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| 12/31/1990 12:00:00 AM

ALO, ¿QUIEN DA MAS?

México demuestra que las privatizaciones van en serio, al vender su Empresa de Teléfonos por ocho mil millones de dólares.

ALO, ¿QUIEN DA MAS? ALO, ¿QUIEN DA MAS?
Todos los hombres de negocios del mundo al oír hablar de una transacción de ocho mil millones de dólares, imnediatamente piensan en una toma hostil de una empresa multinacional como la operación de toma de control de RJC Nabisco por la firma de inversión americana KKR o la compra de la CBS por parte de Sony. Se pueden imaginar también que se trate de una privatización de algún conglomerado público de un país desarrollado. Pero lo que sino llega a ocurrirsele a nadie es que se trate de lo que efectivamente es la venta de una empresa pública de un país del Tercer Mundo. Se trata nada menos que de la privatización de Teléfonos de México-Telmex.
Cuando Margaret Thatcher puso de moda la disminución del tamaño del Estado y las privatizaciones, pocos pensaron que llegaran tan rápidamente a México, un país que se había caracterizado por la preponderancia del sector público dentro del total del producto intemo bruto. Teniendo en cuenta que el gran poder del PRI- que ha gobernado por más de 50 años se basaba en buena parte en los favores que se derivan del Estado empresario y de las múltiples actividades donde éste mete la mano, no era lógico pensar que este país fuera a convertirse en el líder de América Latina en materia de privatizaciones.
El anterior gobierno, presidido por Miguel de la Madrid, agobiado por la crisis económica se vio obligado a emprender un programa de ajuste tendiente a disminuir el déficit fiscal y a reducir los niveles inmanejables de la deuda externa. Esta política de ajuste tenía como pilar programa de privatizaciones, que el actual gobierno de Carlos Salinas de Gortari ha continuado con más impulso. Pero si bien los mexicanos ya se habían familiarizado con esta política, cuando se habló, hace un año, por primera vez de la venta de Telmex se generó una gran expectativa, pues en este caso se trataba de algo así como la venta de las joyas de la Corona.
El proceso de preparación duró varios meses y no fueron pocos los ires y venires de las más importantes compañías de telecomunicaciones del mundo.
Finalmente, hace un par de semanas se cerró la licitación y el gobierno mexicano dejó saber la semana pasada que se habían recibido tres propuestas para adquirir un paquete accionario que le dará el control de la empresa a quien salga favorecido. Con la presentación de estas propuestas se abre paso lo que promete ser una de las más grandes y complejas negociaciones de venta de una entidad estatal por parte de país alguno.
Dos de los tres proponentes son consorcios formados por compañías mexicanas unidas con gigantes de las telecomunicaciones americanos o europeos.
El primero está compuesto por el grupo mexicano Accival Casa de Bolsa junto con la multinacional americana GTE y Telefónica de España. El segundo consorcio lo forman el Grupo Carso de México y Southwestem Bell de los Estados Unidos y France Cable and Radio.
El tercer proponente es el que más ha llamado la atención pues se trata del Grupo Gentor, formado por inversionistas mexicanos exclusivamente. A la cabeza de éste se encuentra el conocido hombre de negocios, Javier Garza Sepúlveda, quien se ha asociado con otros inversionistas vinculados con los poderosos conglomerados industriales de Monterrey, Vitro y Alfa. La ausencia de multinacionales en este caso ha sido una sorpresa, no sólo pa las dimensiones económicas de la oferta sino porque éste es un campo donde la tecnología es esencial. Por muy grandes y poderosos que sean estos grupos, los observadores financieros no registraban de primera mano la esistencia en Latinoamérica de inversionistas de esa dimensión.
Otra sorpresa en este proceso fue el retiro a último minuto de un cuarto consorcio encabezado por la compañía americana Nynex, que en septiembre había anunciado que sometería una propuesta junto con un grupo financiero mexicano y la compañía matriz de Bell del Canadá.
A pesar de que no se han divulgado los montos exactos de cada oferta, se estima que el valor total de la compañía se sitúe entre siete y ocho mil millones de dólares. De resultar así, esta venta sería una de las cinco privatizaciones más grandes que se hayan llevado a cabo en el mundo. Sería igualmente la operación de esta índole más importante que se haya realizado en un país en desarrollo, con mercados financieros y de capitales limitados. Por esta razón tuvieron que considerarse también factores que hicieran el negocio atractivo para inversionistas extranjeros.
Con la venta de Telmex el gobierno de Salinas de Gortari pretende no sólo obtener una importante suma de divisas para aliviar las presiones de la Tesorería mexicana, sino que los nuevos inversionistas aporten los recursos y la tecnología para modernizar la empresa que en su actual estado es considerada un peso para el desarrollo mexicano.
Para que la empresa no se salga de manos mexicanas, el gobierno estableció que por lo menos el 51 por ciento del consorcio ganador tiene que ser de propiedad de inversionistas de ese país. De otra parte, funcionarios gubernamentales encargados de manejar el proceso han manifestado que para maximizar el precio de venta el componente local y el extranjero se considerarán por separado, lo cual podría conducir a un eventual reagrupamiento de los consorcios.
De aquí al 20 de diciembre en que se tiene proyectado anunciar a quién se le adjudica el paquete mayoritario, pueden pasar muchas cosas. Pero lo que sí se puede decir desde ya, es que esta venta pasará a la historia pues son bastantes las sorpresas y los hechos inesperados que se han presentado a lo largo del proceso.

EDICIÓN 1879

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