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| 9/9/1996 12:00:00 AM

EL PRECIO DE UNA REBAJA

EL PRECIO DE UNA REBAJA EL PRECIO DE UNA REBAJA
El precio de una rebajaA los compradores de La Rebaja les llegó el momento de demostrarle al mundo la diferencia entre las drogas legales y las ilegales.Si hay una empresa de los familiaresde los Rodríguez Orejuela que ha dado de qué hablar es Drogas La Rebaja. Y es así, no sólo porque existe desde 1972 y son muchos los clientes que han tocado sus puertas, sino porque su nombre ha sido protagonista en varios capítulos de la historia de los últimos años. La Rebaja, la cadena de droguerías más grande del país, cuya contabilidad estuvo alguna vez en manos del hoy famoso informante Guillermo Pallomari, fue blanco del narcoterrorismo en la lucha entre los carteles de la droga en la década de los 80. Y desde el año pasado ha sido uno de los focos del gobierno de Estados Unidos, a través de las órdenes ejecutivas del presidente Bill Clinton que buscan complicarle la vida a las empresas del narcotráfico. Y también ha sido víctima del bloqueo de cuentas en los bancos, que no quieren tener nada que ver con negocios que puedan ser ilícitos.De ahí que los 4.180 trabajadores directos que tiene la droguería en todo el país decidieran hace un año que no podían quedarse con los brazos cruzados esperando a que les llegaran más dardos y quedaran, de pronto, en la calle. Fue entonces cuando entraron a estudiar la posibilidad de comprarle la empresa a Jaime Rodríguez, su antiguo dueño y gerente.Las ideas se les convirtieron en necesidad el 22 de octubre del año pasado, luego de la orden de Clinton que les prohibió a las multinacionales norteamericanas tener cualquier negocio con empresas vinculadas al narcotráfico, lo que en últimas las obligaba a dejar de venderle sus productos a compañías como La Rebaja. Aunque estas no eran las únicas proveedoras de la empresa sí eran significativas, pues la cadena de droguerías no podría seguir contando con marcas como Colgate-Palmolive, Pfizzer y Johnson & Johnson, por sólo mencionar algunas.Como si eso fuera poco, el 10 de noviembre se hizo pública la noticia del cierre de sus cuentas en los bancos y las corporaciones de ahorro y vivienda. Así, sólo les quedó la opción de guardar el dinero resultante de las ventas en las bodegas de los almacenes, lo que resultó siendo una tentación para los ladrones que atracaron varios locales.Era evidente entonces para los trabajadores que tenían que hacer algo. Y lo hicieron. El primer paso fue conformar una cooperativa y conseguir la personería jurídica, lo que ocurrió en noviembre del año pasado. Lo siguiente fue organizar una verdadera correría por todas las entidades oficiales que tuvieran algo que ver con el negocio, para saber qué tenían que hacer, aclarar dudas sobre si podían comprar La Rebaja y dejar en claro que cualquier operación sería abierta y transparente. Según María Teresa Quiazúa, del consejo de administración de la cooperativa, "antes de firmar cualquier contrato queríamos tener claridad sobre en qué estatus estábamos y poner las cartas sobre la mesa". En esas pasaron por los ministerios de Trabajo y Justicia, la embajada de Estados Unidos, las superintendencias de Sociedades y Bancaria, la Fiscalía General de la Nación y la Dirección Nacional de Estupefacientes, entre otras.Uno de los primeros en recibir la visita de los trabajadores fue el superintendente de Sociedades, Darío Laguado. En su concepto, "la Superintendencia no tenía que hacer ningún trámite en relación con la venta de Drogas La Rebaja. Sin embargo les colaboramos en el proceso porque hay que encontrar la forma de armonizar los problemas penales con los empresariales. Las compañías deben ser vistas como algo independiente de sus accionistas, y aunque perezcan los empresarios deben salvarse las empresas".Y ese ha sido en realidad el principio que ha guiado a todas las entidades oficiales que han recibido a la cooperativa de trabajadores de Drogas La Rebaja: aunque sus dueños sean familiares de los Rodríguez Orejuela son muchos los trabajadores que están de por medio como para no darles una mano. No obstante, ninguno ha ido más allá de escucharlos y de pronto aconsejarles qué hacer. Y aunque los trabajadores quisieron, por ejemplo, que el ministro de Justicia, Carlos Medellín, les avalara el proceso de compra, él no lo hizo. En su concepto, "eso sería extralimitarme en mis funciones, y así lo manifesté".Pero aun sin el aval la cooperativa siguió en su proceso, y el 31 de julio cerró la compra de Drogas La Rebaja, una compañía que tiene 340 puntos de venta en 119 municipios, con una participación de mercado del 17,5 por ciento. Las ventas en sólo cinco de sus siete sociedades llegaron a 87.076 millones de pesos el año pasado y las utilidades sumaron 2.475 millones de pesos _ver cuadro_. No obstante, hubo algunas que vieron disminuir sus ganancias, como las distribuidoras de Bogotá, Cali y Neiva.En principio la empresa fue valorada por 75.000 millones de pesos, pero después de las negociaciones se llegó a la cifra de 31.268 millones de pesos, que serán pagados por los trabajadores a 10 años con las utilidades de la empresa y tasas de interés que oscilan entre 1,6 y 2,9 por ciento mensual.Una vez firmada la compra-venta, Drogas La Rebaja cambió de timonel y pasó a ser de los trabajadores. En diálogo con SEMANA, el antiguo dueño y gerente de la empresa, Jaime Rodríguez Mondragón, hijo de Gilberto Rodríguez, dijo que "es muy triste tener que vender, porque se trata del esfuerzo de toda una época por tener una empresa exitosa. Pero no había más salidas y teníamos que pensar en los trabajadores".Las durasHaber logrado comprar la compañía es un buen paso . Sin embargo la verdad es que es apenas una parte de la historia. Pues aunque para muchos trabajadores la transacción parece el fin de un capítulo, aún es mucha el agua que puede correr por debajo del puente. Al fin y al cabo, pocos dichos son tan ciertos como ese que dice 'cría fama y échate a dormir'. Y en este caso a la cooperativa que quedó a cargo de La Rebaja le va a tocar luchar contra un estigma difícil de borrar: la percepción de que la empresa ha estado vinculada al narcotráfico.Así, lograr que la gente crea que una empresa como ésta cambió realmente de dueño es una ardua tarea. Al respecto, Carlos Medellín le comentó a SEMANA, "al menos tenemos la garantía de que la negociación ha sido planteada abiertamente, con las cédulas de todos los trabajadores en la mano y poniendo la cara. Así no se hacen las operaciones de lavado, y eso inspira cierta tranquilidad". Y ese fue uno de los grandes éxitos que la cooperativa de trabajadores logró: dejar la sensación de que todo sería limpio.Pero no sólo con el gobierno es la lucha de credibilidad. Por el otro lado se encuentran los bancos, que están prevenidos y es difícil que se arriesguen rápidamente a reabrir las cuentas de empresas que han sido cuestionadas y que los podrían meter en problemas, aun cuando la Superintendencia Bancaria no ha dicho nada sobre si hicieron bien o mal al bloquear las cuentas de La Rebaja. Y aunque la cooperativa de la droguería ha hecho toda una labor de lobby para lograr que los bancos vuelvan a abrirles sus puertas, aún no se sabe cuál es la decisión que van a tomar.Y si las cosas con los bancos no han sido fáciles, tampoco lo serán con el gobierno de Estados Unidos, y por ende con las empresas de ese país. De ahí que la cooperativa de trabajadores le haya parado tantas bolas a las conversaciones que sostuvo con la embajada norteamericana, en donde aprovechó y se reunió también con miembros de la DEA. A ellos les llevó fotocopia de las cédulas de todos los trabajadores que compraron la compañía y otros documentos, para demostrarles quiénes eran los que iban a comprar.Además de eso, la labor de cambiar la fama se queda pequeña frente a otra lucha que tendrán que afrontar: la de las investigaciones que cursan en la Fiscalía General de la Nación. Según una fuente de la entidad consultada por SEMANA, hay algunas droguerías embargadas y la Fiscalía las está investigando una por una para averiguar si La Rebaja es producto de dineros ilícitos. Así, la verdad es que la empresa está aún en el limbo, pues adelantarse a lo que va a ocurrir con las investigaciones es imposible.Al respecto, el mayor riesgo que corren los nuevos compradores es que se apruebe el proyecto de ley que desarrolló los artículos de la Constitución en materia de extinción del derecho de dominio a los bienes que son fruto de actividades ilícitas. Como dijo el ministro Medellín, "lo grave es que, de ser aprobada, la ley estaría enfocada hacia los bienes y no hacia las personas". Eso quiere decir que si se comprueba que Drogas La Rebaja es producto del enriquecimiento ilícito, aun cuando haya cambiado de dueños, como las acciones recaen sobre los bienes podría haber extinción del derecho de dominio.La esperanza es que el proyecto de ley también contempla la protección a los terceros de buena fe. Y aunque el Ministro prefirió no referirse a este principio en el caso de La Rebaja, es posible asimilar el concepto a otro tipo de transacción, como la compra de un vehículo. Si alguien compra un carro que pertenecía a un narcotraficante, el día en que se compruebe que éste hizo parte de un patrimonio ilícito no necesariamente habrá que decomisarle el carro al comprador, porque es posible que él haya actuado de buena fe.Saber si la cooperativa que agrupa a los 4.180 empleados va a tener que llegar a ese recurso es imposible. Al fin y al cabo el proyecto ni siquiera ha sido aprobado, y de serlo tampoco se sabe qué vaya a ocurrir con el caso de La Rebaja. No obstante, lo cierto es que a todos les toca prepararse para cualquier cosa, pues no es fácil borrar la historia y pretender arrancar de cero. Pero más allá de eso, la verdad es que la venta de Drogas La Rebaja no sólo es importante para los trabajadores que la compraron, sino para los familiares de los Rodríguez Orejuela. Al fin y al cabo, de la suerte que corra depende toda una estrategia que ellos han planeado para liquidar sus empresas, vendiéndoselas a sus trabajadores y así acabar con el estigma que los persigue.

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