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| 2/13/1995 12:00:00 AM

LA DESBOCADA

En medio de una fenomenal guerra de precios, la telefonía celular en Colombia presenta un asombroso indice de crecimiento.

LA DESBOCADA LA DESBOCADA
PARECEN ESTAR EN TODAS PARTES. EN LOS restaurantes, en los cines, en los centros comerciales o en los trancones de tráfico de las principales ciudades del país se ven usuarios por centenares con ese pequeño aparato pegado a los oídos. Al cabo de escasos seis meses de vida el teléfono celular ha acabado con los problemas de comunicación de muchos, y también quizás con la tranquilidad de más de uno. Su éxito ha sido tal que inclusive los delincuentes se han sumado a la nueva ola. La semana pasada el Ejército informó que un celular le fue incautado a una cuadrilla de las Farc en la vereda Arabia, en el municipio de Quipile, Cundinamarca.
Y es que la telefonía celular ha comprobado ser un ejemplo más de aquello que se ha venido llamando recientemente la nueva Colombia. El éxito alcanzado en materia de suscriptores sobrepasó cualquier expectativa. Al cierre de 1994 esa cifra alcanzó prácticamente los 85.000 usuarios (ver cuadro). Un estudio sobre los mercados de la telefonía celular en América Latina, realizado por la Economic and Management Consultants International (Emci), una conocida firma de consultoría de Estados Unidos, estimaba que en Colombia habría 24.210 usuarios al terminar 1994; 55.813 al final de 1995 y 94.638 en 1996. Los resultados, después de los primeros meses de operación, son tan sorprendentes que prácticamente alcanzan los estimativos que se tenían para finales de 1996.
La zona oriental, donde operan Celumóvil, la empresa del Grupo Santo Domingo, y Comcel, la mixta donde participa Bell Canada, es la que presenta un mayor número de usuarios, con un total de 42.263. Le sigue la región de occidente, donde Cocelco, empresa de propiedad de los grupos Sarmiento y Ardila, y Occel, del Sindicato Antioqueño y las Empresas Públicas de Medellín y Cali, han logrado atraer a 34.023 suscriptores. En la zona de la Costa Atlántica el número de usuarios es de 8.553.
Esas cifras se traducen en unos excelentes índices en materia de penetración de mercado. La cifra mágica en este campo es la de uno por ciento de la población total como cliente del servicio en plena madurez de la industria. Eso implicaría llegar a 350.000 usuarios en el caso de Colombia. Pero esas metas son normalmente el resultado de varios años de esfuerzo. Sin embargo en el país todo parece avanzar un poco más rápido de lo esperado. Al cabo del primer semestre de operaciones el índice consolidado para Colombia se sitúa en el 0.24 por ciento. Ese nivel es el que el mismo estudio de Emci estimaba para finales de 1996. Otros países latinoamericano se demoraron varios años en alcanzar cifras de ese orden. A Chile y Brasil, por ejemplo, les tomó tres años. A Venezuela y Argentina les ocupó más de cuatro y, en el caso del Perú, ese índice se logró después de cinco años de operación.
Semejante nivel podría ser todavía más impresionante si Colombia logra una tasa de crecimiento en el segundo año de operación parecida a la de países como Chile, que en su momento fue de 173 por ciento, o México, con 166 por ciento. Aún si se alcanzara una cifra del orden del 100 por ciento el índice de penetración sería de 0.48, una cifra que el estudio de Emci no contemplaba como posible sino para finales de 1998.
En términos absolutos, los operadores que más crecieron en el último trimestre de 1994 fueron Comcel y Cocelco, que consiguieron respectivamente 16.742 y 16.056 suscriptores nuevos durante el período. Y en términos porcentuales los que mayor aumento presentaron fueron Comcel y Celcaribe, con 635 y 400 por ciento respectivamente.
Pero esos crecimientos fenomenales no fueron a cualquier costo. Tanto Comcel como Cocelco se lanzaron en unas campañas de consecución de suscriptores sumamente agresivas. Ambos ofrecieron planes en los cuales regalaban la activación y ofrecían una tarifa por minuto de 220 pesos, que representa la mitad de la tarifa original. Cocelco además estableció un sistema de cobro por segundos, en vez de por minutos, que, de acuerdo con estudios internacionales, podría llegar a representar un sacrificio en ingresos hasta de 25 por ciento. Esas medidas obligan a los competidores a ajustarse para no perder participación, y con ello se desemboca inevitablemente en una guerra de precios.
En la medida en que un porcentaje alto del universo de usuarios de esas compañías paga esas tarifas tan bajas, los niveles de ingresos de las empresas se ven afectados. De ahí que el crecimiento en número de usuarios no se vea reflejado en un aumento equivalente en los ingresos. De hecho, esa masificación del consumo tiene el riesgo de que los nuevos clientes no utilicen el servicio de manera intensiva, que es lo que conviene a las compañías operadoras.
Y eso puede ser grave para las empresas cuando se tienen las estructuras de costos de los operadores colombianos. Las concesiones de la zona oriental, por ejemplo, le valieron alrededor de 650 millones de dólares a las dos compañías operadoras. La amortización de ese solo egreso -sin tener en consideración ningún otro rubro de inversión o los intereses de la financiación-, en un período normal de 10 años, implica un esfuerzo de caja mensual de 5.6 millones de dólares en conjunto. Si se toma un promedio de 40.000 usuarios -que es más o menos la cifra que tienen los operadores de la zona- a un costo promedio por minuto de 300 pesos, sería necesario lograr consumos promedio mensuales de 386 minutos. Y esa cifra está muy por encima de los indicadores actuales. El promedio a nivel nacional es del orden de 220 minutos al mes y el de Celumóvil, que puede ser el más alto, apenas supera los 300 minutos por mes. Para decirlo de una manera más sencilla, algunos analistas creen que el negocio por ahora no está dando.
De otra parte, los costos de operación de las distintas compañías oscilan entre 35.000 y 60.000 millones de pesos por año. Es decir, entre 3.000 y 5.000 millones de pesos mensuales. Con los promedios actuales de consumo mensual y precio por minuto se necesitaría tener cerca de 50.000 usuarios por empresa para que el negocio fuera viable. Eso quiere decir que, como están planteadas las cosas, hasta ahora el futuro de la industria podría verse seriamente comprometido.
Sin embargo el panorama no es necesariamente tan apocalíptico. Al fin de cuentas en este negocio lo que más importa es vender las cuchillas, no las máquinas de afeitar. De manera que el haber colocado ya más de 80.000 teléfonos en el mercado genera más posibilidades que interrogantes.
Según el presidente de Occel, Gilberto Echeverri Mejía, "la industria del celular ha sido un éxito y sin duda lo será en el futuro. En el caso de Occel hemos invertido en seis meses lo que nos habíamos comprometido con el gobierno a hacer en cuatro años. El número de usuarios a nivel nacional es el doble del previsto. Pero hay que ser concientes de que con la guerra de precios se han invadido estratos bajos que hay que cultivar y manejar para que puedan hacer uso del celular en forma sana, sin altos índices de deserción y sin costos altos para los operadores".
Esa realidad podría llevar a todas las empresas a revisar sus políticas de tarifas. La semana pasada, al parecer, se habría logrado un acuerdo entre los operadores de las zonas de oriente y de la costa para ponerle fin a la llamada guerra de precios. En los próximos días se deberán anunciar las tarifas ajustadas para 1995. Se cree que estas van a tener en consideración no sólo un proceso de ajuste gradual para aquellos que se suscribieron a los precios más bajos, sino una reducción para no discriminar en el cobro de un servicio público a aquellos que se suscribieron desde el principio a las tarifas altas. El presidente de Comcel, Peter Howard Burrowes, define ese criterio cuando afirma que "las tarifas deben ser fijas para todo el año 95 sin crear expectativas de baja y, al mismo tiempo, garantizar unas proyecciones atractivas para los operadores".
El problema de esa estrategia es que no le va a gustar a unos usuarios que, aunque novatos en el tema, se han visto beneficiados de las guerras de precios. El reto para las empresas es encontrar un justo medio que les permita recuperarse sin que sus clientes crean que les han puesto conejo.
Todo eso forma parte de los avatares de un negocio con enormes posibilidades y cientos de millones de dólares en juego. Por ahora el gobierno parece haber decidido mirar los toros desde la barrera y abstenerse prudentemente de intervenir en el desarrollo de una actividad que, a pesar de sus números y de su crecimiento espectacular, sigue siendo, al fin y al cabo, elitista en un país como Colombia.

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