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| 8/20/1990 12:00:00 AM

La despedida

Ya de salida, el gobierno sienta las bases para un acuerdo de libre comercio entre Colombia y Estados Unidos.

La despedida, Sección Economía, edición 429, Aug 20 1990 La despedida
Los optimistas dicen que esto sí le puede cambiar la cara al país. Al fin y al cabo, ¿a quién no le interesa tener un socio rico? Porque de eso se trata el anuncio de Colombia, dado a conocer la semana pasada, de la creación de la Comisión Mixta sobre Comercio e Inversión, con los Estados Unidos. El acuerdo, firmado entre Carla Hills, representante de comercio del país del norte, y María Mercedes Cuéllar, ministra de Desarrollo, busca incrementar sustancialmente el comercio internacional entre las dos naciones, en el marco de la Iniciativa para las Américas propuesta recientemente por el mandatario norteamericano George Bush.
Aunque para la prensa el tratado en cuestión pasó a segundo orden, ante el anuncio de los Estados Unidos en el sentido de que no se opondría a la entrada de Colombia al código de subsidios del GAIT, lo cierto es que sus implicaciones pueden ser enormes. Hablando en plata blanca, se trata de que en el mediano plazo, Colombia y Estados Unidos establezcan un tratado de libre comercio, similar al ya firmado por este último país con Canadá y parecido al que actualmente se negocia entre Washington y México. Según estos ejemplos, el intercambio de mercancías no se vería sujeto a restricciones, tal como ocurre hoy en día.
Para los defensores de la iniciativa, los beneficios para Colombia serían inmensos. La experiencia muestra que el comercio internacional es un importante motor de crecimiento, y el hecho de tener las puertas abiertas al mercado más grande del mundo ayudaría mucho. Adicionalmente, se estimularía la inversión extranjera y la transferencia de tecnología en beneficio de Colombia.
En apoyo de esta tesis, se cita el ejemplo mexicano. El sólo anuncio de la eventual firma del tratado con los Estados Unidos aumentó sustancialmente el interés de los inversionistas por ese país. De acuerdo con un informe de la Cámara de Comercio Americana en la ciudad de México, las peticiones sobre oportunidades de inversión crecieron en un 50% en cuestión de días. Tal como le dijo un ejecutivo del Grupo Alfa al diario neoyorquino The Wall Street Journal "hace dos años, veíamos a un banquero cada tres meses. Ahora llega uno cada semana".
Los más entusiastas aseguran que de concretarse el pacto de libre comercio México vería mejorar su situación económica rápidamente. Gracias a su vecindad con Estados Unidos y sus menores costos laborales, el país ha atraído ahora a inversionistas japoneses que planean construir allí sus fábricas intensivas en mano de obra.
La duda, obviamente, radica en si pasaría lo mismo en Colombia. Por una parte, es claro que México es mucho más importante -tanto en términos objetivos como subjetivos- para el país del norte. El comercio entre las dos naciones llegó a 50 mil millones de dólares en 1989, tan sólo por debajo del intercambio con Canadá y Japón. Por otro lado, la experiencia de los inversionistas extranjeros en México es relativamente amplia. A pesar de las ocasionales tensiones con Washington, la verdad es que hay una sólida base industrial conformada exclusivamente para vender productos en el mercado norteamericano. Esta incluye desde los autos producidos por la Ford y la General Motors en México, hasta las conocidas "maquiladoras" que se encargan de ensamblar productos con componentes hechos al otro lado de la frontera.
Por lo tanto, Colombia debe tener en claro que no puede aspirar a lo mismo. No sólo geográficamente está en desventaja, sino que el país no es precisamente el paraíso de la inversión extranjera. Aparte de una pésima imagen internacional, los problemas institucionales y de infraestructura son un cuello de botella definitivo. Aunque con la estrategia de apertura estos obstáculos deberían ser superados, es innegable que en el mejor de los casos el proceso tomará varios años.
En el intermedio habrá tiempo suficiente para revisar la letra menuda de un acuerdo eventual. Los enemigos de la idea sostienen que simple y llanamente, la industria nacional puede ser barrida si le toca competir en condiciones de igualdad con los conglomerados norteamericanos. Ese temor fue manifiesto en el caso de México, y aun en el de Canadá donde el nivel de desarrollo es similar al de Estados Unidos.
Tal como le dijo un observador a SEMANA: "si la apertura, con toda su timidez, ha levantado ampollas, uno se puede imaginar lo que sería la polémica si se decide el libre comercio con Estados Unidos".
Tal vez por eso el propio gobierno prefirió darle mayor realce al asunto del GATT. Según las nuevas condiciones, Colombia podrá hacer parte del Código de Subsidios de la entidad internacional lo que, en la práctica, traerá como única ventaja que los exportadores nacionales no puedan ser demandados por perjudicar supuestamente a los productores norteamericanos sin que exista plena prueba al respecto.
Aunque a primera vista eso es muy importante, lo cierto es que los sectores que hacían ampolla (flores, textiles, etc.) ya negociaron por su lado para evitarse futuras sanciones. Además, de acuerdo con la reglamentación del GATT, Colombia debe desmontar en el mediano plazo los subsidios que otorga a todos los demás sectores exportadores.
Cuando eso ocurra y los productos nacionales puedan competir, la idea del libre comercio con los Estados Unidos estará más cerca de volverse realidad. Pero hasta ese momento, es indudable que la iniciativa actual tendrá tanto de largo como de ancho. Las tareas de la nueva Comisión no serán, por lo tanto nada fáciles si se tiene en cuenta que además del tema estrictamente comercial, en la agenda figuran asuntos como la cooperación técnica en materia fitosanitaria, en materia de propiedad intelectual y en materia de inversión extranjera. Por eso, es muy probable que sólo hasta el final de la década Colombia esté en condiciones de aprovechar todas las ventajas de un eventual acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos. Como consuelo, queda el aparente cambio de actitud de la administración Bush, la cual, al cabo de tantos meses de peticiones, por fin parece estar dándole la mano al país, enfrascado en la lucha contra el narcotráfico. Pero más destacable todavía es el cambio de actitud de Colombia que al cabo de años de defender su sistema económico cerrado al mundo, ahora da la impresión de aceptar, con toda naturalidad, que la apertura y el libre comercio constituyen la clave del desarrollo económico futuro.

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