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| 12/1/1997 12:00:00 AM

FIEBRE AMARILLA

FIEBRE AMARILLA, Sección Economía, edición 809, Dec  1 1997 FIEBRE AMARILLA
Tradicionalmente octubre ha sidoun mes nefasto para los mercados financieros internacionales. En 1929, dos caídas consecutivas de 12,8 y 11,7 por ciento en el índice Dow Jones de la Bolsa de Nueva York los días 28 y 29 de octubre precipitaron la peor depresión económica de la historia mundial. Hace 10 años, el 19 de octubre de 1987, el Dow Jones cayó 22,6 por ciento _la mayor baja en sus 100 años de existencia_ llevándose por delante en pocas horas un billón de dólares de valor _más de 20 veces el Producto Interno Bruto de Colombia en ese año_ y la vida de varios desesperados corredores. El lunes pasado, la historia se repitió. El Dow Jones cayó 554,26 puntos o 7,18 por ciento _la mayor baja en términos absolutos de su historia y la número 12 en términos porcentuales_ y produjo una onda de inestabilidad que puso a tambalear los mercados financieros en cinco continentes. El acontecimiento que precipitó la caída del índice neoyorquino fue una baja del 5,8 por ciento en la Bolsa de Hong Kong el lunes que se propagó hacia el oeste como un viento huracanado a medida que se abrían los mercados en Europa, Estados Unidos y América Latina. Hong Kong, a pesar de la solidez fundamental de su economía y sus altos niveles de reservas internacionales, se convertía en la más reciente víctima de los ataques especulativos que han sacudido a las economías del sureste asiático en los últimos meses. Detrás de estos ataques está la creencia de muchos inversionistas internacionales de que los sistemas de tasas de cambio estrechamente ligadas al dólar que caracterizan a estos países _incluyendo a Hong Kong_ no son sostenibles en el ambiente de incertidumbre que rodea a las economías de la zona en la actualidad. Hasta ahora, las crisis cambiarias y financieras de los tigres asiáticos habían tenido un impacto limitado sobre los mercados financieros internacionales. Sin embargo, el ataque contra Hong Kong implicaba que este importante centro financiero tendría que aumentar aún más sus tasas de interés para detener la fuga de capitales y posiblemente devaluar su moneda, poniendo en peligro el crecimiento económico no sólo de la isla sino de la China continental, uno de los principales motores de la economía mundial. No obstante, la mayoría de los analistas atribuyeron la caída de los mercados fuera del Asia más al impacto sicológico de lo ocurrido en Hong Kong que a sus posibles efectos económicos. En palabras de Trevor Greetham, estratega global de acciones de la firma Merrill Lynch en Londres, "yo no creo que lo acontecido en los mercados tenga que ver con la situación asiática. Los mercados bursátiles están sobrevaluados y lo que pasó en Hong Kong fue sólo la gota que rebosó la copa. El mercado norteamericano se desplomó y la gente se acordó de que a diferencia de lo que ha ocurrido en los últimos años los mercados también pueden caer".

El Dow JonesLa verdad es que una cantidad creciente de analistas había comenzado a cuestionar la sostenibilidad del vertiginoso crecimiento experimentado por el Dow Jones en los últimos tiempos. El Dow llevaba siete años sin experimentar una caída de más del 10 por ciento _lo que representaba el mercado alcista o bull market más largo de la historia_ y había más que triplicado su valor desde 1990 generando rendimientos anuales promedio cercanos al 20 por ciento en dólares y jalonando de paso a muchos otros mercados bursátiles del mundo. Otros observadores más optimistas sostenían que el factor principal detrás de la imparable corrida del Dow Jones, la fortaleza de la economía norteamericana, permanecía incólume. Tras varios años de crecimiento sostenido con inflación moderada y bajo desempleo en el país del norte varios, incluso, proclamaban un "nuevo paradigma económico" donde ya no se aplica la teoría convencional de que en el corto plazo mayores niveles de crecimiento y empleo generan más inflación. Bajo esta óptica, las comparaciones históricas con base en parámetros como la relación precioutilidades y la relación preciovalor en libros _que llevarían a pensar que el mercado norteamericano sí se encontraba sobrevalorado_ no tenían validez en la 'nueva economía'. La solidez de las economías norteamericana y mundial _excepción hecha del sureste asiático_ permitía esperar aún mayores aumentos en los índices bursátiles.
Los acontecimientos de la semana pasada parecían darle la razón a los más pesimistas, pues a pesar del repunte de los índices norteamericanos y europeos el martes y el miércoles, a finales de la semana las bolsas aún presentaban pérdidas importantes. Sin embargo, los mercados en las principales plazas del mundo tendían a estabilizarse y las posibilidades de un verdadero 'crash' parecían remotas.
Efectos latinos
En América Latina, no obstante, se vivía una tensa calma. Los mercados asiáticos, que en 1995 habían sufrido problemas cambiarios y financieros significativos _aparentemente sin ningún fundamento económico_ a raíz de la devaluación del peso mexicano, le estaban devolviendo el favor a los latinoamericanos. Las bolsas de valores de Brasil y Argentina, las más afectadas por la volatilidad de los mercados financieros mundiales cerraron el jueves con pérdidas acumuladas para la semana de 23,3 y 19,6 por ciento respectivamente. La situación del Brasil era especialmente preocupante. Con déficits importantes en materia fiscal y comercial, rumores de iliquidez en algunos bancos y una tasa de cambio que a juicio de muchos expertos está sobrevalorada, este país se perfilaba como la siguiente víctima de la onda especuladora. El jueves en la noche las autoridades económicas brasileñas anunciaron que duplicarían la tasa de interés interbancaria _a fin de desestimular la salida de capitales del país_ y utilizarían "hasta el último dólar de sus reservas internacionales" para evitar la devaluación del real. La estabilidad de la divisa es la base del exitoso plan económico del presidente Henrique Cardoso, que ha reducido la inflación considerablemente y propiciado un auge económico.Sin embargo, un analista de Wall Street consultado por SEMANA que pidió no ser identificado afirmó: "Cuando el mercado realmente se propone algo no hay poder humano que le impida conseguirlo". Una devaluación del real colocaría a la Argentina _importante socio comercial del Brasil_ bajo inmensa presión y podría también comprometer la estabilidad cambiaria de otros países latinoamericanos.A todo esto, la volatilidad imperante en el resto del mundo ha tenido pocos efectos concretos sobre los mercados colombianos. Las bolsas del país, que cayeron más del 4 por ciento entre lunes y martes de la semana pasada, habían recuperado la mayoría del terreno perdido. A juicio de Juan Manuel Velasco, subdirector internacional de Suvalor, "Colombia es un mercado tan insignificante para los administradores de fondos internacionales que liquidar sus posiciones en el país no les generaría los recursos importantes que necesitan para cubrir sus pérdidas en otros mercados. Además, el mercado es tan ilíquido que si los fondos salen a vender el valor de sus portafolios se desploma". Esto, aunado a que el mercado colombiano todavía presenta valoraciones atractivas, hace que sea poco probable que las acciones sufran una baja pronunciada en el futuro cercano.Desde el punto de vista de la tasa de cambio los analistas perciben un riesgo mayor. A pesar de que la tasa se ha estabilizado desde el martes pasado cuando alcanzó un nivel récord de 1289, si las tendencias devaluacionistas observadas en el Asia se trasladan efectivamente a América Latina es posible que la banda cambiaria se tenga que ajustar precipitando una devaluación del peso. Roberto Klinger, analista de mercados de Corfivalle, estima que en la última semana los inversionistas internacionales en papeles del gobierno sacaron aproximadamente 100 millones de dólares del país. Aunque afirma que cifras de esta magnitud no son suficientes para tumbar la banda, sostiene que un nuevo shock externo podría motivar a los fondos a liquidar el resto de sus posiciones en el país y a los inversionistas locales a demandar cantidades importantes de dólares en el mercado, lo cual podría ocasionar una devaluación. Sin embargo, dado el comportamiento de la tasa de cambio en lo que va corrido del año _el peso ha caído más de un 27 por ciento frente al dólar_ la posibilidad de una crisis cambiaria de la magnitud de las que se han observado en el Asia es bastante remota.Otro factor relacionado a los hechos de la semana pasada que podría empañar el panorama económico del país en el corto a mediano plazo es que se le cierren las puertas de los mercados de capitales internacionales, como ocurrió después de la crisis mexicana. Bajo las condiciones actuales es muy poco probable que emisores no sólo colombianos sino de todas las economías emergentes puedan acceder en condiciones razonables a los mercados internacionales de acciones y bonos. Ya el miércoles pasado el gobierno aplazó una colocación de bonos en el mercado británico por 350 millones de dólares que se iba a realizar en noviembre ante la inestabilidad de los mercados y el aumento en las tasas de interés para emisores como Colombia. Lo que pase con el Dow Jones, el dólar de Hong Kong y el real brasileño en las próximas semanas, será crucial para las economías en vías de desarrollo del mundo. La colombiana, a pesar de estar protegida por su bajo nivel de integración financiera con el resto del mundo, también podría sufrir las consecuencias de una nueva descolgada. Afortunadamente, por lo menos, ya llegó noviembre.

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