argentinos, que difícilmente elogian a un extranjero, no han ahorrado loas para Mondragón. Inclusive la revista El Gráfico le dedicó al 'Rey Farid' dos páginas en la edición extraordinaria sobre la Supercopa, un honor que sólo compartieron tres jugadores más del equipo.
Desde la victoria, parece que en la tierra de Gardel olvidaron que en los primeros días de su llegada Farid fue recibido con cierto recelo por parte de la prensa y los aficionados. Mondragón arribó a Independiente después de un mes de vacaciones y con unos kilos de más y empezó humildemente como suplente del arquero titular, el paraguayo César Velásquez. Poco a poco el portero caleño fue ganándose la confianza del técnico Miguel Angel 'El Zurdo' López y de sus compañeros, hasta convertirse en la piedra angular de la campaña durante la Supercopa y el torneo local argentino. Hoy nadie discute que Mondragón tiene méritos suficientes para ser considerado como una de las figuras de los diablos rojos de Avellaneda.
A pesar de que Mondragón nunca ha tenido la oportunidad de ser titular inamovible en la Selección Colombia, ya había demostrado su categoría internacional cuando fue figura del equipo más popular del Paraguay, el Cerro Porteño, en 1992, y un año después como portero titular de Argentinos Juniors, con el cual ganó un lugar en el competido mercado del fútbol gaucho. Esto para no hablar de la campaña que realizó con el Independiente Santa Fe en el primer semestre de este año, cuando se convirtió en el arquero menos vencido del campeonato colombiano.
Farid es una de esas raras excepciones del fútbol. Contrario a la historia de la mayoría de los jugadores de Colombia, él es un niño bien, por lo que la necesidad nunca fue el motivo principal para que decidiera esforzarse al máximo para ser el mejor. El simplemente quiso ser un futbolista, porque al igual que las grandes figuras, desde pequeño ha sentido una pasión inusual por el balompié. No es exagerado afirmar que Mondragón es el arquero colombiano que más siente una camiseta. Siempre grita, llora y celebra solo en su arco. Mientras los delanteros se abrazan al otro lado de la cancha, Farid corre a celebrar con los hinchas. No importa si el gol está definiendo un campeonato o si por el contrario es el tercero de un partido amistoso. Por eso alguna vez dijo que quería jugar en Argentina, "porque allá sí se siente el fútbol". Y en realidad, Mondragón está jugando donde se lo merece.
En estos momentos, a los 24 años, Farid está tocando el cielo con las manos, las mismas que lo han consagrado bajo los tres palos, pero para muchos su historia apenas está empezando a teñirse de gloria, porque como dijo Diego Borinsky, periodista de El Gráfico, a SEMANA "estamos seguros de que la Supercopa tan sólo es el comienzo, porque la rapidez con que se adaptó al equipo, sumados a una gran seguridad, un espíritu ganador y unos fabulosos reflejos van a hacer de Farid uno de esos arqueros de los que siempre se va a hablar. Independiente encontró al portero que necesita durante la próxima década".

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