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| 11/25/1985 12:00:00 AM

EL FONDO VILLANO

La publicación de un documento interno del FMI origina una minicrisis entre éste y el gobierno colombiano

EL FONDO VILLANO EL FONDO VILLANO
"Confidencial". El olvido de esa palabra, escrita en la esquina superior derecha de los documentos internos del Fondo Monetario Internacional, fue el causante de una minicrisis entre el gobierno colombiano y el organismo multilateral, en lo que se constituyó como el hecho más destacado de la semana. La publicación hecha por el diario El Tiempo, de un memorando de trabajo que le trazaba una línea de acción definida a una misión de estudio del FMI que debía llegar al país el 28 de octubre, cayó como un balde de agua fría dentro del gobierno y lo obligó a solicitar formalmente el aplazamiento de la visita del Fondo "hasta que se presenten circunstancias más propicias", según anotaran en una carta conjunta a Jacques De Larosiere, director del FMI, el ministro de Hacienda y el gerente del Banco de la República.
La misiva enviada el viernes a Washington cortó temporalmente la luna de miel que la administración estaba viviendo con el Fondo, desde que éste autorizara a Colombia para adelantar un programa de ajuste sin firmar el acostumbrado acuerdo Stand-by, al tiempo que le daba la bendición para que consiguiera dinero de la banca privada internacional. Pese a las críticas internas, la estrategia resultó adecuada y ya se están adelantando los trámites finales para que unos 248 bancos extranjeros le presten al país mil millones de dólares (515 millones en 1985 y 485 millones de dólares en 1986), con destino a los proyectos de petróleo y carbón.
Tal como se expresa en los contratos de préstamo, el desembolso de los mismos está ligado al desempeño de una serie de indicadores y el FMI es indispensable para hacer la evaluación. Al terminar el primer semestre se le enviaron una serie de mensajes en clave y el organismo internacional reconoció que, efectivamente, Colombia iba por buen camino. La segunda calificación se hará para el período que finalizó el 30 de septiembre y lo acordado era que una misión del Fondo vendría al país para estudiar los resultados sobre el terreno. De antemano se sabía que éstos iban a ser muy superiores a los objetivos, pero, aparte de tratar ese punto se esperaba que la venida de la delegación del FMI sirviera para tocar el tema del programa de 1986.
Sin embargo, todos esos planes se vinieron al suelo cuando El Tiempo anunció en su edición del martes pasado que el FMI estaba pidiendo "alza en la gasolina, acabar con los CERT y más devaluación". El efecto de la noticia fue inmediato tanto en Colombia como en Washington (ver recuadro) y, tal como anotara un funcionario del gobierno, "nos dimos cuenta que habían cambiado todas las circunstancias".
Inicialmente, el impacto del memorando fue tremendo, no sólo por el contenido en sí, sino porque la prensa lo presentó como una especie de hecho cumplido, generando a todos los niveles una serie de expectativas equivocadas. Aparte de errores de traducción e interpretación, el documento daba la impresión de ser invariable en sus apreciaciones.
Ante esto, el gobierno se apresuró a aclarar en términos relativamente fuertes que el país mantenía la independencia en materia económica. La afirmación se hizo en términos que fueron desde la simple declaración, hasta la explicación a los medios de prensa de lo que realmente queria decir el Fondo. El esfuerzo, aparentemente, rindió sus frutos. En su editorial del jueves pasado, El Tiempo subrayó que "claro está que las famosas recomendaciones del Fondo representan una posición negociadora (...) y no existe ningún mecanismo coercitivo para obligarnos a aplicar ninguna de esas medidas". Y continuaba más adelante: "Muchas de las recomendaciones que aparecen, deben hacerse con el Fondo Monetario Internacional o sin él, y casi que por puro sentido común".
Pese a las enmiendas sobre la noticia original, quedó en claro que el daño ya estaba hecho. Por una parte era imposible recibir a la misión del Fondo porque eso habría creado problemas políticos y de opinión pública muy difíciles de manejar. Por otra, el gobierno quedó prácticamente contra la pared a la hora de tomar decisiones y evitar que éstas fueran vistas como un asentimiento a su puestas órdenes originadas en Washington.
Aparte del escándalo generalizado que creó el documento, en el seno del equipo económico éste produjo una mezcla de estupor y rabia. "Esas son condiciones inaceptables para cualquier gobierno y demuestran que el Fondo es un absoluto ignorante de lo que pasa en este país", anotó indignado un alto funcionario.
En términos globales, lo escrito por el FMI demostró que por más reuniones en Seúl y expresiones de buena voluntad sobre un "nuevo escenario", en el que supuestamente habría espacio para el crecimiento económico, el organismo mantiene la misma ortodoxia en el manejo de la economía que desde sus comienzos. Los ajustes deben ser extremos y apuntar hacia la contracción de la demanda, a cambio de generar un superávit en el sector externo que permita atender los pagos de la deuda. Las consecuencias de ese diagnóstico se ven hoy en día en cualquiera de las economías latinoamericanas: desempleo, recesión y agudización de los problemas sociales.
En el caso concreto de Colombia las metas que fijó el Fondo para 1986 le impiden al país salir definitivamente de la postración actual. En concepto del organismo, el producto interno debe crecer en un 3%, los precios en un 15% (contra un 23% este año), el déficit fiscal debe llegar hasta un 3.5% del PIB (la cifra es de 4.9% en 1985) y las reservas internacionales deben aumentar en 220 millones de dólares.
Para lograr esos objetivos, el Fondo piensa que se debe continuar el marco recesivo actual de limite a los salarios, cuyo incremento debe estar por debajo del 20%, y de control al gasto público, para llevar el déficit fiscal a niveles comparables a los de la decada pasada. Adicionalmente, se insiste en la liberación comercial para permitir mayores importaciones, la eliminación del CERT y una devaluación del peso por encima de la inflación. Todo combinado con controles monetarios fuertes y el sistema actual de liberación de tasas de interés.
Semejantes planteamientos horrorizaron a la mayoría de los especialistas. En opinión de éstos, el ajuste ha sido muy satisfactorio y el Fondo, lejos de reconocerlo y permitir una situación más holgada, exige apretar las clavijas todavía más.
En particular, se discute la necesidad de continuar el ajuste fiscal a ese ritmo, lo cual haría incompatible la ejecución de ciertos programas necesarios dentro del sonado "año social" de la administración Betancur. Fuera de eso, la parte de comercio exterior debe seguir regulada y aunque algunas posiciones arancelarias se han liberado, la columna de la política sigue siendo la misma tanto en importaciones como en exportaciones.
Quizá el punto en el que se hizo más énfasis al apartarse del diagnóstico del Fondo, fue el que tuvo que ver con la devaluación. Para evitar que se generen expectativas que pueden producir una eventual fuga de capitales en dólares, el ministro de Hacienda fue particularmente enfático al anotar que "no podemos aceptar que, sin haber ocurrido un hecho económico excepcional e imprevisto, Colombia deba tener en 1986 devaluaciones superiores a las necesarias para mantener la paridad real que nos propusimos alcanzar este año".
La otra cara de la moneda en el diagnóstico del Fondo la constituyó él recomendar políticas de "sentido común", como dijera El Tiempo. En particular, el gobierno quedó comprometido con la esperada alza en la gasolina, la cual estaba planeada para hacerse efectiva cuanto antes y que ahora tendrá un posible margen de espera para que la clase política no afirme que el gobierno "se entregó al Fondo". Tal como anotara el jefe del Departamento Nacional de Planeación, Jorge Ospina, "la gente empieza a pensar que todas las medidas se toman por que el Fondo lo dice".
No obstante el aplazamiento de algunas decisiones, ello no implica que el programa económico de la actual administración vaya a cambiar. En su carta a De Larosiere, el ministro Palacios fue enfático en afirmar que "a pesar de los nuevos e innecesarios obstáculos que se nos han impuesto con esta infidencia perseveraremos en nuestros objetivos".
Por ahora, la siguiente tarea del gobierno es la de que los bancos privados terminen la suscripción del contrato de préstamo, de tal manera que para mediados de diciembre se empiecen a recibir los dólares en el Banco de la República. En los medios oficiales había cierta preocupación de que el documento del Fondo haya generado nerviosismo entre la comunidad financiera, pero altos funcionarios insistieron en que no habría ningún problema.
Adicionalmente, quedó definido que el programa de 1986 acabará discutiéndose en el primer trimestre del próximo año, pese a las posibles dificultades políticas que esa decisión implica. Sin embargo, el gobierno quiere demostrar que tiene la sartén por el mango y que una vez acordadas las prioridades para 1986, "las presentaremos como información a una misión del Fondo Monetario Internacional para que éste continúe apoyando nuestros esfuerzos".--

Los puntos de la discordia
Varios de los puntos mencionados en el documento del Fondo Monetario levantaron una gran polvareda por las implicaciones políticas y sociales que tendría una eventual aceptación de estas opiniones por parte del gobierno nacional. Adicionalmente, se produjeron críticas por un supuesto manejo irresponsable de la información por parte de la prensa debido a fallas de interpretación y traducción. Con el fin de clarificar ambas posiciones, SEMANA presenta algunos de los apartes más significativos del controvertido escrito:
"El Staff recomendará el uso de un apropiado manejo de la demanda, los ingresos y las políticas de tasas de cambio, junto con pasos adicionales hacia un sistema de cambio y comercio significativamente menos restrictivo".
"El programa de las autoridades para 1986 debería buscar la obtención de un superávit global de cerca de 200 millones de dólares en la balanza de pagos".
"La misión examinará con las autoridades si tal política de tasas de cambio (la llevada actualmente) sería suficiente para conseguir los objetivos de balanza de pagos, dada la necesidad de continuar el proceso de liberación cambiaria y comercial. El actual pensamiento del Staff es que una depreciación real adicional es necesaria".
"Las autoridades han manifestado ya su intención de desmontar los certificados de crédito de impuestos (CERT) concebidos a los exportadores. El Staff examinará el progreso en esta úrea y buscará una eliminación completa de esos certificados en 1986".
"El Staff buscará asegurar que la reducción del déficit (fiscal del gobierno central) sea conseguida primariamente a través de una política de restricción del gasto".
"La misión considerará el impacto en los ingresos (del sector público) de los aumentos en impuestos aprobados en diciembre de 1984. Buscará también remover la sobretasa del 8% a las importaciones contenida en el programa 1985".
"Será también importante que los precios de la electricidad, la gasolina, el servicio telefónico y otros productos y servicios proveídos por el sector público sean ajustados para reflejar cambios en la tasa de cambio y otros costos".
"La política de tasas de interés debería continuar siendo suficientemente flexible para promover el crecimiento del ahorro financiero doméstico y contribuir a una asignación eficiente de recursos".
"El Staff resaltará ante las autoridades la necesidad de guardar el incremento de los salarios mínimos en 1986 por debajo del aumento del 20% concedido este año".

Caso para James Bond
La publicación del documento del Fondo, hecha por el diario El Tiempo en su edición del martes pasado, cayó como una bomba en los círculos especializados del país. Sin embargo, es probable que donde más se sientan las consecuencias de la explosión sea en un edificio que queda sobre la avenida Pennsylvania en pleno Washington D.C. y que alberga a los miles de economistas que trabajan para el FMI. En efecto, por segunda vez en este año un memorando interno del Fondo llega a manos de la prensa colombiana, violando la reserva de una de las instituciones más "paranoicas" por guardar sus secretos.
La noticia le creó un "tremendo disgusto" al francés Jacques De Larosiere, director de la entidad, y originó una de las operaciones más curiosas de "contraespionaje económico" de que se tenga memoria. Es así como la semana pasada llegaron al aeropuerto Eldorado una serie de investigadores del Fondo con el objetivo de reunir todas las pistas que conduzcan a atrapar al culpable. Entre las labores de los "detectives" se encontraba la de conseguir todas las copias posibles del escrito publicado y acudir al intermediario colombiano que le facilitó a la prensa los planteamientos secretos del Fondo Monetario.
Y es que lo único que quedó confirmado es que sí hubo un intermediario colombiano que consiguió el documento en Washington y se lo facilitó a la prensa. La mayoría de los gremios económicos lo tenía en su poder desde comienzos de octubre y en los círculos del gobierno se supo que existía la semana pasada.
Según informaciones de la capital norteamericana, por culpa del documento ya habían empezado a rodar algunas cabezas de funcionarios del Fondo y se pensaban introducir nuevos procedimientos de control interno. El precedente de una filtración es tan grave que podría llegar a comprometer la imagen de la entidad internacional ante la comunidad financiera del mundo. Si se mira la lista de funcionarios a quienes se les envió copia queda en claro que, aparte de éstos, una treintena de personas entre técnicos y secretarias conoció el contenido del documento.
Sobre este grupo deben estar concentrados los investigadores del FMI en su afán por limpiar la reputación del organismo. Aunque es factible que, dada la gravedad del asunto, se logre encontrar al culpable, no deja de resultar irónico que con todo y sus controles, la malicia colombiana se las ingenie para romper las barreras que imponen el secreto absoluto, dentro de los muros del edificio del Fondo Monetario Internacional.

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