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| 8/1/1994 12:00:00 AM

JUNIO NEGRO

Tira y afloje entre el sistema financiero y el Banco de la República ante la sequía del mercado monetario.

JUNIO NEGRO JUNIO NEGRO
EL LIO COMENZO A PRINCIpios de junio. Los bancos requirieron de mayores sumas de dinero contante y sonante para trasladar la tercera cuota de los impuestos de renta y complementarios de los grandes contribuyentes, mientras las empresas debieron pagar primas de mitad de año de sus empleados, y hubo al menos dos puentes durante los cuales la gente sacó de sus cuentas el efectivo. Los depósitos en las cuentas corrientes y de ahorros se fueron acabando y los medios de pago se dispararon. Al principio la cosa fue vista como coyuntural, pues anualmente por esta época sucede casi siempre lo mismo. Sin embargo, otros elementos ingresaron en escena.
La situación coincidió con el aumento del crédito del sistema financiero más de lo razonable. Está prestando a niveles superiores del 50 por ciento en volumen. Ante la demanda, las fuentes de dinero se fueron secando y también contribuyeron a ello las corporaciones de ahorro y vivienda con su presión sobre el mercado interbancario. Con toda esa arena en el ruedo las tasas de interés comenzaron a treparse debido a que todos los implicados en el asunto empezaron a buscar cómo mitigar su sed de dinero.
Y como siempre los actores de esta película esperaron a que el Banco de la República, su salvador en otras ocasiones, saliera a irrigar la escena. No obstante, por esta vez el banco central determinó no realizar más operaciones Repo (de regulación monetaria) ni sustentar más el dólar. Esa era la única forma para tratar de manejar las tasas de interés en niveles aceptables. Incluso, muy a su pesar, debió dejar caer el dólar, con el único fin de mantener la sequía monetaria. Durante la cuarta semana de junio la tasa representativa del mercado se derrumbó de 826.61 a 822.87 pesos por dólar, y la semana pasada cerró por debajo de los 817 pesos por dólar.
De acuerdo con la encuesta diaria realizada por la Asociación Bancaria, en los últimos días la tasa interbancaria pasó de 51.93 por ciento a 52.59 por ciento efectivo anual. Pero según la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF), el asunto se tornó dramático cuando el viernes 24 de junio se realizaron operaciones interbancarias, eso sí, aisladas, con tasas del 60 por ciento.
Lo cierto es que la tasa interbancaria llegó al 40 por ciento la semana que pasó, según informaciones del Banco de la República. Y ante esa circunstancia la entidad encargada de la regulación monetaria no va a volver a emitir hasta que las cosas se normalicen y que los medios de pago se queden en el corredor que se han fijado como meta. En otras palabras, hasta que las mismas entidades financieras se metan en cintura en sus préstamos y que las tasas de interés vuelvan a ceder hacia abajo.
"Los bancos mismos se tienen que dar cuenta de que no tienen con qué fondear y ahí pararán de prestar", advierte tajantemente Miguel Urrutia Montoya, gerente del Banco de la República. Para él y para el ministro de Hacienda, Rudolf Hommes, en el sistema financiero están los culpables de lo que pasa, aunque los voceros de los bancos sostienen que ellos hacen su trabajo, prestar. "Nosotros estamos en tasas del 27 por ciento y ellos al 40 por ciento. La tasa la están definiendo ellos", añade el gerente del Banrepública para enfatizar sus acusaciones.
Se cree que si los actores de esta película juegan cada uno su papel, durante la tercera semana de julio estará normalizándose la situación y las tasas de interés se situarán en un 37 por ciento promedio, 10 puntos menos de lo que se encuentran actualmente. Por ahora los bancos frenaron sus campañas de promoción de créditos porque saben que si se quedan ilíquidos los costos del desencaje les saldrán bien altos. "El aumento de las tasas es el único medio de lograr una moderación en el crecimiento del crédito, y que esa moderación es indispensable si todavía se pretende una inflación no mayor que la del año pasado", sostiene Javier Fernández Riva, presidente de ANIF.
Este caso sirvió para que los agentes del mercado monetario vivieran una circunstancia sui generis desde que inició operaciones la nueva junta del Banco de la República como banco central verdaderamente independiente. La actitud del banco central había sido darles señales (recordar hace tres o cuatro meses) de que las tasas se iban a quedar bajas y todo el mercado se confió porque vio que se estaba emitiendo. Ese fue el error del sistema financiero, mientras el error del Banco de la República consistió en pensar que las tasas de interés se quedarían bajas per se y que sus medidas de restricción crediticia serían suficientes para frenar la ola de otorgamiento de créditos. "Fue una metida de pata", concluye ANIF.
El mismo Urrutia Montoya reconoce que la medida de restricción fue "efectiva relativamente", lo que en términos cristianos quiere decir que fracasó. Por eso advierte que sus efectos cesarán a mediados de julio y que el mismo Banco de la República tiene las facultades legales para suspenderla cuando estime conveniente. La verdad es que los bancos se ingeniaron los mecanismos para eludir los recortes impuestos y, haciendo gala de los conocimientos de su negocio, siguieron prestando a los clientes que tocaban a sus puertas. A todas estas el Banco de la República se demoró mucho para pedir calma y frenar la situación a tiempo. Sólo metió mano cuando se dispararon las tasas de interés.
La verdad es que en unas tres semanas, cuando el sistema consiga recuperar cartera y logre un nuevo colchón de liquidez el crédito será reabierto y las tasas interbancarias volverán a mejores niveles, aunque nunca a los bajos de seis meses atrás. De esta versión es fanático el presidente de ANIF, mientras su homólogo de la Asobancaria, César González, piensa que "el Banco de la República debe irrigar de recursos a la economía en estas circunstancias".
Nunca nadie los pondrá de acuerdo sobre lo que ocurre, pero en medio de todo lo complejo que pueda parecer el tema del `junio negro', hay otra noticia mala y una muy buena. Primero la mala: los datos de inflación para junio fueron normales para quienes creen que el costo de vida aumentará este año en 22 por ciento, pero son malos para quienes aseguran, como el Banco de la República, que alcanzarán la tasa del 19 por ciento anual.
La gran noticia es que la economía sigue disparada y este será un gran año. Porque en Colombia, como se ha corroborado durante los últimos tiempos, el año de elecciones siempre ha sido bueno económicamente hablando, ya que el manejo de las autoridades sigue dándose sin mayores traumatismos, aunque haya entrega de mando presidencial. Por ahora el 'junio negro' pasó y para julio se esperan cosas mejores en el campo monetario. -

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