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| 8/29/1994 12:00:00 AM

LAVANDERIA DE 20 PISOS

En el fracasado proyecto hotelero Cali Hilton las autoridades descubren la mayor operación de lavado de dineros calientes en Colombia.

LAVANDERIA DE  20 PISOS LAVANDERIA DE 20 PISOS
UN EDIFICIO SITUADO EN el corazón de Cali se ha convertido en el foco de las miradas de las autoridades, quienes aseguran que a su alrededor gira uno de los más jugosos casos de lavado de dineros calientes de que se tenga noticia en el país. Se trata del Centro Alférez Real, proyecto cuya obra se inició hace 12 años con la idea de que se convertiría en el hotel Cali Hilton. La inversión efectuada era quizás las más grande de cuantas hizo en ese entonces el sector privado. Para calcularla hoy basta decir que, aun cuando está a medio construir, el edificio se encuentra avaluado en 40.000 millones de pesos.
El interés que ha despertado en las autoridades este inmueble se debe a múltiples documentos encontrados en recientes allanamientos por el Bloque de Búsqueda del cartel de Cali. Por otra parte, una serie de investigaciones administrativas realizadas por las Superintendencias de Sociedades y de Valores, han puesto al descubierto, alrededor del edificio, varias operaciones financieras y mercantiles en cabeza de los máximos dirigentes del cartel de Cali, Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela, José Santacruz Londoño, sus respectivas familias y asesores financieros.
La historia que se ha tejido en los últimos años en torno al Cali Hilton, daría como para escribir un libro de misterio. Todo empezó el primero de agosto de 1982, cuando una veintena de empresas vallecaucanas constituyó la sociedad Cali Hoteles S.A. con el fin de construir y promocionar el hotel que iba a ser manejado por la cadena internacional Hilton. El plan era que contara con 300 habitaciones, que se volviera uno de los más sobresalientes polos de desarrollo de la capital del Valle y que compitiera sin problemas con el Hotel Intercontinental Cali, el más exitoso de la ciudad. Para llevar a cabo el proyecto, los empresarios compraron en 150 millones de pesos un lote de 10.000 metros cuadrados en un sitio óptimo: a la orilla del río Cali, en una zona arborizada entre los exclusivos barrios Santa Teresita, Santa Rita y Normandía.
Para financiar el complejo hotelero no se acudió al endeudamiento bancario, sino que se contrataron los servicios de Mauricio Litman Celen, un experto argentino, famoso por sus audaces operaciones financieras al frente de hoteles y planes turísticos en Punta del Este (Uruguay). Litman inició su gestión montando una gran red de promotoras de ventas de acciones para conseguir los recursos necesarios con el fin de sacar adelante la monumental obra. Incluso llegó a ofrecer las acciones del proyecto en varios supermercados de la ciudad.
Esto fue precisamente lo que causó extrañeza a la Comisión Nacional de Valores (hoy Superintendencia de Valores), y lo que la llevó a abrir una investigación administrativa. Y empezaron los contratiempos. Al final de las averiguaciones se encontró que ese mecanismo de financiación era demasiado riesgoso, pues pequeños accionistas que compraban los papeles de propiedad del Hilton como pan caliente, podían salir finalmente golpeados si el proyecto llegaba a sufrir algún tropiezo. Las autoridades exigieron entonces que se optara por un sistema de financiación más serio y directo, como la adquisición de una obligación bancaria. Sin embargo, después de muchos ires y venires el asunto se complicó y el gobierno. con el fin de proteger a los pequeños inversionistas, ordenó parar el proyecto. Pero eso no fue todo.
Al poco tiempo el gobierno detectó nuevas irregularidades, sancionó a Mauricio Litman al comprobar que actuaba como comisionista pirata y luego, el 3 de octubre de 1986, el DAS lo expulsó del país.
Tanto retraso incrementó tremendamente el costo de la obra. Los 2.000 millones de pesos presupuestados en un comienzo iban por el orden de los 8.000 millones.
Además, el incumplimiento de obligaciones por parte de Cali Hoteles S.A. provocó 25 demandas. La sociedad entró así en una profunda crisis financiera y sus directivos tomaron la determinación de no construir el hotel. No obstante, apenas hubo un cambio en los cuadros de mando de la sociedad, los más de 1.500 accionistas decidieron construir lo quehan llamado el Centro Alférez Real, que iría a contar con una torre de apartamentos, un centro de convenciones y un centro deportivo, y que en el futuro iba a hacer tangible el proyecto del Hilton.

PADRINOS A LA VISTA
La nueva fórmula buscaba recuperar para los inversionistas, a corto plazo, todo el dinero que habían inyectado a Cali Hoteles S.A. Pero era imposible. El no haber pagado las deudas a tiempo había conseguido que la sociedad apareciera reseñada como deudora morosa en las entidades encargadas de ello. Cali Hoteles S.A. no tenía crédito en ninguna parte. No había establecimiento financiero que desembolsara un peso para terminar la obra.
Así pasaron siete años. Muchos accionistas querían vender pero no encontraban comprador. Nadie quería meterse en semejante barril sin fondo. Ni siquiera una gran ofensiva publicitaria pudo ponerle punto final a la crísis, el proyecto parecía condenado al fracaso. Pero de pronto empezó a vislumbrarse un milagro.
Fue entonces cuando -según documentos hallados en las últimas semanas por el Bloque de Búsqueda y declaraciones aportadas por testigos presenciales- las acciones de Cali Hoteles S.A. empezaron a transarse intensamente y cuando varias cajas llenas de billetes aparecieron en las oficinas de la sociedad. Era contradictorio. Mientras el proyecto se iba a pique por los cauces legales, navegaba a todo vapor por otros caminos.
La historia de Cali Hoteles S.A. se había partido en dos. Hasta entonces había sido una de las sociedades más democratizadas del país. Nadie poseía más del cuatro por ciento de sus más de siete millones de acciones. Sin embargo, en poco tiempo una docena de sociedades y personas naturales se ubicó rápidamente entre los mayores veinte accionistas de la compañía, lo cual obligó a un cambio en la administración y en la junta directiva. Una de las mayores sorpresas tuvo que ver con la aparición, con nombre propio, de Miguel Angel Rodríguez Orejuela y de dos sociedades familiares de Amparo Castro de Santacruz, esposa de José Santacruz Londoño, alias 'Chepe': Inmobiliaria Samaria e Inversiones El Paso. Otra sorpresa se presentó con el nombramiento de Eduardo Gil, sobrino de Rodríguez Orejuela, como uno de los principales directivos.
De acuerdo con las autoridades, algunos allegados a la cúpula del cartel de Cali exigieron acceso a la junta. Fue el caso de Edgar García Montilla, ex vicepresidente del Club América de Cali y representante de las acciones de la familia Santacruz, quien consiguió un puesto en el máximo organismo de la empresa. García había adquirido el apartamento 1604 por 43 millones de pesos, pero se lo traspasó a la señora Amparo Castro de Santacruz y, posteriormente, a Inmobiliaria Samaria e Inversiones Integral y Cia., pues luego del Campeonato Mundial de Fútbol en Italia fue seguido por la Interpol y detenido en Suiza, cuando realizaba una operación de blanqueo de dólares.
Otro detalle que ha llamado también la atención de las autoridades es el hallazgo de documentos. durante el primer trimestre de este año, en los que aparece el nombre de Armando Gómez España como miembro de la junta directiva de Cali Hoteles S.A., en la que, según certificación reciente de la Cámara de Comercio de Cali, aún interviene. Un documento que hace parte de la investigación comprueba que él aceptó el cargo a partir del 10 de diciembre de 1992. El comerciante Gómez España es el padre de la actual Señorita Colombia, Carolina Gómez. La beldad caleña, quien representó a Bogotá en el pasado Reinado Nacional de la Belleza en Cartagena, perdió el cetro de Miss Universo en una reñida final, en mayo pasado, con la Señorita India, Shushmita Sen. Algunas fuentes de los organismos de seguridad, consultadas por SEMANA y que prefirieron mantener el anonimato, dijeron que el fallo del concurso universal de belleza no favoreció a Carolina Gómez porque el jurado fue informado por la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA) sobre la presunta vinculación del padre de la reina nacional con uno de los mayores casos de lavado de dinero en Colombia.
Pero en este caso también hay políticos involucrados. Conforme a las autoridades, una de las personas cuya participación accionaria en Cali Hoteles S.A. se duplicó fue el ex concejal Alonso Ochoa Ochoa, quien a comienzos de los 80 fue presidente del Concejo Municipal de Cali. Por intermedio de la sociedad Inversiones Turísticas de Occidente, Ochoa llegó a ser el segundo accionista de Cali Hoteles y por intermedio de las sociedades Dinartes yo Casino Internacional de San Andrés, logró un acuerdo para manejar el casino que tendría el proyecto Cali Hilton. Los documentos hallados advierten que para 1989. Ochoa disponía de un patrimonio superior a los l.000 millones de pesos.

SE ENREDA LA MADEJA
Al mismo tiempo que el cartel tomaba el control accionario de Cali Hoteles S.A., adquirió gran parte de la propiedad del complejo habitacional. De 70 apartamentos que conformarían la torre del Centro Alférez Real, al menos 20 fueron pagados por miembros de esa organización en efectivo. Según promesas de compraventa y actas encontradas por las autoridades en sus allanamientos a negocios vinculados con la cúpula del cartel de Cali, la mayoría de las empresas que había tomado el control de Cali Hoteles S.A. eran de Gilberto y Miguel Rodríguez Orejuela y José Santacruz Londoño. Además, de acuerdo con esas pruebas, sus esposas, ex esposas e hijos se habían convertido en los nuevos propietarios de las unidades habitacionales (ver recuadro).
Por ejemplo, los apartamentos 1201 y 1301 del Centro Alférez Real fueron comprados por Inversiones Rodríguez Arbeláez y por Gilberto Rodríguez Orejuela. Los socios gestores de aquella sociedad son Miguel Angel Rodríguez Orejuela y su esposa, Amparo Arbeláez Pardo. Inversiones Rodríguez Arbeláez cuenta con activos por más de 2.000 millones de pesos, dispone actualmente de 39 trabajadores y se dedica a la compra y venta de bienes inmuebles. Su representante legal es Ramiro Hernán Sarria Holguín y su principal referencia comercial es la casa matriz de Drogas La Rebaja.
Como era de esperarse, la presencia de este nuevo grupo de socios provocó que diversos accionistas minoritarios de Cali Hoteles S.A., entre quienes se cuentan prestantes miembros de la alta sociedad de Cali y Bogotá, pusieran en venta sus títulos. Sin embargo, los nuevos socios no necesitaban más acciones para controlar la sociedad. Por tanto, los accionistas vendedores no tuvieron a quién traspasarle sus títulos.
Una circunstancia que ha llamado la atención de los organismos de inteligencia es que en medio de ese tira y afloje, es decir, entre 1989 y 1994 se produjeron otros eventos que terminaron de poner al rojo vivo la situación en torno del Centro Alférez Real: cuatro personas vinculadas a la administración de Cali Hoteles S.A. murieron en forma misteriosa. El 13 de julio de 1989 fue asesinado en Cali Mauricio Vásquez Zawadzky, entonces gerente general de la sociedad, quien se opuso enconadamente a los cambios que se estaban dando en la sociedad. Igual suerte corrió el argentino Mauricio Litman, quien apareció muerto en Miami (EE.UU). El 11 de julio de 1993, Julio Martínez Granados, asesor jurídico de la compañía, fue muerto por sicarios. Y el pasado 7 de febrero a la ex empleada Teresa Cardona, propietaria de uno de los apartamentos, le pasó lo mismo Además, varios de los gerentes y miembros de la junta directiva han sido amenazados de muerte.
Hoy, algunos de los apartamentos se encuentran ocupados y cuatro de sus más grandes locales comerciales están en pleno funcionamiento. No obstante, resulta evidente que gran parte del complejo está en obra negra. La fachada colgante que da acceso a los dos primeros pisos del centro comercial no ha podido ser cubierta con un revestimiento de vidrio templado color bronce, la piscina está en veremos, la impermeabilización de la terraza del piso 20 está por hacer, y el jardín que adornará el piso quinto anda en pañales. A pesar de esa situación de aparente abandono, los directivos del Alférez Real aspiraban, a mediados del año pasado, a vender los apartamentos a un precio superior a los 850.000 pesos el metro cuadrado.
Sea como fuere, los organismos de inteligencia del Estado siguen recaudando pruebas para atar los cabos sueltos que permitan desenmarañar esta gigantesca operación de lavado de dinero que, calculan, puede superar ya los 50 millones de dólares. La tarea no será fácil. Porque como dijo recientemente un dirigente gremial vallecaucano a SEMANA, "los hermanos Rodríguez Orejuela y su socio, José Santacruz Londoño, se alejan cada día más de las operaciones que presuntamente los conectaban con el narcotráfico y ahora están dedicados a sofisticadas transacciones financieras para insertar sus multimillonarios recursos al torrente legal de la economía. En síntesis, estarían dejando su negocio".-

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