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| 8/23/2008 12:00:00 AM

El dragón barrió

China se llevó por delante a Estados Unidos y Rusia, y ganó los juegos con una facilidad aplastante. Rusos y norteamericanos buscan explicaciones para su inesperado fracaso.

El dragón barrió China se preparó para celebrar y lo logró. Superó con gran facilidad a Estados Unidos y Rusia, las dos grandes potencias del olimpismo de todos los tiempos. En la foto, el uno-dos-tres de China en tenis de mesa, con Wang Nang (plata), Zhang Yining (oro) y Guo Yue (bronce)
Si en algo se han diferenciado los Juegos Olímpicos de Beijing de los otros juegos que se han disputado desde el final de la Segunda Guerra Mundial es en la repartición de medallas. Atrás quedó la pugna por la supremacía entre Estados Unidos y la antigua Unión Soviética y luego Rusia. El nuevo gigante del olimpismo se llama China, que regresó a la familia olímpica en Los Angeles 1984 y comenzó a consolidarse como la tercera potencia en los últimos 15 años. Hoy se ha convertido en una verdadera fábrica de campeones olímpicos. Desde el primer día de competencias se adueñó del tablero de medallas y sólo si se confirman los rumores de que hizo trampa al falsear la edad de las gimnastas Yang Yilin, He Kevin y Jiang Yuyuan, se podría echar por el piso todo este esfuerzo de propaganda que les implicó organizar la olimpíada y ganarla.

Hace tres semanas, cuando estaban a punto de comenzar los juegos, se esperaba una disputa medalla a medalla entre China y Estados Unidos y, no lejos de allí, a una Rusia bastante distanciada de sus principales seguidores que, se suponía, serían Alemania, Australia y de pronto Japón o Cuba. Sin embargo, la realidad resultó ser otra. China pasó por encima de todos sus rivales. La tan esperada lucha medalla a medalla no fue entre los de casa y Estados Unidos, anclados en un segundo lugar lejos de China como también sus seguidores, sino entre una alicaída Rusia, Alemania y una sorprendente Gran Bretaña.

Cuando aún faltaban dos jornadas para el cierre de los juegos, era más que evidente que la estrategia china resultó mucho más eficaz que la de Estados Unidos. Mientras los primeros prepararon atletas en deportes en los que Estados Unidos no predomina, así como disciplinas en las que han sido fuertes por tradición, Estados Unidos decidió confiar en su poderío histórico en atletismo y natación, las dos disciplinas que otorgan más medallas.

A los chinos les salió muy bien su estrategia. No sólo cosecharon una gran cantidad de medallas en sus especialidades, sino que también arañaron medallas en atletismo, natación e incluso en hockey sobre el césped y voleibol de playa. En cambio, Estados Unidos no contaba con la excelente actuación de las nadadoras de Australia, que le robaron varios oros (así como Rebecca Addlington, de Gran Bretaña, y Kristin Coventry, de Zimbabwe) y mucho menos con la moñona de Jamaica en las pruebas de velocidad del atletismo masculino y femenino. De no ser por la hazaña individual de Michael Phelps en el Cubo de Agua, lo de Estados Unidos en natación sería una verdadera catástrofe. Porque también perdieron medallas con nadadores de Corea del Sur, Brasil y Túnez. Lo mismo se debe decir del atletismo. Que los equipos de relevos de este país no hayan llegado a las finales por errores infantiles en la entrega de los testigos es una humillación.

Rusia no es la Unión Soviética y ya no cuenta con un aparato de Estado tan eficaz para fabricar campeones olímpicos, nadie imaginó que, faltando dos jornadas para el cierre de los juegos, Gran Bretaña todavía estuviera por encima de ellos en el medallero. En cambio, los británicos todavía no pueden creer que hayan alcanzado una cifra por encima de las 10 medallas de oro. Desde los juegos de Londres de 1908, que ganaron en gran parte porque en aquellos tiempos eran muy frecuentes competencias deportivas en las que sólo participaban atletas locales, los británicos no lograban una actuación tan brillante. En cambio decepcionaron Cuba, y sobre todo España, que llegaron con la fama de estar ganándolo todo en 2008 y con pretensiones de superar los 15 oros que obtuvieron en Barcelona 1992.

Al cierre de esta edición faltaba por entregar 44 medallas, una cifra que en principio podría cambiar las tendencias. Sin embargo, se trata de disciplinas en las que diversos países se reparten las medallas y, salvo que ocurriera un milagro, era de esperarse que Rusia y de pronto Alemania sobrepasaran a Gran Bretaña, pero que China y Estados Unidos se ratificaran en el primero y el segundo lugar.

Lo más importante de los juegos, sin embargo, fue el altísimo nivel que mostraron disciplinas emblemáticas como la natación y el atletismo. Las hazañas de Michael Phelps (ocho medallas de oro, siete récord mundiales) y Usain Bolt (tres oros y tres récord mundiales) pasarán a la historia como grandes hitos de la historia del deporte de todos los tiempos.

EDICIÓN 1888

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