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| 1/16/1995 12:00:00 AM

CHOQUE DE TRENES

El tema de la tasa de cambio ocasiona el más serio enfrentamiento hasta la fecha ente el gobierno Samper y la Junta Directiva del Banco de la República

CHOQUE DE TRENES, Sección Economía, edición 659, Jan 16 1995 CHOQUE DE TRENES
EL PASADO JUEVES EN LA MAÑANA EL AMbiente en el salón del Consejo de Ministros de la Casa de Nariño se podía cortar con una cuchilla. La reunión del Consejo Nacional de Política Económica y Social, citada para las ocho de la mañana, comenzaba con una carga de tensión pocas veces vista en lo que va del gobierno Samper.
Y no era para menos. Se trataba del primer encuentro entre el equipo económico en pleno y el gerente del Banco de la República desde que la Junta Directiva de la entidad había decidido, tres días antes, modificar las bandas máxima y mínima dentro de las cuales se mueve la tasa de cambio. La medida había sido calificada como "desafortunada" por el ministro de Hacienda, Guillermo Perry, pero sus compañeros de gabinete estaban ávidos de revancha.
La oportunidad se presentó tan pronto se terminó la lectura del documento donde se enunciaba el Plan Exportador de la administración. Miguel Urrutia, número uno del Emisor, pidió la palabra y señaló que en su opinión el diagnóstico sobre el sector exportador era demasiado alarmante, sobre todo si se tenía en cuenta que las exportaciones venían aumentando desde 1992. Acto seguido, el ministro de Desarrollo, Rodrigo Marín, disparó la primera andanada. Le siguieron el ministro de Agricultura, Antonio Hernández; el consejero económico de la Presidencia, Luis Bernardo Flórez, y el director de Planeación, José Antonio Ocampo. Todos se fueron de frente contra el análisis del gerente del Banco de la República y volvieron a dejar en claro que el mundo desde el lado del gobierno se ve diferente.
Semejante animadversión había comenzado a gestarse unos días antes en el seno de la Junta del Banco de la República. Durante la sesión del martes 6 de diciembre, algunos miembros de ese cuerpo directivo volvieron a traer a colación un problema que ya había sido analizado en otras oportunidades. Se trataba de la certeza de que era imposible cumplir con la meta de devaluación fijada para 1994. Si al comienzo del año se esperaba que en diciembre el dólar se acercara a los 890 pesos, a esas alturas ya era evidente que con la moneda estadounidense a 830 pesos no había mucho que hacer.
Bajo esa lógica, la Junta y su presidente -el Ministro de Hacienda- habían acordado hacer borrón y cuenta nueva al final del año. El trato consistía en que la meta de devaluación para 1995 -13.6 por ciento- iba a tener como piso el precio del dólar el 31 de diciembre. En otras palabras, lo perdido en 1994 entraba al rubro de lo irrecuperable. El gobierno aspiraba, sin embargo, a que en los días que le quedaban iba a ser posible ganar unos puntos más de devaluación, con lo cual el escalón del próximo año iba a empezarun poco más alto.
Toda esa expectativa se derrumbó cuando la Junta empezó a inclinarse en favor de adelantar la decisión. Según el análisis que se hizo, el Banco había venido comprando dólares en forma creciente desde el comienzo de diciembre para mantenerse dentro de las bandas cambiarlas fijadas por el propio Emisor. Estas no son nada más que franjas de precios, dentro de las cuales se permite oscilar el mercado. De tal manera que el Banco siempre trata de que la tasa de cambio se mueva por el centro de la banda, cuyos límites superiores e inferiores son un 7 por ciento más alto, o 7 por ciento más bajo que la línea escogida. Cuando hay peligro de salirse de la franja, el Banco interviene en el mercado comprando o vendiendo dólares, según sea el caso, tal como actúan muchos bancos centrales en el resto del mundo.
A pesar de los esfuerzos del Banco de la República, su intervención en el mercado estaba resultando infructuosa. El precio del dólar se había ubicado en el límite inferior de la banda y los miembros de la Junta empezaron a pensar que una serie de especulaciones, incluyendo algunas entidades financieras, estaban arrinconando al mercado, apostándole a la revaluación. Para colmo de males, cada vez que el Banco salía a comprar dólares para sostener el tipo de cambio, le inyectaba más dinero a la economía en momentos en que, por primera vez en tres años, se estaban logrando las metas de crecimiento de los medios de pago.
En conclusión, la Junta tomó un plazo perentorio. Se acordó que si el Banco tenía que comprar más de 90 millones de dólares en los días siguientes, se adelantaba la decisión de las bandas. Semejante decisión fue protestada de manera vehemente por el Ministro de Hacienda, quien argumentó que había espacio suficiente para comprar aún más dólares y que trato era trato. Pero pudo más la convicción de los otros seis miembros del cuerpo directivo, que las razones de Guillermo Perry. La estrategia se aprobó con la constancia negativa del Ministro.
En los días siguientes la presión sobre el mercado siguió. Entre el miércoles 7 y el lunes 12 el Banco gastó 110 millones de dólares, sin éxito. De tal manera, al mediodía del lunes se hizo el anuncio. La nueva línea media se trazaba tomando como base la tasa de 831 pesos por dólar y el mercado recibía un claro mensaje. Si antes el Emisor tenía la obligación de intervenir cuando el dólar caía por debajo de ese nivel, ahora el compromiso comenzaba a aplicarse cuando se acercara al nivel mínimo de la nueva franja, es decir, unos 773 pesos por dólar.
Lo que vino a continuación fue Troya. Al Banco le cayeron rayos y centellas por la decisión, que fue interpretada como una revaluación inmediata del 7 por ciento. El columnista D'Artagnan, conocido por su cercanía al gobierno, llegó a afirmar que era necesario reformar la Constitución para acabar con la independencia de la Junta que actuaba "como rueda suelta". Aún el presidente Samper calificó la decisión de inconveniente e inoportuna y envió un poderoso dardo al decir que "la situación actual en la cual el Banco ejerce un papel restrictivo independiente de otras variables que serían responsabilidad del gobierno, se asemeja a la de un cuentahabiente que gira con chequera propia contra la cuenta de un tercero".
No obstante, tales escaramuzas acabaron diluyéndose. Por una parte, desde comienzos del mes Samper había invitado a almorzar a la Junta al mediodía del jueves 15. De tal manera que, cuando los miembros de ésta subieron a la Casa Privada del Palacio Presidencial, no hubo más remedio que sentarse a conversar. El hielo lo rompió el propio Samper cuando recordó que la cita había sido programada antes de la controvertida decisión, pero que por cuenta de ésta iba a ser menos buena la sopa. El debate comenzó ya en la mesa cuando, en medio de ravioli y roastbeef, ambos lados se cantaron la tabla de manera cordial pero firme. Al final de cuentas, aunque no hubo muchos puntos de acuerdo, el ejercicio sirvió para distensionar el ambiente y fijar el compromiso de repetir los almuerzos de tiempo en tiempo.
El otro hecho que ayudó a bajar la presión fue el comportamiento de la tasa de cambio. Aunque ésta cayó siete pesos un día después del anuncio del Banco, para finales de la semana ya se acercaba a los 830 pesos, apenas uno por debajo del nivel inicial. En otras palabras, la tan esperada revaluación no se produjo.
Lo ocurrido le sirvió a los miembros de la Junta para decir que se había hecho lo correcto, pues se habían acabado las presiones contra el peso. El gobierno, por su parte, sostuvo que eso demostraba que el Banco debía haber aguantado la cuerda y esperado unos días más, sin haberse metido en el berenjenal de anticipar dos semanas una decisión que ya estaba concertada.
Aunque esa discusión es ahora teórica, lo ocurrido dejó varias lecciones. La primera es que cuando pelean el Emisor y el gobierno nadie gana. Por ahora los miembros de la Junta del Banco se muestran muy satisfechos con su declaración de independencia, pero no deberían refregarlo tanto. En un país que no está del todo convencido del esquema actual, tratar de tensar la cuerda de las relaciones con el gobierno es jugar con candela. Desde hace rato el Congreso le tiene ganas al Banco, y adoptar actitudes provocadoras es como mostrarle un trapo rojo a un toro lleno de ganas por embestir.
De la misma manera, no tiene presentación que la Junta no haga un poco más de esfuerzos para defender sus metas. Si la franja que se abandonó era el resultado de unos acuerdos, no basta con salir a decir que unas condiciones cambiaron, pues en materia económica las constantes solo se encuentran en los libros de texto. Además, ¿qué mensaje le puede dejar a los especuladores el hecho de que el Banco aparezca como fácil de arrinconar? Lo ocurrido el lunes pasado, cuando ninguna entidad salió a demandar dólares en espera de que el de la República se rindiera, no deja de tener una connotación preocupante.
A su vez, la administración tiene que aprender a meterle más cabeza fría a sus reveses. Son pocos los conocedores que están en desacuerdo con que la devaluación debería ser mayor. Nadie duda, además, que para el presidente Samper el tema ya dejó de ser una meta económica para convertirse en un compromiso político.
Pero una cosa es querer que el dólar suba de precio y otra es tratar de atropellar al mercado. Por más decretos que se promulguen, así haya mayor o menor independencia del Banco, control de cambios o no, lo cierto es que las realidades económicas son incontrovertibles. El problema de Colombia es que tiene muchos dólares, y si se quiere que estos suban de precio lo que hay que atacar son las causas del problema y no las consecuencias. De manera que no estaría de más si el gobierno se sienta a pensar en si su programa de gasto es realista y si no valdrá la pena meterle muela al tema de las transferencias a las entidades territoriales, que se han convertido en un verdadero agujero negro donde miles de millones de pesos entran y se desaparecen.
Quizás lo más irónico de todo es que la polémica ocurre cuando la economía está en una de sus mejores coyunturas en años. La producción industrial sigue creciendo, el empleo también y la inflación va en descenso. Además, hay acuerdo alrededor de que lo hecho no hace sino mejorar las posibilidades de éxito del Pacto Social y cumplir con la meta de inflación del 18 por ciento en 1995. Como si eso fuera poco, parece haber ahora más espacio para disminuír las tasas de interés a partir de enero, la cuales ya estaban llegando a niveles absurdos.
En conclusión, lo ocurrido puede no ser grave si ambos lados vuelven a tomar las cosas con calma. La tranquila Junta Directiva del viernes pasado así lo sugiere. Tal como dijo el ministro Guillermo Perry, "mucho de este escándalo no tiene razón de ser". Solo queda esperar que estos días de descanso que se aproximan le sirvan a unos y a otros para reflexionar y entender que en esta materia, como en tantas otras, resulta mucho mejor la cooperación que la confrontación.

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