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| 12/11/2000 12:00:00 AM

El ISS toca fondo

Se embolató la cirugía que el gobierno se proponía hacer para salvar al Seguro Social. Sigue la incertidumbre., 44310

El ISS toca fondo, 44310 El ISS toca fondo
Más de 30.000 funcionarios y seis millones de afiliados del Instituto de Seguros Sociales (ISS) aguardan el desenlace de la crisis que estalló la semana pasada cuando Jaime Arias, presidente de la entidad, reconoció el fracaso del gobierno en su propósito de reestructurar el Instituto. Mientras se adelantaban las negocia-

ciones con el sindicato, impulsadas por el ministro de Trabajo, Angelino Garzón, se agotó el tiempo para hacer la profunda cirugía que se requiere para detener el desangre financiero de la entidad. Y Arias, que anunció su próximo retiro, expresó públicamente su frustración por la que llamó “una pequeña victoria del sector sindical muy costosa para el país”.

El Seguro ha tenido problemas durante años pero su situación financiera nunca había sido tan grave como ahora. Este año el déficit de la entidad será de más de 600.000 millones de pesos, y si sigue como va el año próximo el resultado será aún peor. Y ahora que las finanzas públicas están tan deterioradas no es nada fácil encontrar los recursos para cubrir este faltante. Por eso el gobierno no ha parado de buscar la forma de sanear en forma definitiva la máquina de perder plata en que se convirtió el ISS.

Los esfuerzos empezaron desde los primeros meses de la administración Pastrana. Ya en el Plan Nacional de Desarrollo aprobado en 1999 se planteaba la posibilidad de dividir el ISS y manejar separadamente los negocios de salud y seguros para lograr una mayor eficiencia. Pero esta medida —que aún no se ha hecho realidad— no era suficiente y el gobierno siguió explorando otras alternativas, como el control a la evasión de los aportes y la aplicación de técnicas de gestión más modernas.

Pero nada de esto alcanzó. La convención colectiva —que permite a los trabajadores jubilarse cinco años antes que todo el mundo y les otorga cesantías retroactivas y primas generosas— es sumamente costosa. Tanto que este año el Instituto deberá destinar cerca de 300.000 millones de pesos —la mitad de su déficit— únicamente para pagar las pensiones de sus propios ex empleados. Por eso era claro que la solución de los problemas financieros del ISS requería renegociar a fondo los beneficios de la convención colectiva de trabajo. Algo nada fácil, pero el gobierno insistió.



La tentación

Una forma de lograrlo era mediante una fórmula similar a la que se aplicó —con éxito— en la Caja Agraria: liquidar el ISS y crear inmediatamente una —o varias— entidades ‘cero kilómetros’ para reemplazarlo. De esta forma se podría contratar incluso a los trabajadores actuales, pero en condiciones laborales muy distintas, y la entidad sería viable.

El gobierno estuvo tentado por esa solución. El borrador de un documento oficial que se filtró a los medios de comunicación en junio, si bien no planteaba explícitamente la liquidación sugería una medida de este estilo. En el primer semestre de este año hubo intensos debates entre altos funcionarios del gobierno en torno a este tema, pero no lograron ponerse de acuerdo. Y es que la fórmula tenía un problema. Para liquidar a los trabajadores el gobierno tenía que desembolsar en forma inmediata más de un billón de pesos. Si bien esos recursos se ‘recuperarían’ al eliminar el déficit de la entidad hacia el futuro era mucho dinero en momentos de iliquidez. En el Ministerio de Hacienda no estaban de acuerdo.

En medio de estas discusiones el tiempo pasó y hubo cambios en el gabinete. Con la llegada de Angelino Garzón a la cartera de Trabajo la suerte del ISS cambió de rumbo. Al poco tiempo de entrar el nuevo Ministro quedó claro que, cualquiera que fuera la medida adoptada para salvar al ISS, ésta tendría que ser concertada con el sindicato de la entidad, los empresarios, los directivos del Seguro y el gobierno.

No había mucho tiempo para llegar a un acuerdo. En agosto Jaime Arias anunció que la entidad tenía plata hasta octubre y que si el gobierno no le prestaba 350.000 millones de pesos no tendría recursos para acabar el año. El gobierno, a su vez, no giraría la plata si el ISS no hacía una reestructuración de fondo. Además la solución elegida seguramente tendría que pasar por el Congreso, y para que se aprobara este año tenía que ser presentada con anticipación.

Se inició entonces una carrera contra reloj para llegar a un acuerdo. A mediados de octubre los directivos del ISS propusieron la división del Seguro en dos empresas, lo cual de alguna manera suponía borrón y cuenta nueva en materia laboral. Después el ministro Garzón complementó esta propuesta con una idea que llamó mucho la atención: que los actuales trabajadores del Instituto se volvieran socios.

Se trataba sin duda de una posibilidad interesante ya que, al volverse dueños, los trabajadores estarían más interesados en la viabilidad de la empresa que en mantener los privilegios de su convención colectiva. Pero el sindicato, que dejó abierta la posibilidad de renegociar la convención, se negó a aceptar una modificación de la actual estructura jurídica del ISS, que era la clave de la propuesta del gobierno. No hubo acuerdo y se acabaron la plata y el tiempo.

“Por no enfrentar una crisis lo que se termina haciendo es demorar y em-

peorar los problemas”, explica Arias. La transformación del Seguro se tendrá que hacer, quizá dentro de dos o tres años, pero será mucho más costosa de lo que sería hoy. Pero el Ministro de Trabajo no es tan pesimista y afirma que “dentro de la actual estructura jurídica se deberán negociar puntos de la convención colectiva que hagan viable el Seguro”.

Esta historia ha puesto en evidencia las contradicciones que hay dentro del gobierno. Lo que para Arias y otros en Hacienda y Planeación es una derrota, para otros, como el ministro Garzón, son simples gajes del oficio de la concertación. Muchos funcionarios del gobierno no encuentran sentido en mantener el ISS tal como está ya que es una verdadera ‘aspiradora’ de recursos, los cuales se pierden en un laberinto de ineficiencia y corrupción. Pero Garzón insiste en que no es sólo un problema financiero y la entidad presta una función social que no se puede dejar de cumplir.

La discusión entre unos y otros podría seguir eternamente de no ser porque los recursos del ISS tocaron fondo. No tardará en declararse incapaz de cubrir su enorme nómina y los problemas de funcionamiento, sobre todo en prestación de servicios de salud, se agravarán aún más. Por eso es posible que el Ministerio de Hacienda termine girando los 350.000 millones que le ha pedido prestados el ISS, aún si éste último no cumple las metas de reestructuración. Porque lo peor que había podido hacer el gobierno en el caso del Seguro era no hacer nada. Y esto es precisamente lo que está haciendo.

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