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| 9/21/1992 12:00:00 AM

EL ULTIMO SORBO

Los municipios del eje cafetero comienzan a sentir el impacto de la crisis.

EL ULTIMO SORBO EL ULTIMO SORBO
BAJO EL CIELO PLOMIZO de Chinchiná corren vientos de tormenta. Y no son el presagio propiamente de las lluvias del segundo semestre. Es el nubarrón de la crisis económica que cubre a una de las principales regiones cafeteras del país y que se extiende irremediablemente por el eje cafetero.
Por las calles de los pueblos del viejo Caldas, donde todo huele a café, deambulan miles de hombres llegados de distintas regiones del país a la espera de que los capataces de las fincas los contraten para recoger la cosecha cafetera de los próximos tres meses. Pero en esta oportunidad, a diferencia de otros años, no habrá trabajo para tanta gente y el salario que devengarán por carga de café cogido estará muy por debajo del que ganaron el año pasado. Los 45 pesos por kilo que recibieron en 1991, se reducirán a 30 en la cosecha que se avecina.
Y es allí donde radica el peligro de esta crisis. Porque a diferencia de otros años, cuando el ingreso de los productores se pudo mantener, la presente cosecha llega con un precio interno rebajados y eso se sentirá en el campo. O mejor, se está empezando a sentir. Los robos en las haciendas, los atracos en los pueblos, los asaltos bancarios, no son otra cosa, de acuerdo con los expertos, que el primer síntoma de la grave situación social que se avecina. Año tras año, la caficultura emplea millares de colombianos en las labores de recolección. Solamente a Chinchiná llegarán en las próximas semanas más de 20.000 personas buscando recoger todo el café sembrado. Pero sólo habrá trabajo para la mitad. "No sabemos qué vamos hacer con los demás.
Eso nos va a generar un problema social muy grave. Los índices de violencia y delincuencia común van a multiplicarse en una zona donde muy de vez en cuando ocurre un robo", señaló a SEMANA Carlos Castaño, capataz de una de las principales haciendas de la región. El deterioro del orden público no es sin embargo, el único riesgo para la región. El comercio ya comenzó a sufrir los primeros rigores de la crisis. En Armenia las ventas decayeron en un 35 por ciento en los dos últimos meses. En Pereira la situación es similar. Para los comerciantes de la zona, la época de cosecha es comparable con las ventas de diciembre. Pero como van las cosas, este año serán peores que las de enero.
Las bodegas de los almacenes están repletas de artículos y el número de clientes cada día es menor. Es más, si la situación sigue como está, los comerciantes de Pereira estudian la posibili dad de reducir la nómina de sus trabajadores. "Nadie ha entendido la dimensión de esta crisis. Nosotros somos una región netamente cafetera. En solo Caldas hay 35 mil productores y alrededor de ellos se mueve el resto de la economía. Lo mismo ocurre con Risaralda y Quindío. Si esta crisis se prolonga todos quedaremos en bancarrota", le dijo a SEMANA Jorge Manrique Londoño, presidente del Comité de Cafeteros de Caldas.
Pero el viacrucis va mucho más allá. Por Caldas, Risaralda y Quindío, otrora remansos de paz, comenzó a rondar el fantasma de la guerrilla. El secuestro y el boleteo tiene alejados a los caficultores de sus fincas. Y muchos de ellos han tenido que manejar la crisis desde sus oficinas en la ciudad, por temor de ser secuestrados.
"Este problema se agravará en los próximos meses. La guerrilla aprovechará la cosecha para infiltrar a su gente y eso hará más difícil el problema que atravesamos. A las fincas llega de todo y no podemos seleccionar a la gente a pesar de las medidas de seguridad que se toman en los pueblos con la colaboración de la policía", señaló Alberto Jaramillo, miembro del Comité de Cafeteros de Caldas.
Y el peligro va mucho más allá. Porque una vez se acaben los recursos cafeteros, los pueblos productores de café quedarán literalmente dejados "de la mano de Dios". Los comités de cafeteros departamentales tendrán que reducir en una gran proporción sus aportes para el desarrollo social de las zonas. Es más, ya lo están haciendo. La inversión en acueductos, carrete ras, centros de salud, escuelas y centros de recreación llega hoy apenas a un 50 por ciento de lo que se invirtió en años anteriores. "Ese será el gran reto que tendrá el Gobierno. Durante muchos años fuimos el "papá" del desarrollo social del Quindio. Ahora no hay plata para continuar con ese plan. El Gobierno, que nos ha dado la espalda en este momento de crisis, tiene la obligación de meterse la mano al bolsillo y continuar con las obras. Si no lo hace esta zona cafetera será igual a las regiones ganaderas donde la guerrilla acabó con todo", manifestó a SEMANA Alberto Montoya Fayad, presidente del Comité Departamental de Cafeteros del Quindío. Si bien es cierto que los primeros brotes de orden público son síntoma de la crisis que se avecina, ésta se ha podido conjurar gracias al desarrollo social que adelantaron en esta región los comités de cafeteros en la época de vacas gordas. Pero el panorama no es muy alentador: si el problema continúa y los precios internos y externos del café siguen en picada los caficultores temen que Caldas, Risaralda y Quindío se conviertan en una zona conflictiva, donde la guerrilla y la delincuencia común caminarán cogidos de la mano por campos donde hasta hoy ha reinado la paz.

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