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| 7/27/1987 12:00:00 AM

MEJOR JUNTO AL CAFE

La celebración de los 60 años de la Federación de Cafeteros sirvió para insistir en la necesidad de revivir el Pacto Cafetero

MEJOR JUNTO AL CAFE, Sección Economía, edición 269, Jul 27 1987 MEJOR JUNTO AL CAFE
Fue como cumplir años sin recibir regalo. Por eso, cuando la semana pasada se celebró en Medellín el aniversario número 60 de la Federación de Cafeteros, la impresión que se tuvo fue la de que, aparte del onomástico, no había muchos motivos para estar contentos.
Y no es para menos. Al mismo tiempo en que en la capital antioqueña se adelantaban varios actos conmemorativos de la fecha, el resto del mundo cafetero indicaba que no tenía ánimos para fiestas.
La causa de semejante desgano es la misma desde comienzos del año: la falta de un acuerdo sobre cuotas de exportación entre los países productores y consumidores de café. Como consecuencia, el mercado del grano ha estado liberado -de tal manera que cada cual vende y compra a su antojo-, hecho que ha incidido en que los precios del café estén por los suelos. En el caso de Colombia, las menores cotizaciones del grano le van a costar al país unos mil cuatrocientos millones de dólares durante este año.
La liberación del mercado cafetero podría ser manejable si, tal como sucedió el año pasado, no hubiera mucho producto en el mercado. Pero el problema es que café es lo que hay hace unos días. El Instituto Brasileño del Café anunció una cosecha estimada en 35.2 millones de sacos para el año 1987-1988, volumen que es el segundo más alto en la historia de ese país y que equivale a más de dos veces a la cosecha pasada, que llegó a 14.8 millones de sacos. Los especialistas consideran que sólo una helada que "borrara" 8 millones de sacos podría devolverle la normalidad al mercado. Sin embargo, teniendo en cuenta los factores climáticos de las zonas donde ahora se cultiva el café brasileño, esa posibilidad es remota. Como consecuencia los estimativos de producción mundial pasaron ahora a 98 millones de sacos, número muy superior a la que la población del planeta va a consumir.
Para no ahogarse en ese mar de tinto, la alternativa de siempre había sido el Pacto Cafetero. Según éste, países productores y consumidores fijan cuotas por nación para evitar grandes fluctuaciones en los precios y así lograr que los unos reciban un ingreso fijo, mientras que los otros obtienen mercancía a tiempo.
El esquema venía funcionando hasta finales de 1985, cuando la expectativa de pérdidas causadas por una sequía en Brasil, produjo la elevación de los precios y la suspensión temporal de los mecanismos del Acuerdo. Cuando la situación del mercado se normalizó a comienzos de este año, se creía que era sencillo volver a poner el Pacto en funcionamiento.
Sin embargo, los optimistas no habían contado con un suceso inesperado. En una reunión, celebrada en Londres en febrero, dos de los países claves del Pacto -Brasil y Estados Unidos- se enfrentaron duramente al tocar el tema de la distribución de las cuotas. Segun los norteamericanos, la porción brasileña debía ser más pequeña que lo normal, teniendo en cuenta las menores exportaciones en el tiempo de la sequía. Por su parte, los suramericanos sustuvieron que a ellos les correspondía su tajada de siempre, debido a que la baja en producción obedecía a una circunstancia anormal.
Independientemente de quien pudiera tener la razón, el hecho es que las posiciones irreconciliables condujeron al desacuerdo. A pesar de los tímidos intentos de acercamiento propiciados por los demás miembros del Pacto, la impresión que se tiene es la de que la pelea sigue fuerte.
Hace unos días, John Rosenbaum, representante de Estados Unidos ante la Organización Internacional del Café, volvió insistir en que las cuotas deben reflejar "criterios objetivos" como las menores exportaciones brasileñas. Por su parte, el canciller carioca, Roberto de Adreu Sodre, sostuvo el viernes en Medellín que no se puede pedir que un país como Brasil "concuerde en reducir permanentemente su parte del mercado, en función de datos estadísticos que no reflejan adecuadamente la realidad cafetera".
Ese fue el escenario de la "fiesta" de los 60 años de la Federación, ocurrida en Medellín la semana pasada. La sobria celebración, en la que prácticamente todas las personalidades asistentes pidieron "a gritos" la reimposición de las cuotas tuvo como escenario a la misma ciudad que vio nacer a Fedecafé en 1927, cuando los líos de sobreproducción y cuotas de exportación debían parecer lejanos.
Aunque todavía hay esperanzas en el ambiente y hay especialistas que sostienen que a mediano plazo el horizonte cafetero está despejado, los malos precios actuales alcanzaron a empañar la cortada del ponque. Tanto, que por ahora sólo falta esperar que el Pacto Cafetero se arregle, lo cual le aseguraría a Fedecafé un tardío regalo y la certeza de comenzar por buen camino la senda hacia el aniversario número 70.

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