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| 7/9/2001 12:00:00 AM

La red regional

El gobierno le apuesta a la creación de ‘clusters’ o cadenas productivas. La idea es crear un nuevo tejido empresarial.

La red regional La red regional
Nadie duda que la competencia es la base de una economía de mercado. Sin embargo las empresas a menudo necesitan cooperar entre sí. Primero, porque no existe ninguna compañía que pueda controlar todos los recursos necesarios para alcanzar el éxito. Y segundo, porque la globalización económica exige estrechar

los lazos entre los diferentes actores de la cadena productiva. Al fin y al cabo los fabricantes necesitan de los proveedores tanto como los productos necesitan de los consumidores.

Hoy en día se sabe que una de las claves del éxito es la concentración, en un lugar particular, de compañías e instituciones que cooperan y se complementan entre sí. Es lo que Michael Porter, el gurú de la estrategia empresarial, denominó “clusters” —que traduce algo así como racimo—. Se trata de conjuntos de industrias vinculadas a través de relaciones de complementariedad y competencia. Todas se dedican a actividades similares, en medio de una densa red que incluye productores, fabricantes de insumos, canales de distribución, compañías de sectores afines y proveedores de servicios complementarios.

El ejemplo más célebre de un cluster es Sillicon Valley, en California. Hace 50 años la Universidad de Stanford tuvo la idea de crear un parque industrial en ese lugar, hasta entonces despoblado. Hoy en día tienen sede allí cientos de firmas de informática y alta tecnología que conviven y compiten en un entorno empresarial que estimula su desarrollo. La experiencia muestra que, mientras más firmas hay en un cluster, es más atractivo para las nuevas empresas ubicarse ahí, y por eso la dinámica que se genera en estos lugares.

Al operar como cluster mejora la eficiencia de las empresas, así como la calidad de sus productos, gracias a la especialización en los procesos y el entrenamiento de mano de obra con destrezas muy específicas. Además se pueden lograr importantes economías de escala en la compra de materiales, la inversión en investigación y desarrollo, la infraestructura de distribución y almacenaje, e incluso los gastos de promoción y ventas.

Históricamente el nacimiento de estos centros productivos ha estado asociado a diversas circunstancias. Pueden ser deliberadamente promovidos por una institución —como hizo la Universidad de Stanford en Sillicon Valley— o surgir por otras razones históricas o geográficas. En Holanda, por ejemplo, la vasta experiencia en los negocios marítimos, la ubicación en el centro de Europa y la extensa red de canales fluviales dieron pie a la formación del eficiente cluster holandés de transporte. En Israel el clima del desierto no le permitía al país desarrollar sistemas de autoabastecimiento agrícola. Superar este inconveniente produjo la creación de regiones especializadas en tecnologías de agricultura avanzada.

Otros ejemplos de importantes clusters a nivel mundial son el de los químicos en Texas; los servicios financieros en Nueva York; la fabricación de automóviles en Wurttemberg, Alemania; el calzado en Nuevo Hamburgo, Brasil; la elaboración de material electrónico en Hsinchu, Taiwan, entre otros (ver recuadro).



Los criollos

Colombia ha estado rezagada en la creación de estos polos empresariales. Salvo contadas excepciones, el atraso en el desarrollo de este tipo de cadenas productivas ha hecho menos competitiva la industria nacional. Y la falta de clusters ha frenado el crecimiento de varias regiones del país, que en su interior están llenas de productos con un gran potencial pero que nadie ha sabido explotar.

Hasta el momento el cluster más desarrollado del país es el de textiles y confecciones de Antioquia. Dentro de él se destaca el micro cluster de ropa interior femenina, el cual está conformado por más de 1.200 empresas y ha fomentado el surgimiento de una red de servicios muy especializados, como el diseño de este tipo de productos y su mercadeo internacional. También sobresale el sector floricultor en la Sabana de Bogotá y el cluster de la producción y comercialización de caña de azúcar en el Valle del Cauca, del cual se deriva la elaboración de químicos, licores, confitería y azúcar.

Pero este es apenas un desarrollo incipiente y por eso el gobierno les quiere apostar a estos centros de desarrollo como una forma de incrementar la competitividad de la producción nacional. El Ministerio de Comercio Exterior, con el objeto de estimular la creación de clusters, ha creado los Comités Asesores Regionales de Comercio Exterior (Carces). Con la participación activa de empresarios locales los 22 Carces que ya hay se han propuesto identificar oportunidades económicas para los diferentes rincones del país. El método utilizado ha sido el de la autoidentificación de las regiones, de productos de uso final con posibilidades importantes de exportación. “Con ellos es posible regionalizar la política industrial y tecnológica del país en función de las potencialidades de cada región, respetando su diversidad”, asegura Patricia Roncancio, asesora de cadenas productivas regionales del Mincomex.

También un estudio realizado recientemente por la Universidad de los Andes se propuso identificar las diferentes oportunidades de clusters empresariales en ciudades como Montería, Neiva, Valledupar, Leticia, Popayán, Cúcuta, Armenia, Villavicencio, Tunja y el departamento del Chocó (ver mapa). Se trata de ciudades intermedias que poseen artículos originales y novedosos y que gracias a su ubicación y a los productos —en ocasiones exóticos— que generan tienen todas la ventajas para constituirse en un excelente polo de desarrollo de cadenas productivas.

Es, por ejemplo, el caso de productos como el café orgánico, la guadua, la seda, el borojó, los recubrimientos cerámicos. O incluso de productos culturales o servicios, como la música vallenata, el turismo de aventura y muchos otros que se destacan por su originalidad y especificidad regional. Muchas de estas oportunidades económicas son verdaderamente sorprendentes y muestran que el desarrollo productivo no siempre pasa por imitar que ha funcionado en otras latitudes.

¿Cómo hacer para que estas iniciativas no se queden en un fallido experimento como ha sucedido tantas otras veces con las buenas ideas? Nada se puede garantizar. Pero lo que sí es seguro es que si no se intenta nada se va a conseguir. Por eso es clave que quienes convivan en una misma área identifiquen fortalezas comunes y se unan para dejar a un lado sus debilidades y, apoyados en un sistema de trabajo en equipo, posicionen sus propias industrias. No se trata de agrupar empresas porque sí. Se trata de lograr núcleos empresariales que estén en perfecta coordinación con sus similares para acertar cada vez con mayor precisión hacia un mismo objetivo. Empresas que, gracias a estas interrelaciones, generen verdaderas ventajas competitivas. Esta es, sin duda, la gran apuesta hacia el futuro.

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