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| 10/23/1995 12:00:00 AM

CUESTION DE TIEMPO

Los fondos de pensiones han preferido no innovar en su portafolio de inversiones, con tal de cumplir la rentabilidad que les exige la Superbancaria.

CUESTION DE TIEMPO CUESTION DE TIEMPO
EN EL NEGOCIO DE LOS FONdos de pensiones, la palabra mágica es rentabilidad. Al fin y al cabo de ella dependen no sólo el dinero que vayan a recibir los afiliados cuando llegue el momento de su jubilación, sino el éxito o el fracaso del sistema privado, al que no le faltaron enemigos en el momento de su aprobación.
Es tal la importancia de esa palabra llamada rentabilidad, que todos los ojos de los involucrados se han vuelto hacia ella. A más de un fondo le ha tocado correr para encontrar la mejor forma de invertir cada peso que le entra por una afiliación con tal de no rajarse ante la Superintendencia Bancaria. Cada tres meses, esta entidad verifica cómo va la rentabilidad y a los que no cumplen con la mínima, los obliga a responder con recursos del bolsillo de la sociedad administradora, sin poder recurrir de ninguna manera a los que han depositado los afiliados.
Y aunque los fondos han logrado buenas rentabilidades -en Junio alcanzaron el 43 por ciento en promedio-, si se miran antes de la comisión y del 22,7 por ciento que queda después de la comisión -que es el rendimiento del afiliado en términos reales- se comienzan a escuchar voces de alerta. Muchos aseguran que las cifras podrían ser mejores si los fondos se decidieran por las inversiones a largo plazo, pues hasta el momento se han ido más por los instrumentos tradicionales y de corto plazo, como los CDT (ver cuadro). Un argumento que respalda esa afirmación es el hecho de que las obligaciones de los fondos son a largo plazo -cuando el afiliado se jubila-, de manera que no tienen tanta necesidad de recursos inmediatos como en otros negocios.
El diagnóstico ya está efectuado, pero alrededor de las razones por las cuales se están presentando estos inconvenientes hay una encendida discusión técnica entre los fondos y el gobierno. La manzana de la discordia parece ser el mecanismo que se utiliza para determinar la rentabilidad mínima. Para calcularla, se tienen en cuenta la rentabilidad promedio de los fondos, el rendimiento de las acciones y el de un portafolio de referencia para inversiones de renta fija que expide la Superbancaria cada tres meses y que salió por primera vez el 8 de septiembre.
"Queremos estimular a los fondos para que se vayan al largo plazo. Además, ese es el mandato de la Ley 100 -de Seguridad Social-. También consideramos importante que haya una diversificación en las inversiones y que los fondos estén en la capacidad de ofrecer varios tipos de portafolio, de acuerdo con el afiliado. Es decir que haya, por ejemplo, uno para los jóvenes y otro para los más adultos", dijo el superintendente bancario, Jorge Castellanos.
Pero aunque esas son las ambiciones del gobierno, la verdad es que lograrlas será más difícil de lo que parece. Pablo Francisco Alvir, presidente de Porvenir, afirmó en diálogo con SEMANA que "mientras no dejen quietas las reglas de juego sobre el cálculo de la rentabilidad, no nos vamos a ir al largo plazo. Por simple espíritu de supervivencia preferimos inversiones de bajo riesgo con tal de cumplir con las exigencias de la Superbancaria y no tener que recurrir al bolsillo de la sociedad. El gobierno castiga el riesgo y a la vez lo exige, pero la verdad es que sería mejor que sólo se tuviera en cuenta la rentabilidad promedio de los fondos y no un portafolio de referencia". El problema de ese planteamiento es que la posición del Superintendente es precisamente la contraria. Este considera que una de las armas claves para el éxito del sistema es el portafolio de referencia, el cual estimula el largo plazo.
Aparte de esas críticas, hay otra que tiene que ver con el hecho de que a los fondos les toque valorar sus inversiones a precios de mercado desde que se expidió la Resolución 200, a comienzos del año. Lo que ocurre es que, en la medida en que cambia la tasa de interés, los fondos tienen que ir registrando las pérdidas o ganancias que presentan sus portafolios. El problema es que esos cambios en las tasas también se generan en la rentabilidad mínima con que el fondo le responde a la Superbancaria, lo cual es bastante riesgoso en un país como Colombia, que se caracteriza por la volatilidad en las tasas de interés. Por esto, prefieren no arriesgarse e irse por el corto plazo. Según el Superintendente, no hay razones para presentar esos argumentos pues es conocido que las inversiones a largo plazo ofrecen mejores rentabilidades. La gerente financiera de Colfondos, Nohra Cortés, dice sin embargo que eso es cierto pero que "el problema es que en el intermedio nosotros tenemos que responder con una rentabilidad que varía de acuerdo con la fluctuación de las tasas".
Y es que las condiciones del mercado colombiano no son fáciles. Además de que las tasas son muy volátiles, se trata de un mercado pequeño que aún no tiene muchas opciones de papeles a largo plazo: los de más duración son los TES, que tienen términos de cinco años. "No es que los fondos no queramos invertir en largo plazo sino que el mercado todavía no da para eso", dice Nohra Cortés. Lo grave de eso es que si hoy los fondos manejan recursos por 146.000 millones de pesos -que no es una cifra despreciable-, en unos tres años esa cantidad podrá multiplicarse por cuatro o más, de manera que la exigencia de papeles será inmensa.
De ahí que los fondos pidan que no sólo sea el sector financiero el que busque financiarse con recursos de los inversionistas institucionales, sino que lo mismo hagan las empresas y quienes se metan, por ejemplo, a proyectos de infraestructura. De ser así, en Colombia podría ocurrir lo mismo que ha pasado en Chile, donde los fondos manejan el 70 por ciento de los recursos de los inversionistas institucionales y dinamizaron de tal manera el mercado de capitales que, mientras hace cuatro años éste no superaba los 12.000 millones de dólares, hoy sobrepasa los 60.000 millones de dólares.

EDICIÓN 1879

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