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2021: ¿el año del bitcóin?

El crecimiento del valor del bitcóin, la principal criptomoneda del planeta, sorprende y sacude los cimientos del mercado financiero. ¿Qué impulsa esta dinámica y hasta dónde puede llegar?


Mientras el mundo tiene puestas sus esperanzas en que la vacuna contra la covid-19 permita retomar la senda del crecimiento y las personas vuelvan a sus rutinas de antes de la pandemia, en los mercados financieros hay gran expectativa por el rumbo de los criptoactivos.

Este año el crecimiento del precio del bitcóin, la principal criptomoneda del planeta, es sorprendente: ha bordeado un valor cercano a los 20.000 dólares y muestra un incremento del 170 % durante 2020. Pero la gran pregunta es si ese vertiginoso rally se mantendrá.

Sus operaciones en el pasado se han caracterizado por la volatilidad en los precios, que incrementa el riesgo, y por la opacidad, pues estos instrumentos han estado en la mira de las autoridades por temas de lavado de activos y financiación del terrorismo. Aunque también porque se convirtieron en mecanismos para engañar incautos, producir pirámides y funcionar con poca claridad.

El crecimiento reciente revivió en el mercado la historia que tuvo el bitcóin en 2017, cuando alcanzó valores similares a los de hoy, pero en los meses siguientes vino una profunda destorcida, de más del 70 % de su valor.

Por eso, vale la pena preguntarse si actualmente estamos ante una nueva alternativa de inversión o una burbuja. O qué tanto ha cambiado el escenario en tres años, para mantener esta dinámica de crecimiento.

Lo cierto es que la volatilidad sigue como una de sus principales reglas: en los últimos días de noviembre, cuando parecía que no tenía techo, su precio se derrumbó y perdió 3.000 dólares en dos días. Sin embargo, pocas jornadas después volvió a retomar la senda del crecimiento y recuperó el terreno perdido.

A pesar de la inestabilidad del bitcóin y de los riesgos que conlleva, muchos factores en su entorno lo están potenciando.

Por un lado, 2020 demostró ser un terreno fértil para la criptomoneda. A fin de atender la emergencia propiciada por el coronavirus, los bancos centrales en el mundo bajaron las tasas de interés y en muchos países –en especial los más grandes y desarrollados– sacaron su arsenal para dar estímulos extraordinarios, imprimir dinero e incentivar el consumo, con billones de dólares en el mercado, presionando el precio del dólar a la baja.

Esto dinamizó el movimiento en los mercados financieros en búsqueda de mayores rentabilidades en acciones, por ejemplo, pero también en activos que han sido considerados de alto riesgo, como el bitcóin. La tendencia de refugiarse en activos como el dólar y el oro parece estar revirtiéndose, lo que ha beneficiado a los criptoactivos.

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Bryan Benson, director de Operaciones de Binance Latinoamérica –plataforma de transacciones conocida como exchange–, dice que el bitcóin es visto en el mercado financiero como una protección a la emisión de los bancos centrales, pues el número de bitcoines es finito y no puede haber más de 21 millones de estas criptomonedas.

A diferencia de 2017, cuando era un negocio personal e individual, hoy el bitcóin tiene unos protagonistas distintos. Grandes empresas e inversionistas institucionales están dinamizando estas transacciones.

PayPal, que procesó 222.000 millones de dólares en pagos en el segundo trimestre de este año, anunció que permitirá la compra y venta de criptomonedas en su pasarela, como ya lo habían hecho otras plataformas como Square Inc. y la firma de aplicaciones de comercio de acciones Robinhood Markets Inc.

Financieras tradicionales están buscando los mecanismos para capitalizar la creciente demanda institucional. Por ejemplo, Fidelity Investments lanzó un fondo de bitcóin a principios de este año. Según Reuters, inversores como Stanley Druckenmiller, fundador del fondo de cobertura Duquesne Capital, y Rick Rieder, director de Inversiones de Renta Fija Global en BlackRock, han promocionado recientemente el bitcóin. Mientras tanto, JP Morgan Chase creó una unidad para proyectos de blockchain. Visa se asoció con la start-up de criptomonedas BlockFi para ofrecer una tarjeta de crédito que premia las compras con bitcóin en lugar de millas aéreas o efectivo. Facebook, con libra, también ha entrado en el mundo de las monedas virtuales.

Para Alejandro Beltrán, representante de Buda, plataforma de transacciones de intercambio de estas monedas (exchange), el alza del precio del bitcóin obedece a la guerra comercial entre Estados Unidos y China, que provocó una parálisis en las relaciones entre compañías de base tecnológica. “Eso ha hecho que en la mayoría de los mercados haya incertidumbre, entendiendo que ya las grandes empresas en el mundo no son industriales, como lo que veíamos en los noventa, sino firmas que controlan los datos, y los datos se vuelven el nuevo oro digital”, dice.

Además, el crecimiento en la economía digital ha llamado la atención de gobiernos y autoridades, que buscan adoptar mecanismos para regular su operación, proteger a los inversionistas, darles trazabilidad a las operaciones y proyectar su desarrollo futuro.

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Los líderes financieros ya iniciaron procesos para regular estos criptoactivos, de manera que se facilite la disrupción de estas tecnologías, pero también generen los mecanismos de protección y salvaguardas necesarios para cuidar a los inversionistas. De hecho, en Colombia se han dado pasos para desarrollar este mercado. En primer lugar, el interés de jugadores clave en el desarrollo del negocio, como los exchange, proveedores de servicios de activos virtuales que realizan actividades como intercambio, transferencia, custodia o administración, así como otros relacionados con la compra y venta de criptoactivos. Buda y Binance han mostrado interés de operar directamente en el país.

En segundo lugar, un proyecto de ley que avanza en la Cámara de Representantes, liderado por Mauricio Toro, del Partido Verde, para legislar sobre criptoactivos. Y, en tercer lugar, el papel protagónico de la Superintendencia Financiera.

Esta entidad ya realizó un piloto interno para verificar, por ejemplo, la trazabilidad de las operaciones, y ahora, por medio de las ‘areneras’ regulatorias (sandboxes), probará en escenarios controlados estas operaciones para definir los mecanismos y regulaciones en su acción futura. Está abierta la convocatoria hasta final de este año para que se postulen entidades financieras vigiladas, y los exchange que lleguen vayan de la mano con ellas.

Pero la gran pregunta es hasta dónde llegará el precio del bitcóin. Algunos consideran que se puede quintuplicar en un año y alcanzar los 100.000 dólares. Ese es el caso de Brian Estes, director de Inversiones del fondo de cobertura Off the Chain Capital, citado por Reuters.

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Otras firmas más tradicionales incluso van más allá. En los mercados internacionales hubo revuelo cuando se filtró un informe de Citibank en el que advierte que el precio del bitcóin podría subir hasta 318.000 dólares para finales del próximo año, y el analista de la compañía lo llamó el “oro del siglo XXI”.

No obstante, otros consideran que es casi seguro que el bitcóin tenga una caída brusca después del pico máximo. “Es probable que cuando empecemos a tener un crecimiento saludable y sostenido del mercado tradicional por la aparición de las vacunas, se vea un precio más moderado del bitcóin”, señaló Marc Sansó, profesor de EAE Business School y CEO de Elsebits.

Más allá de las especulaciones con el precio y la dinámica de la criptomoneda, el mundo debe prepararse para vivir con estos activos, ante la velocidad de los cambios y la disrupción e innovación de la economía digital. También tendrá que ajustar sus estructuras regulatorias y fiscales para darle transparencia a un nuevo mercado.