Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 7/21/1986 12:00:00 AM

LA RONDA DE LOS MUERTOS

Con muchos cadáveres célebres en el camino y más de una sorpresa, el Mundial llega a su última semana.

LA RONDA DE LOS MUERTOS LA RONDA DE LOS MUERTOS
Cuando aún faltaba la semana crucial para su final, los nostálgicos comenzaron a caer sobre este Campeonato Mundial de Fútbol y lo hicieron con todos los fierros: que qué fútbol tan mediocre, que qué languidez de espectáculo, que qué baja producción de goles, que qué vaina que éste ni siquiera fue la sombra de aquel brillante México 70.
Todo eso -pero especialmente lo último- fue lo que se dijo cuando ya de la competencia habían desaparecido 16 de los 24 equipos y los ocho restantes, al cierre de esta edición, empezaban la ronda de la muerte, que concluirá el próximo domingo 29 de junio cuando, ante 114 mil personas en el estadio Azteca, se consagre un nuevo monarca del balompié.
Y hay que desmentir, primero que todo, que éste haya sido el torneo de la mediocridad. Para negarlo sólo basta acudir al recuerdo emocionante del gol del mexicano Negrete ante los búlgaros; a los dos balazos de Josimar del Brasil ante Irlanda primero y ante Polonia después; a la armonía y lucidez de Marruecos ante Portugal; a la contundencia y creatividad de Francia ante Hungría y todo esto, claro, para no mencionar ahora mismo lo que fueron los infartos de Unión Soviética-Bélgica y Dinamarca-España, porque merecen lugar aparte más adelante.
Se dirá -y con razón- que el promedio de gol ha sido bajo (2.4 por partido hasta la ronda de octavos de final) y se recordarán los bostezos de Italia-Francia y Uruguay-Argentina como dos grandes decepciones, pero a ese argumento habrá que apabullarlo con que, ciertamente, en un torneo de 52 partidos hay pleno derecho a que diez, digamos incluso que quince, resulten regulares. Y hasta malos.
Los nostálgicos de México 70, que son en realidad todos los aficionados al fútbol, se han quedado en el recuerdo de aquel ballet de Pelé-Gerson-Rivelino-Tostao y compañía limitada, pero han pasado 16 años desde cuando esos magos deslumbraron y ahora el fútbol, si bien no tiene todas esas luces y todo ese arte que corrió a cargo exclusivo del Brasil de entonces, ofrece hoy motivos para celebrar, pues ha arribado un nuevo concepto y con él han llegado nuevas estrellas.

EL MODELO 86
Después de una primera ronda especulativa, porque los equipos buscaban los puntos necesarios para pasar a la siguiente etapa y porque tan importantes como los goles anotados eran los goles que no se permitían en contra, el Mundial saltó a la fase donde sólo servían las victorias y a partir de ahí cambiaron los esquemas tácticos .
Se jugó primero un 4-4-2, más defensivo que ofensivo, más de concentración de jugadores sembrados en la mitad del campo, más de ataque basado en la velocidad de dos delanteros y, de golpe, en el acompañamiento de alguno de los volantes. De esa estrategia resultó la pobreza ofensiva, sólo desmentida por las goleadas que la Unión Soviética y Dinamarca les propinaron a Hungría y Uruguay, lo que, entre otros resultados, le dio a estos dos equipos el favoritismo y la admiración.
Pero ya superada la primera angustia, la fase que casi exigía "hacer el negocio" de conseguir la clasificación como fuera, se pasó a la hora más definitiva donde el gol volvía a su reino y donde, por reglamentación, quedaban prohibidos los empates.
Fue ahí donde floreció el fútbol modelo 86, con una distribución de los jugadores hasta entonces no usada, por lo menos en el papel: arquero, tres defensas, cinco volantes y dos delanteros netos. La congestión de gente en el mediocampo resulta ser la clave de este esquema en apariencia defensivo, pero en la práctica tan flexible que no sólo produce goles sino espectáculo y obliga mucho más que otros a la inteligencia de los directores tecnicos.
De los cinco volantes, por lo menos tres son netamente ofensivos. En el caso francés, que es el equipo que más trabajo ha mostrado en este esquema, son Platini, Tigana y Giresse los que van adelante, el primero de ellos como número 10, pero sin ingresar al ataque por el centro del campo, como ha sido habitual, sino tirado a la derecha para completar una trilogía ofensiva de la que hacen parte Stopyra y Rocheteau. En Brasil, los dos delanteros netos han sido Careca y Muller o Casagrande y al acompañamiento han llegado Sócrates, Junior y Alemao.
Pero en este esquema moderno del fútbol, el ataque está, además, reforzado en cada arranque por dos marcadores de punta que cada vez tienen más fondo, más subidas y más bajadas, con funciones similares a las que cumplen los jugadores de baloncesto. Brieguel, en Alemania; Amoros, en Francia; Josimar, en Brasil, y Renones, en España, son quienes más disposición física y mejores recursos técnicos han mostrado en estas funciones.
La abolición de la marca persona-persona, remplazada por un planteamiento defensivo zonal, la desaparición de los llamados stopper, que eran perros de presa de los centrodelanteros y la implantación del fútbol en bloque (especie de "fútbol total" con que desconcertaron los holandeses hace doce años), son también parte vital de lo que se ha visto en México 86. En toda esa estrategia han tenido éxito los equipos que muestran tres condiciones esenciales: disciplina táctica, velocidad y sorpresa, para cuyo funcionamiento se requiere de una virtud imprescindible: buenos jugadores.
No ha sido el de esta Copa Mundo un fútbol de obreros. Al trabajo físico, a la disciplina para atender el planteamiento táctico, al sacrificio colectivo, se ha sumado, sin duda, el talento y por esto, contra todo lo que se diga, este Mundial 86 deja ya un balance amplio y positivo de figuras capaces de brillar por si solas, pero de entregarle esa brillantez al conjunto.
Una muestra adicional del buen fútbol que ha brindado este campeonato, la dan las sorpresas increíbles que se sintieron en los octavos de final. Ya -y esto es una comprobación del buen sistema de eliminatorias empleado en el torneo- las sorpresas habían comenzada cuando Marruecos se clasificó de primero en su grupo, por encima de Polonia e Inglaterra, dos expertos y veteranos participantes en la Copa.
Pero ese era sólo el anuncio de lo que vendría. Y llegó: Unión Soviética enfrenta a Bélgica y son archifavoritos los rusos, por los argumentos mostrados en la ronda eliminatoria y porque los bélgas apenas lograron clasificar de terceros en su grupo. Pero después de 120 minutos de un fútbol limpio, rápido, eficaz, brillante y goleador (4-3 a favor de Bélgica), el primer gran pronóstico, que ubicaba a la Unión Soviética de finalista, se derrumbó.
Pero el colapso mayor, el más sorpresivo, ocurrió el miércoles 18 de junio, a las seis y media de la tarde, ante 96 mil personas en el estadio Azteca: Dinamarca, el superfavorito, el del fútbol moderno, la revelación, resbaló hasta la goleada (5-1) ante el seleccionado de España y se quedó en el camino con todos los honores de su pasado reciente, pero con todo el dolor de haber sido "vísperas de mucho y día de nada".
Esos dos golpes permitieron ver muchas cosas, después de que la afición se repuso de ellos: brindó la posibilidad de reparar en Belgica, cuyo favoritismo hace cuatro años era por todos comentado y, dentro de esa nueva fuerza roja, ver la capacidad y el despliegue físico de una estrella para Europa conocida pero para el mundo recién surgida: Ceulemans.
Y el otro resultado, permitió admirar el olfato goleador de Butragueño, pero, especialmente, dejar en claro que si algún técnico ha sobresalido en este Mundial es Miguel Muñoz, de 63 años, quien logró lo que hasta ese día parecía un imposible: entender y frenar el esquema táctico de Dinamarca. Y lo logró hasta llevar a España a un punto donde jamás había llegado, lo cual no es del todo una sorpresa. Ya, en la edición 211 con un especial dedicado al Mundial, SEMANA había presentado a los ibéricos como equipo de peligro y había advertido que podria dar la sorpresa.
Pero después de esos dos "palos", todo parecía posible en este México 86. Los cuartos de final, que comenzaban a jugarse cuando esta edición entraba en talleres, prometía no solo brindar extraordinarios juegos, sino que hacían previsible que todavía faltaran sorpresas por darse.




EDICIÓN 1893

PORTADA

Gobierno de Duque: un despegue con ventarrón

El llamado de Duque por la unidad del país fue empañado por el beligerante discurso del presidente del Senado. ¿Puede esto afectar la gobernabilidad del nuevo mandatario? Análisis de SEMANA.

Queremos conocerlo un poco,
cuéntenos acerca de usted:

Maria,

Gracias por registrarse en SEMANA Para finalizar el proceso, por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Maria,

su cuenta aun no ha sido activada para poder leer el contenido de la edición impresa. Por favor valide su correo a través del enlace que enviamos a:

correo@123.com

Para verificar su suscripción, por favor ingrese la siguiente información:

O
Ed. 1893

¿No tiene suscripción? ¡Adquiérala ya!

Su código de suscripción no se encuentra activo.