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| 6/9/1986 12:00:00 AM

EL GATO ENCERRADO

Muchos salpicados y una multimillonaria cuenta misteriosa en el caso de la investigación tributaria a Incelt

EL GATO ENCERRADO EL GATO ENCERRADO
Los grandes escándalos en la prensa se inician generalmente con informaciones de primera página y sólo cuando el tema parece estar comenzando a aclararse, pasa a ser analizado en páginas editoriales, donde se sacan las conclusiones y se fija la posición del medio frente al caso. Esta costumbre periodística se rompió hace algunos días cuando el diario El Tiempo publicó un editorial en su edición del 1° de mayo titulado "¿Qué gato hay encerrado?", para referirse a los interrogantes que planteaba una investigación de rutina sobre evasión del impuesto a las ventas (IVA) por parte de una productora de electrodomésticos, Incelt S.A., de propiedad del empresario Jaime David Dreszer, figura prominente de la comunidad judía.
Para la inmensa mayoría de los lectores, esta era la primera información que conocían sobre el caso y el asunto pareció bastante confuso. El editorial planteaba interrogantes sobre la posible participación de "figuras influyentes" que habrían intentado favorecer a la firma investigada frente a los funcionarios de la Administración de Impuestos. Los lectores debieron esperar una semana antes de enterarse de los pormenores del caso que, por demás, resultaron bastante complicados, como pudo evidenciarse en un extenso informe de la Unidad Investigativa de El Tiempo.
La historia había comenzado a principios de marzo del año pasado, cuando en cumplimiento de un nuevo programa de fiscalización de recaudo del IVA, la Administración de Impuestos inició una visita de 3 meses a la firma Incelt. Los visitadores descubrieron a las pocas semanas que había una serie de pagos por un total de 205 millones de pesos a tres compañías que resultaron, según averiguaciones posteriores, proveedores ficticios. No parecía difícil supone que la intención de esas operaciones no era otra que la de evadir obligaciones del impuesto a las ventas. Las tres compañías tenían nombres bas tante curiosos: Métodos Ltda., Proceso Ltda. y Elipsis Ltda. Su representante legal resultó ser el asesor tributario Juan Manuel Silva Nigrinis un curioso personaje segun lo describió El Tiempo y quien, al ser visitado por los funcionarios de Impuestos los recibió "a las patadas", sacando a empujones de su oficina al jefe de programa de fiscalización del IVA Fernando Zarama Vásquez.
Ante la imposibilidad física de efectuar una revisión de los archivos de las compañías de Silva Nigrinis, los investigadores regresaron a Incelt y se dedicaron a analizar todos los documentos que vinculaban a esta firma con las tres compañías. Facturas, órdenes de pago y cheques fueron fotocopiados y estudiados y las pistas condujeron a los investigadores a una cuenta bancaria, abierta al parecer a nombre de personas que habían sido suplantadas, cuyo movimiento rompía todos los récords conocidos. En efecto, la cuenta en el Banco Tequendama llegaba a contar con fondos hasta de 6 mil millones de pesos y había movido, en el segundo semestre del 84, cerca de 3.300 millones.
La cuenta estaba a nombre de una aseadora que, obviamente, nada tenía que ver con el caso, pero averiguaciones hechas por el DAS establecieron que en realidad pertenecía o era manejada por un ciudadano extranjero llamado Helmut Gunther, quien había abandonado el país en enero de 1985.
La primera versión que se tejió alrededor de esa cuenta y de su inusitado movimiento fue que se trataba de un fondo para la obtención de grandes sumas de dinero en efectivo, destinadas al pago de secuestros. Esta infarmación fue desmentida por el propio diario El Tiempo y por numerosos representantes de la comunidad judía. En realidad, SEMANA ha podido establecer que la cuenta descubierta accidentalmente, es ni más ni menos que el eje de una gigantesca operación para sacar dólares del país.
Un conocedor del caso comentó a esta revista: "Esa cuenta es el Banco de la República de los cambistas".
Pero ni el asunto de la evasión de impuestos ni el objetivo de la cuenta eran el centro de las denuncias del artículo de la unidad Investigativa, sino las supuestas presiones que personajes influyentes ejercieron o intentaron ejercer alrededor de la investigación.
Los nombres mencionados a este respecto en forma directa fueron los de la directora de Impuestos Nacionales, Ana María Cuéllar de Jaramillo y el ex viceministro y hombre de confianza de Alvaro Gómez, Rommel Hurtado. Indirectamente, estaba vinculado el presidente Belisario Betancur, a quien nadie acusaba de frente, pero cuya cercana amistad con el industrial Dreszer era siempre puntualizada. Se hacía mención a un desayuno de Betancur y Dreszer que habría tenido lugar en el Palacio de Nariño y cuyo objeto habría sido el de tratar el problema del industrial. Igualmente, algunos dardos apuntaban de refilón hacia el ministro de Hacienda, Hugo Palacios Mejía, por haber patrocinado una reunión en su despacho con el asesor legal tributario de Dreszer, Alvaro Arango Mejía, de la firma Price Waterhouse, el secretario jurídico de la Presidencia Guillermo Salah, la directora de Impuestos y otros funcionarios del Ministerio.
Hurtado estaba simplemente acusado de haber opinado en la Administración de Impuestos, que se les estaba "yendo la mano" en la investigación a Dreszer, su amigo personal.
A la directora de Impuestos la sindicaban de haber ordenado que no se investigara la cuenta de los 6 mil millones. Furibundas respuestas vinieron inmediatamente de los dos inculpados. Hurtado, sin negar nada, invocó el derecho de petición de cualquier ciudadano ante cualquier caso, dentro de los cauces legítimos. La doctora Cuéllar de Jaramillo, acusó a un subalterno de haber mentido al respecto y a El Tiempo de irresponsable, deshonesto y difamador. El episodio parecía haber quedado en la confrontación de la palabra de la directora de Impuestos contra la de un subalterno. El origen real del problema consistía en que la doctora Cuéllar de Jaramillo era una persona sin ninguna experiencia en el sector público que había desafiado las reglas del juego en un intento de purificar la Administración de Impuestos. Decidió cambiar el concepto de que se hicieran investigaciones en empresas sin motivo existente alegando que había que buscar primero el motivo y luego la empresa y no al revés. Pero una acusación sobre la cual había más acuerdo que sobre la de obstruir una investigación, era la del haber incurrido en el error táctico, y antifeminista, de haberse presentado, una mujer inteligente, autónoma y respetada profesionalmente como ella, en compañía de su esposo Juan Diego Jaramillo, director de ANIF, en las oficinas de El Tiempo, para defenderse de un cargo de tipo profesional en el que nada tenía que ver su marido, cuya agresividad verbal, según la Unidad Investigativa, impidió un diálogo con la funcionaria.
La verdad del episodio era que la culpabilidad de todo el mundo en este caso podia relativizarse. El señor Dreszer era alguien muy bien conectado que, al enfrentarse a un problema tributario serio, recurrió a sus influencias para tratar de salir mejor librado. Todos lo oyeron y algunos trataron de echarle una mano, pero lo cierto es que hasta ahora no existe evidencia concluyente sobre actuaciones ilegales. La situación se manejó como se manejan a ese nivel las cosas en Colombia. Pero sin duda, la pata más interesante del gato encerrado será la cuenta para la multimillonaria compra de dólares cuya investigación esta apenas comenzando. --

EDICIÓN 1879

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