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| 1/16/1989 12:00:00 AM

EL AGUINALDO MINIMO

Como todos los años, empresarios, gobierno y trabajadores se reúnen para fijar el nuevo nivel del salario mínimo.

EL AGUINALDO MINIMO EL AGUINALDO MINIMO
El escenario este año fue diferente, pero la polémica fue la misma. Por eso, cuando a partir del pasado miércoles se reunieron en el Centro de Convenciones de la Cámara de Comercio de Bogotá los integrantes del Consejo Nacional Laboral, mucha gente tuvo la impresión de estar asistiendo a una película que ya había visto mil veces. Una vez más, como todos los años, representantes del gobierno, los trabajadores y los empresarios se sentaron a negociar para establecer el nuevo salario mínimo, que regirá para el próximo año.
Las cartas que cada uno puso sobre la mesa también eran ya conocidas: los empresarios y el gobierno se aliaron para pedir un aumento no superior al indice de inflación registrado en 1988 (26.5% según el ministro de Hacienda) y los trabajadores entraron jugando la carta del 35%. En plata blanca, uno de los lados estaba ofreciendo una suma cercana a los 32.500 pesos mensuales, mientras el otro aspiraba a 2.100 pesos más.
Fue en torno a estas dos posiciones que se cerraron las conversaciones de la semana pasada. El resultado final, que debe conocerse antes de Navidad, se asimilará seguramente más a la propuesta de gobierno y empresarios que a la de los trabajadores, como suele suceder en estos casos.
Pero el punto de la plata no fue la única diferencia que se presentó entre los negociadores. La Central Unitaria de Trabajadores, CUT, la más grande del país, decidió pararse de la mesa de negociación y advirtió que no reiniciaría la discusión hasta tanto el gobierno no derogue los decretos de estado de sitio que tomó con ocasión del paro nacional del pasado 27 de octubre. En esa ocasión se suspendió la personería jurídica a varios sindicatos y se detuvo a varios líderes laborales.
La protesta de la CUT no impidió, sin embargo, que las conversaciones siguieran su curso en el Consejo Nacional Laboral, presidido por el ministro de Trabajo. En cambio, confirmó una vez más la poca astucia negociadora de la central obrera. Hace dos meses, en vísperas del paro, la CUT desperdició la oportunidad de cogerle la caña al gobierno, cuando éste ofreció anticipar el alza del salario mínimo de enero a noviembre y se comprometió a subir en agosto de 1989 los puntos que se perdieran si la inflación de ese año rebasaba las metas fijadas. La pérdida de ese cuarto de hora se puede completar ahora al retirarse la CUT del Consejo Nacional Laboral, pues al estar ausente la central obrera más importante, el sector de los trabajadores pierde poder de negociación, y de todas maneras las negociaciones siguen adelante.
Como dijo el ministro de Trabajo, Juan Martín Caicedo Ferrer, "para meter un gol, uno tiene que estar en la cancha". En esta oportunidad, y a diferencia de ocasiones anteriores, lo que nadie discutió fue la necesidad de mantener, por lo menos, la capacidad adquisitiva que tenían los trabajadores al comienzo de 1988. Como se recordará, hace 12 meses el ajuste salarial fue del 25% con unas previsiones de inflación no superiores al 22%. No obstante, los problemas experimentados durante el año llevaron a que los precios se colocaran por encima de esa cifra con el obvio deterioro del poder de compra, que acabó incluso incidiendo sobre el ritmo de la actividad económica.
Por estas razones, los expertos de Fedesarrollo se pronunciaron el viernes en favor de un aumento del 28%, el cual "devuelve a los trabajadores el poder de gasto perdido a lo largo del año, aunque sin aumentar adicionalmente su poder de compra real". La misma entidad considera que en 1989 la inflación se debe estabilizar en torno a un 25%.
La cifra propuesta por la entidad va a servir, además, de patrón de negociación para los trabajadores que ganan más del salario minimo. Aunque todavía falta tela que cortar y no se ha llegado a la cifra definitiva, al cierre de esta edición había indicios de peso para pensar que el incremento sera cercano al propueto por Fedesarrollo con lo cual, como de costumbre, los trabajadores tendrán que ceder más que los empresarios y el gobierno.

EDICIÓN 1879

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