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| 10/16/2000 12:00:00 AM

La mano al dril

La reforma tributaria es una bomba atómica, sin embargo no es imposible que el Congreso termine por aprobarla.

La mano al dril, Sección Economía, edición 959, Oct 16 2000 La mano al dril
Como cualquier moneda lanzada al aire, la reforma tributaria presentada la semana pasada por el gobierno mostró dos caras bien diferentes que dejaron pensando a más de un observador. Por un lado el impuesto a la renta —que se aplica sobre las ganancias de las empresas y personas naturales— bajará del 35 al 32 por ciento. Por el otro, la instauración del 2 por mil como un impuesto permanente y el desmonte del 75 por ciento de las exenciones dejó con los pelos de punta a varios ciudadanos. Como cualquier reforma que pretende aumentar los ingresos del gobierno a costa del bolsillo de los contribuyentes, ha desatado una gran controversia. No obstante, la reforma del ministro Juan Manuel Santos es especialmente polémica por cuanto llega en momentos en que empresas y ciudadanos viven una situación económica particularmente difícil.

La verdad es que la crisis fiscal del país es tal que al gobierno no le queda otra alternativa que darse la pela en materia de impuestos. De no ser así se irían al piso las metas macroeconómicas en materia de crecimiento para el presente año. Según estimativos oficiales preliminares este paquete de reformas le representaría al gobierno más de cuatro billones de pesos. Y mientras los técnicos del Ministerio de Hacienda calculan una y otra vez el efecto potencial de la reforma no faltan los observadores que ya han empezado a manifestar sus dudas

¿Buena o mala?

Para el gobierno la reforma tocará todos los bolsillos, por lo menos “los de todos los que tienen con qué pagar”. La explicación es simple: es mejor operar aunque la intervención duela y sea costosa, pero después el enfermo volverá a caminar y vivirá tranquilamente. La cirugía empezará por el lado de las exenciones. Aproximadamente tres cuartas partes de los beneficios tributarios de los impuestos de renta y de ventas serán eliminados. Apenas se salvarán los de los constructores de vivienda de interés social (VIS) y los arriendos de bienes inmuebles con el fin de apoyar la reactivación de la construcción.

La controvertida medida pone a tributar más las rentas de trabajo, que hoy están exentas en 30 por ciento de la retención en la fuente. Dicha propuesta ha generado gran revuelo entre empresarios y dirigentes sindicales del país, quienes argumentan que con una base gravable del ingreso del 80 por ciento se deprimiría la capacidad adquisitiva y, por ende, la demanda. Más aún, para Luis Eduardo Garzón, presidente de la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), “la reforma es particularmente grave para los trabajadores, quienes además de no haber recibido aumento en los últimos tiempos tendrían que incrementar la contribución que hacen al Estado”. Por el lado del impuesto a las ventas (IVA) las tarifas preferenciales de algunos servicios y productos desaparecen y se gravan con la tarifa única del 15 por ciento.

La siguiente incisión del bisturí tributario tiene lugar en la delicada zona del sistema financiero. La tarifa del 2 por mil a las transacciones será un impuesto permanente. A primera vista, para muchos, aumentar el tributo bancario en medio de la peor crisis financiera no suena nada sensato, pues la gente podría terminar optando por guardar la plata debajo del colchón. De acuerdo con Javier Fernández Riva, el gravamen a los movimientos financieros “acrecentaría la tendencia a la desintemediación bancaria y le pondría al sector financiero un gran cuello de botella”.

Pero eso no es todo. La reforma del gobierno propone disminuir el impuesto a la renta al 32 por ciento para aquellas empresas que no distribuyan sus utilidades por un período mínimo de tres años. La iniciativa del gobierno se justifica en la medida en que le da un respiro a cientos de ciudadanos y empresas cuya capacidad de contribuir al Estado se ha visto seriamente reducida.

Así, pues, el gobierno se le mide a imponer una verdadera cascada tributaria. Lo más probable, sin embargo, es que tamaño esfuerzo no resulte como ha sido calculado. Y si se miran los números se llega a la dura pero, por ahora, inevitable certeza de que lo que se viene en los próximos meses es apenas un pasabocas de lo que va a traer el futuro.

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