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| 11/7/1994 12:00:00 AM

LA CASCARITA

A pesar de los anuncios, por ahora la suerte del banano sigue un camino diferente al de las flores.

LA CASCARITA, Sección Economía, edición 649, Nov  7 1994 LA CASCARITA
FUE COMO SI LE TIRARAN una cáscara de plátano a un sector que ya venía cojeando. Al cabo de casi cuatro años de crisis, de inseguridad, de malos precios, de limitaciones comerciales y de sufrir por cuenta de la política económica, la actividad bananera estaba recuperando algo de tranquilidad, cuando le llegó la noticia.

A mediados del mes de septiembre, dos entidades norteamericanas, la Chiquita Brands -primer comercializador mundial de banano- y la Asociación de la Industria Bananera de Hawai, le pidieron al gobierno de su país que interviniera para frenar un acuerdo entre cuatro países latinoamericanos y la Unión Europea, referente a las importaciones de la fruta a esa zona del mundo. La petición venía apoyada por 65 congresistas que solicitaban aplicar una legislación especial conocida con el nombre de sección 301, en la cual se ha apoyado en el pasado Estados Unidos para imponer sanciones comerciales a diversas naciones.

Semejante eventualidad produjo un tremendo impacto en el país, particularmente después de que a comienzos de septiembre el Departamento de Comercio de Estados Unidos decidiera aumentar los impuestos de importación que pagan las rosas colombianas. Para los diferentes observadores, el del banano iba a ser el segundo asalto de una pelea en la cual las exportaciones nacionales parecían estar recibiendo todos los golpes.

Con el paso de los días, sin embargo, las cosas empezaron a mirarse en perspectiva. Aunque es prácticamente seguro que el próximo 17 de octubre la oficina de Mickey Kantor, representante comercial de Estados Unidos, decida abrir una investigación formal, dándole luz verde en primera instancia a la solicitud de los demandantes, lo que sigue a continuación es un proceso largo y complejo que no tendría consecuencias sino hasta finales de 1995. Y aun en el caso de que las tenga, la verdadera batalla sería entre la Unión Europea y los norteamericanos que desde tiempo atrás han tenido más de un roce en materias agrarias.

Esta nueva escaramuza es otro eslabón que se agrega a una cadena que comenzó en 1993 cuando la Unión Europea adoptó el llamado Reglamento 404, mediante el cual se diseñó un complejo sistema cuyo objetivo principal era el de proteger la producción bananera de países como España, Francia e Inglaterra. El primero tiene grandes cultivos en las Islas Canarias y los otros dos en el Caribe a través de territorios propios o de sus ex colonias. Por cuenta de esa decisión, los grandes afectados resultaron ser los consumidores europeos -el precio del banano en la UE es ahora más del doble del que se paga en Estados Unidos- y los países que no estaban dentro de la 'rosca'. A estos últimos, dentro de los cuales quedó América Latina, se les colocó una cuota global y un nivel de impuestos muy elevado para sus exportaciones de banano.

Tamaña decisión fue protestada en toda la región. En un mundo que se precia de buscar el libre comercio, parecía increíble que la Unión Europea volviera a demostrar que ciertas leyes sólo se aplicaban a 'los de ruana'. El pataleo diplomático fue acompañado por una demanda ante el organismo rector del comercio mundial, el GATT, que en dos instancias ganaron los latinoamericanos.

El problema es que a partir de ese momento no había muchas opciones. Aparte de una victoria política, lo sucedido en el GATT no conmovió a los europeos, quienes se negaron a cambiar el Reglamento 404.

Como gran concesión, en diciembre de 1993 Bruselas hizo una nueva oferta: partir la cuota global de América Latina en países individuales y rebajarle los aranceles a quienes firmaran. En el caso colombiano, se ofreció una tajada del 21% de un mercado de 2.1 millones de toneladas de banano en 1994.

Ese ofrecimiento dividió al bloque latinoamericano. De un lado, Colombia, Costa Rica, Nicaragua y Venezuela, aceptaron la propuesta. Del otro, Ecuador -el productor número uno- y el resto de Centroamérica la rechazaron. Estos últimos argumentaron que era una cuestión de principios y no podían aceptar un régimen que violaba las normas del libre comercio.

Fue precisamente contra este régimen que se vino el ataque de hace tres semanas en Estados Unidos. Aunque el objetivo es la Unión Europea (194 páginas de las 200 de la denuncia se refieren únicamente a ella), también se mencionan los cuatro países que se plegaron al nuevo acuerdo.

Dentro de todo este complicado escenario, un nuevo elemento vino a reafirmar la posición de la Unión Europea. La semana pasada, la Corte Europea de Justicia rechazó en última instancia una demanda de Alemania contra el Reglamento 404. Este país, a pesar de pertenecer a la Unión, nunca estuvo de acuerdo con la norma. Antes de su vigencia, compraba el banano libre de impuestos y ahora ha visto subir los precios dramáticamente, hecho que es significativo si se tiene en cuenta que Alemania es el primer comprador europeo de la fruta.

La decisión del alto tribunal no tiene en la práctica ningún efecto sobre las ventas del banano colombiano en Europa. En cambio, los productores nacionales aspiran a que el acuerdo que suscribió el país sobre su cuota particular, comience a operar cuanto antes. Según lo escrito, éste debía comenzar el primero de octubre, pero su ratificación está atada a la de la Ronda Uruguay del GATT y, debido a ello, la predicción es que entrará en vigencia sólo hasta el próximo primero de enero de 1995.

Ese trimestre de demora ha aumentado el nerviosismo en un sector que se ha visto golpeado por malos precios primero y por el Reglamento 404 después, en el mercado europeo. Al fin de cuentas, el nuevo continente compra el 46% de los 82 millones de cajas de banano que produce Colombia.

No obstante, el gobierno dice que hay que tener tranquilidad. "Puedo afirmar que la Unión Europea va a cumplirnos a plenitud", le dijo a SEMANA el embajador del país en Bruselas, Carlos Arturo Marulanda. Dicha afirmación está apoyada en una carta que le dirigieron al ministro de Comercio Exterior de Colombia, dos comisarios de la UE el pasado 23 de septiembre. En ésta, Leon Brittan y René Steichen reafirman "el total compromiso de la Comisión con la rápida aprobación y puesta en marcha del acuerdo sobre banano".

Una carta similar le fue enviada al Presidente de Costa Rica, país que ha manifestado estar dispuesto a salirse del acuerdo y pasarse al otro bando, si el nuevo sistema no opera pronto. El mandatario costarricense José María Figueres está bajo presión interna, particularmente por parte de las multinacionales del banano -en particular Chiquita Brands- que controlan en ese país una buena porción del cultivo de la fruta.

Sin embargo, los colombianos confían en que nada de eso suceda y que los eventos de la semana pasada sean los últimos oleajes de un mar que ha estado revuelto en los últimos años. Si el acuerdo se pone en práctica y el gobierno nacional continúa con las medidas de alivio que ha anunciado, es probable que la actividad deje la postración de los últimos tiempos. "Hay una evolución positiva", le dijo a SEMANA Santiago Uribe, presidente de la comercializadora Probán.

Una impresión similar es la compartida por Juan Diego Vélez, presidente de Augura, el gremio que agrupa al sector. "Tenemos problemas y estamos negociando los aumentos de salarios ahora, pero en el frente interno tanto el orden público como los primeros logros en materia económica han evolucionado favorablemente", sostuvo.

Y ojalá que así sea. La actividad bananera ha pasado a ser una fuente de empleo y crecimiento en dos sectores críticos socialmente como son Urabá y el norte del Magdalena. Las exportaciones, a pesar de los malos precios, deberían superar los 400 millones de dólares en 1994. El área sembrada se acerca a las 45.000 hectáreas, aunque la productividad se ha visto afectada por las vacas flacas de los últimos tiempos.

De manera que hay que confiar en que las estrecheces se acaben de una vez por todas. Si bien en el frente interno, el aumento en el CERT para las exportaciones, en la devaluación y la ayuda en materia de disponibilidad de crédito han hecho más manejable la situación, la clave sigue radicando en los precios internacionales.

Desde hace ya varios años, como a comienzos de siglo, la actividad bananera se ha convertido en una de las más importantes del país. Sólo se puede esperar entonces que tras 60 años de historia, la adecuada combinación de buenas políticas y buena fortuna colaboren para que esta segunda bonanza no acabe corriendo la misma suerte de la primera.

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