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| 12/2/2006 12:00:00 AM

Al sur, al sur, al sur....

Colombia firmó un TLC con Chile, un acuerdo de libre comercio que pasó prácticamente inadvertido. ¿Qué fue lo que se negoció?

Al sur, al sur, al sur.... El presidente Álvaro Uribe viajó a Chile la semana pasada para firmar con su colega, Michelle Bachelet, el TLC entre ambos países
El tema pasó de agache para muchos. Sólo unos pocos, se enteraron de que el lunes pasado Colombia firmó un Tratado de Libre Comercio con Chile. Y es que esta vez, a diferencia del TLC con Estados Unidos, no hubo nada de bulla. Tampoco grandes foros, ni debates, ni mucho menos marchas o protestas en las calles. Fue una negociación express que se hizo en tan sólo dos rondas y un mes. Por eso la pregunta que se hacen algunos por estos días es: ¿qué fue lo qué se negoció? ¿Quién se beneficia con este tratado? ¿Cuáles son los ganadores y cuáles los perdedores?

Para empezar, lo primero que hay que decir es que Colombia ya tenía un convenio de este tipo con Chile: el Acuerdo de Complementación Económica, que se firmó en el año de 1994. Gracias a él, el 97 por ciento de los bienes que se intercambian entre ambos países no paga ningún arancel. Eso ha permitido un crecimiento del comercio bilateral de más del 400 por ciento en los 12 años que lleva vigente.

Harina de otro costal son los servicios, las inversiones, el movimiento temporal de personas, las compras públicas, los mecanismos de solución de controversias y otros aspectos de cooperación comercial. Ninguno de ellos quedó incluido en el acuerdo que se firmó hace una década. Y esa fue la principal razón para que ambos gobiernos decidieran renovar sus relaciones y firmar un nuevo TLC que incluyera todo el universo de cosas que forman parte del intercambio comercial.

El renovado TLC que se firmó el lunes pasado incluye varias cosas. En cuanto a bienes, se acordó desgravar de aquí al primero de enero del año 2012 el 3 por ciento que aún paga arancel. Se trata, básicamente, de productos agrícolas: azúcares, lácteos, cereales, oleaginosas y pollos.

En el capítulo de servicios profesionales, se establecieron varios compromisos. Uno de ellos tiene que ver con las visas y el movimiento temporal de personas. La idea es agilizar todos los trámites diplomáticos para quienes quieran ir a trabajar al otro país. Adicionalmente, se negoció algo que se conoce como trato nacional y que consiste en admitir la prestación de servicios de empresas de un país en el otro.

En cuanto a la inversión extranjera, se incluyó una cláusula de trato de nación más favorecida, para garantizar a los inversionistas del otro país, los mismos tratamiento, ventajas y derechos. Además de que si hay disputas, el inversionista pueda acudir a un mecanismo de resolución directa de controversias. En el tema de compras públicas, se permitió que las sociedades de un país puedan participar en los procesos de licitación que se adelantan en el otro. También se suscribieron capítulos relativos a la aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias, normas de origen, asuntos laborales y también ambientales.

En cambio, no se incluyeron aspectos como el de propiedad intelectual, que sí generaron un gran debate en la negociación con Estados Unidos. Con Chile no hay problemas como el de la biopiratería, a diferencia de lo que ocurre con los países industrializados, en donde sí se ha detectado este tipo de complicaciones en el pasado.

Quizás el TLC con Chile no sea crucial en términos de intercambio de bienes, como sí lo es el de Estados Unidos. Pero no por eso deja de ser importante. Chile se ha convertido en un socio fundamental y en un inversionista estratégico en Colombia en los sectores energético, minero, comercio, salud y protección social. Los empresarios chilenos tienen grandes capitales, que les permiten montar empresas, aliarse con otras, traer y llevar muchos productos de un lado a otro. Ese gran potencial inversor se ha visto reflejado no sólo en Colombia, sino en muchos otros rincones de Latinoamérica.

Colombia, por su parte, es cada vez más grande en el país austral en el sector editorial, en el de comercialización de productos y, más recientemente, en el de transporte masivo. De hecho, actualmente se está desarrollando en Chile algo similar a TransMilenio y dos de las empresas que acaban de ganar la licitación para construir los tramos son colombianas.

En términos generales, se trata de un acuerdo bastante complementario para ambas economías. Chile exporta principalmente minerales (cobre y sus derivados), productos de la cadena forestal (maderas, pulpa y papel), productos de la pesca, ciertas frutas no tropicales (duraznos, albaricoques, manzanas, uvas) y vinos. Colombia le vende productos energéticos como el petróleo y el carbón, además de muchas manufacturas. Esa complementariedad ha permitido que el comercio crezca y que la balanza sea equilibrada, con un ligero déficit de cuatro millones de dólares a favor de los chilenos.

El acuerdo con Chile también tiene un impacto regional. Chile quiere regresar a la Comunidad Andina de Naciones, en momentos que Venezuela les tiró la puerta a sus antiguos socios. Este TLC es una señal de que el compromiso chileno va en serio.

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