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| 2/28/2000 12:00:00 AM

Fiebre de .com

Esteban Piedrahita, presidente de LaCiudad.com, afirma que, a pesar de ser riesgosas, las acciones de Internet son una buena inversión en el año 2000.

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El auge de los negocios de Internet en los últimos años ha sido comparado con la revolución industrial, la fiebre del oro del siglo XIX en California y los ‘locos años 20’. La más reciente de esta serie de alegorías se refiere a un tema mucho más cercano al ámbito colombiano. Un famoso venture capitalist (capitalista de riesgo) de Sillicon Valley lo llama “la mayor acumulación legal de riqueza en la historia” y un inversionista en acciones de Internet neoyorquino, citado en la más reciente edición de la revista Vanity Fair, aludiendo al hecho de que nunca había hecho tanta plata en tan poco tiempo decía sentirse “como un narcotraficante”. No es para menos. Las rentabilidades que obtuvieron durante los últimos dos años las personas que invirtieron en compañías relacionadas con Internet son abrumadoras. Un ciudadano común y corriente que hubiera invertido 10.000 dólares en una canasta de 80 empresas de Internet que cotizan en el mercado electrónico de Nasdaq el 31 de diciembre de 1997 tendría hoy más de 50.000 dólares. Y estos resultados palidecen ante las fortunas de cientos y miles de millones de dólares que han acumulado los jóvenes fundadores de empresas de Internet en cuestión de meses y los especuladores que compran las acciones en su emisión inicial y las venden pocas horas después antes de la campana de cierre.

Los valores alcanzados por las empresas de Internet desafían toda lógica. Según un reportaje de The Wall Street Journal, el valor bursátil de las 400 compañías relacionadas con Internet que hoy en día cotizan en las bolsas norteamericanas supera el billón (un millón de millones) de dólares. No obstante, en 1999, sólo tuvieron ventas por 30.000 millones de dólares y generaron pérdidas por 3.400 millones de dólares y este año se espera que pierdan 9.000 millones de dólares. Nunca antes en la historia financiera se había visto que los inversionistas valoraran un sector de la economía —que además no arroja un solo dólar de ganancias— en más de 30 veces sus ventas de un año. Y esto en el mercado más sofisticado, líquido y eficiente del mundo.

Nadie discute el enorme valor ya creado, en especial el que creará en el futuro la industria de Internet. La interconexión de millones de computadores y personas en tiempo real a nivel mundial genera un gran aumento en la productividad y ahorros importantes de tiempo y recursos, facilita el intercambio y difusión eficaz de la información, integra de manera rápida y económica a millares de productores y compradores a nivel mundial y permite visualizar que todos los mercados de bienes y servicios serán pronto tan eficientes como las grandes bolsas de valores. La pregunta es si esta profunda transformación justifica los niveles demenciales de las acciones de compañías de Internet, sobre todo si se tiene en cuenta que el mercado parecería no discriminar entre ellas y asignar a todas por igual valores estrambóticos.

Quienes justifican la euforia del mercado y el quiebre con todos los parámetros históricos de valoración hablan del advenimiento de una nueva economía basada en la tecnología y de una era de prosperidad global sin precedentes. ¡Cuán corta es la memoria en épocas de vacas gordas! Lo mismo se decía en los años 20 antes de la gran depresión. Aun si estas predicciones se convirtieran en realidad en todo boom hay ganadores y perdedores. ¿Quién recuerda el sinnúmero de empresas de distribución eléctrica creadas a fines del siglo XX, las decenas de marcas de automóviles que surgieron en los años 20 o firmas de computadores personales como Kaypro y Commodore, que surgieron en los años 80 y en su momento prometían ser líderes de una industria en expansión?

Uno de los análisis más descarnados de la ‘burbuja especulativa’ de las acciones de Internet lo hizo la revista de tecnología norteamericana Red Herring en su edición de septiembre pasado. En ésta su editor en jefe, Anthony Perkins, recomienda a todas las personas que tienen acciones de Internet venderlas. Según Perkins, para que las empresas de Internet que cotizan en bolsa justifiquen sus valoraciones actuales tendrían que aumentar sus ingresos en promedio 80 por ciento por año durante los próximos cinco años. Esto parece poco menos que imposible, argumenta el editorialista, en vista de que Microsoft, la empresa más valiosa del mundo y líder indiscutido en el mercado del software, creció a una tasa de 53 por ciento por año durante los cinco años que siguieron a su salida en bolsa. (Vale la pena anotar que desde la fecha de publicación de este editorial el índice Nasdaq, que agrupa a muchas de las grandes empresas de tecnología, ha aumentado cerca de 50 por ciento).

En un contexto de auge especulativo como el que envuelve a las acciones de Internet en la actualidad es difícil hacer recomendaciones de inversión. Quizá lo prudente, lo racional, sería mantenerse alejado de este mercado. Sin embargo esta recomendación, que igual habría podido ser emitida hace uno o dos años, parecería a la luz de lo sucedido desde entonces una insensatez. Quienes se vean tentados a aprovechar la euforia actual harían bien en tener en mente las siguientes sugerencias:

1. Las acciones de Internet constituyen una inversión de alto riesgo. Por lo tanto el dinero destinado a especular con ellas debería ser capital que se esté dispuesto a perder.

2. La mayor parte del valor creado en empresas de Internet lo han percibido los fundadores y personas que invirtieron en ellas antes de la salida a bolsa. Si se le atraviesa la oportunidad de invertir en una empresa de Internet en su etapa naciente y le convence el plan de negocios, ésta puede ser una manera más inteligente de apostarle al sector.

3. Las empresas de Internet suelen salir a bolsa a un descuento sobre su valor de mercado y generalmente en su primer día de cotización se disparan, alcanzando valores a los que en muchos de los casos no se vuelven a aproximar. Si usted tiene la posibilidad de comprar una acción de Internet a su precio de emisión —privilegio reservado casi siempre para inversionistas institucionales e individuos muy acaudalados— hágalo.

4. No sea más ambicioso de la cuenta. Recuerde que todo el mercado está a la expectativa de cuándo será la gran corrección. Si la acción que ha comprado le genera en poco tiempo una ganancia significativa, véndala.

5. Piense como un capitalista de riesgo. Enfóquese menos en las ventas y utilidades de la compañía en el corto plazo y más en el tamaño de la oportunidad, su posición dentro del mercado y su equipo gerencial.

6. Tenga en cuenta que en la medida que aumenta la oferta de compañías de Internet éstas pierden su ‘valor de escasez’ y el mercado se vuelve mucho más selectivo.

7. Recuerde la recomendación de un inversionista muy exitoso del sector: “Procure no ser el último en abandonar la fiesta porque la puerta es muy estrecha y va a estar muy congestionada”.



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