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| 9/30/1996 12:00:00 AM

HUMO NEGRO

El cierre del cerco al cigarrillo en Estados Unidos puede ocasionar una invasión del producto a los países latinoamericanos.

HUMO NEGRO, Sección Economía, edición 748, Sep 30 1996 HUMO NEGRO
Han sido muchas las aristas del debate sobre el consumo de cigarrillo en todas partes del mundo luego de que el presidente de Estados Unidos, Bill Clinton, aceptara la recomendación de la Administración de Alimentos y Drogas -FDA- de incluir la nicotina dentro de las sustancias adictivas, el pasado 23 de agosto. Sin embargo, lo que muchos han olvidado es que detrás de todo se esconde un gran riesgo para los demás países del mundo: todos podrían ser víctimas de un aumento en el esfuerzo de las multinacionales tabacaleras norteamericanas para conquistar clientes al otro lado de sus fronteras. Al fin y al cabo, por alguna parte tendrán que compensar la reducción en las ventas en Estados Unidos como consecuencia de las medidas extremas. La probabilidad de que algo así ocurra es alta, según analistas consultados por SEMANA, aunque obviamente no será una cosa repentina. La reducción del consumo en Estados Unidos es una tendencia que viene desde hace rato y que está enfocada hacia el largo plazo. La primera vez que se puso el dedo en la llaga en Colombia fue en 1994, cuando se publicó un estudio del Centro de Estudios de Economía -Cede- de la Universidad de los Andes, según el cual los esfuerzos de Estados Unidos para combatir el 'vicio' han hecho que las grandes compañías miren hacia los países en desarrollo, donde no hay medidas tan restrictivas. Y si se tiene en cuenta que nunca había habido una medida tan drástica como la del 23 de agosto, es probable que la tendencia cobre más fuerza. Darío Múnera, presidente de Coltabaco, dijo a SEMANA que "tiene mucha lógica pensar que luego de las restricciones va a haber un aumento de la presión en nuestros mercados". Abraham Kowalsky, de Protabaco, piensa, sin embargo, que eso no será tan evidente, pues "la reducción del consumo en Estados Unidos va a un ritmo muy lento". Más allá de cuál de los dos está en lo correcto lo cierto es que el desplazamiento de la oferta es algo que puede pasar, y una zona especialmente sensible es América Latina, pues además de la cercanía está el hecho de que aún las restricciones al tabaquismo son muy pocas. Y dentro del sur del continente, un caso particular es el de Colombia, donde es probable que la invasión sea especialmente de cigarrillos de contrabando, que ya tienen aproximadamente el 54 por ciento del mercado, en tanto que las importaciones legales no tienen más del 3,0 por ciento y las marcas nacionales se llevan el 43 por ciento -ver gráfico-. De darse un aumento en el contrabando habría una gran derrota para los que venden tabaco en forma legal, pues ya habían logrado ganar una batalla luego de la reducción en los impuestos que comenzó a regir en enero de este año, lo que ha significado un crecimiento importante en sus ventas. De hecho, Coltabaco ha vendido un 17 por ciento más de unidades, Protabaco un 12 por ciento y Philip Morris tiene proyectado vender el doble de lo que facturó en 1995, no sólo por la disminución del contrabando sino porque comenzó a distribuir directamente y no a través de terceros, lo que muestra su interés de convertir al país en un mercado importante.

Mucho humo
Además del boquete que puede abrir el mayor contrabando, Colombia es un país especialmente susceptible al aumento en las importaciones de cigarrillos. De acuerdo con el estudio del Cede, sólo en Estados Unidos, Canadá y Cuba se fuma más que acá dentro de los países de América. Según datos de la industria recolectados por SEMANA, el consumo anual es de aproximadamente 28.000 millones de cigarrillos, lo que da un promedio diario de 76,4 millones, frente a 1.000 millones en Estados Unidos. De acuerdo con el Instituto Nacional de Cancerología, el país tiene seis millones de fumadores, que le ocasionan al sector salud gastos extras por 34.000 millones de pesos anuales. No obstante, las compañías tabacaleras consideran que aunque sí ha habido un aumento en la venta de cigarrillos, éste ha sido inferior al que se ha dado en la población, lo que quiere decir que el consumo per cápita ha disminuido. Sea como fuere, las medidas adoptadas en Estados Unidos han puesto a más de uno a pensar en lo que se de debe hacer en Colombia. Y es que, sin duda, aunque las restricciones al cigarrillo han crecido en el país, es evidente que, como ocurre en la mayoría de los países de América Latina donde la lucha está en pañales, en Colombia aún el debate no ha sido profundo. Lo grave de eso es que, como lo saben los economistas, la probabilidad de que la oferta se desplace cuando un mercado se cierra es tan alta que es mejor no dejarse tomar ventaja y esperar a que sea demasiado tarde. En el país, las medidas para controlar el consumo de cigarrillo comenzaron a mediados de la década de los 80, cuando el gobierno exigió que todas las cajetillas llevaran una advertencia sobre lo nocivo que es el cigarrillo para la salud. Posteriormente, hace unos seis años, se tomaron medidas restrictivas a la publicidad del producto en televisión. Desde ahí ha habido además medidas que prohíben fumar en sitios públicos, y a su vez, muchas oficinas han censurado el vicio. Sin embargo las cosas nunca han ido tan lejos como en otros países. Incluso, cuando se presentó un proyecto de ley en marzo del año pasado que incluía restricciones más drásticas, no sólo para fumar en diversos lugares sino para la publicidad y el patrocinio de eventos deportivos y culturales por parte de las tabacaleras, el debate no aguantó más de dos meses. En Estados Unidos, en cambio, la guerra contra el cigarrillo comenzó en los años 50, cuando un estudio epidemiológico de Richard Doll y Ernst Wynder demostró por primera vez la relación entre el consumo de tabaco y el cáncer de pulmón. Desde ahí han abundado las demandas de personas que culpan a las empresas productoras de cigarrillos de haber sido las causantes de su cáncer en el pulmón, aunque las empresas han respondido diciendo que la decisión de fumar es libre y la toma la persona voluntariamente. Como respuesta, el argumento de los abogados demandantes ha sido que aunque la primera vez la decisión es libre, los fumadores son víctimas de un producto adictivo, y por eso vuelven a comprar cigarrillos, de manera que sí habría culpa de las tabacaleras. El punto de la adicción es el que mayor debate ha generado. Según Darío Múnera, de Coltabaco, "poner en la misma canasta de las drogas al tabaco -que fue lo que se hizo en Estados Unidos- no corresponde a la realidad. No es que el cigarrillo sea adictivo sino que es un hábito, igual a lo que puede ser el café, y como el hombre es un animal de costumbres, vuelve a fumar". Argumentos en contra, sin embargo, es lo que sobran. Al fin y al cabo la nicotina interfiere en el sistema nervioso de las personas, lo que no sólo genera adicción, pues lleva al fumador a experimentar sensaciones agradables, sino que afecta el funcionamiento del cuerpo humano cuando se consume en grandes dosis. Además de eso, es un hecho que hay otros productos que están dentro del cigarillo, como el monóxido de carbono y el alquitrán, que son peligrosos. Pero más allá de eso, de lo que muchos enemigos del tabaco no se han dado cuenta es de que las medidas adoptadas en Estados Unidos pueden terminar por generar una inundación de cigarrillos en América Latina.

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