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Hay que darle cuerda

El coronavirus tiene hoy acorralado al mundo. Pero el miedo no nos debe distraer de las lecciones que nos está dando. Expertos de varios sectores ponen sobre la mesa sus visiones más allá de la pandemia. Especial de Dinero.

En las últimas semanas, múltiples países del mundo han trabajado frenéticamente para contener la expansión de la pandemia y tratar de mitigar el profundo golpe que recibirá la economía global. Han tenido que tomar medidas insólitas como poner en cuarentena a la población, cerrar los hoteles y frenar el turismo, paralizar los aeropuertos y dejar en tierra miles de aviones y suspender las actividades comerciales, salvo las de primera necesidad. Todas ellas se complementan con la necesidad de irrigar recursos a la economía para atender la salud, a los más vulnerables y tratar, en lo posible, de proteger el empleo, gravemente afectado en las actuales circunstancias.

Dinero les pidió a varios expertos de distintas disciplinas reflexionar, desde sus respectivos ángulos, sobre las lecciones que deja esta crisis. Una visión más allá de las medidas para enfrentarla y la cuarentena que nos mantiene recluidos.

Hoy domina la incertidumbre: nadie sabe cuánto durará esta pandemia, ni los efectos que tendrá en la economía, en el relacionamiento de las personas y en el futuro de los países.

Pero es claro que el mundo no será el mismo. Esta situación generará profundos cambios en los comportamientos y hasta en la forma tradicional de evaluar indicadores y mediciones. Y, además, planteará unos desafíos para cerrar brechas y proteger a personas vulnerables que antes de la pandemia estaban en las cuentas de muy pocos.

Esta situación inédita en la historia reciente de la humanidad producirá, como advierte el economista Mauricio Cabrera, un cambio en los paradigmas que han dominado la economía en las últimas décadas. Probablemente un desarrollo más sostenible y equitativo, más allá del crecimiento per se del PIB.

La crisis también develó la importancia de la tecnología y la innovación. Se refleja en las investigaciones para enfrentar el virus, pero también en la posibilidad de conectar a distancia a millones de personas con sus trabajos y oficios, con sus familiares y amigos y mantener virtualmente sus operaciones. La tecnología y las comunicaciones han permitido hasta cierto punto enfrentar esta situación y hacia el futuro hay que reflexionar sobre cómo darles más recursos y pertinencia a sus desarrollos, y asegurar el acceso de toda la población. Llegó la hora de la virtualidad.

Además, la crisis pondrá a prueba los sistemas de salud, pero no solo en la capacidad instalada, sino también en las relaciones de los jugadores de este ecosistema en el que por años ha prevalecido la desconfianza. Es hora de la buena fe.

Las empresas y consumidores enfrentarán un profundo cambio. La crisis demuestra que, en muchos casos, no es necesaria la operación presencial. El trabajo remoto con productividad será una realidad y cambiará la lógica de muchas empresas. Además, las compras y el consumo se transforman en medio de la emergencia, e inevitablemente el mercado se modificará. Eso, como advierte Camilo Herrera, fundador de la consultora Raddar, va a exigir nuevas instituciones, canales y productos.

La educación virtual va a tomar una nueva dinámica, pero de nada servirá sin cobertura para los más pobres y para los más alejados de los centros urbanos. Los gobiernos de los países emergentes tendrán la tarea prioritaria de cerrar esta brecha. Al mismo tiempo, tendrán que ajustar los modelos y programas para impulsar la tecnología y la capacidad de innovación. Además, reeducar y reentrenar a miles de trabajadores para ajustarlos a las nuevas exigencias y opciones de empleo.

Seguramente seremos más empáticos, solidarios y nacerá una nueva era de colaboración abierta para darles tracción a la economía y a los cambios resultantes de la crisis.

Por ahora, los gobiernos se concentran en aplanar la curva, evitar que colapse el sistema de salud y darle los instrumentos necesarios para enfrentar la pandemia. También para atender a las poblaciones más vulnerables, que algunos estiman en unos 5 millones de familias; garantizar el abastecimiento de alimentos y productos básicos; impedir que miles de empresas vayan a la quiebra y en su camino arrastren millones de empleos y tratar en lo posible de sortear una recesión tal vez sin precedentes.

La economía, como recuerda el exministro Juan Carlos Echeverry, no venía mal antes del estallido de la pandemia. Pero de ahora en adelante tendrá una prueba de fuego y Colombia deberá sacrificar gran parte de la ortodoxia que ha acompañado su manejo económico. Las situaciones extremas exigen soluciones extraordinarias. El exministro Echeverry advierte que no pueden faltar los recursos y el país puede echar mano de la línea de crédito flexible del FMI y hasta de una emisión primaria para financiar al Gobierno.

Pero los escenarios también permiten proyectar el futuro un poco más allá del virus. “No hay que esperar a superar la pandemia para aprender de ella. Hacerlo desde ya nos permitirá identificar y anticiparnos a efectos colaterales y sucedáneos de acciones que, sin una adecuada evaluación de riesgos, pueden conllevar un cúmulo de problemas que resultará aún más complejo resolver después”, señala Gonzalo Pérez, nuevo presidente del Grupo Sura.

Por todo esto, como advierte el empresario Gabriel Echavarría, “el miedo al desafío que presenta la pandemia del coronavirus no nos debe distraer de las lecciones y oportunidades que presenta esta situación”.