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| 10/24/1994 12:00:00 AM

NI MUY MUY, NI TAN TAN

Con el Congreso bravo y el Banco de la República preocupado, comienza el debate sobre el Presupuesto.

NI MUY MUY, NI TAN TAN, Sección Economía, edición 647, Oct 24 1994 NI MUY MUY, NI TAN TAN
LOS OBSERVADORES SOStienen que esta va a ser la primera prueba real sobre la duración de la luna de miel. Al fin de cuentas, en los corredores del Congreso se comenta que todos los parlamentarios descontentos con la administración del presidente Ernesto Samper van a expresar su malestar cuando esa corporación comience a debatir los cambios al proyecto de Presupuesto General de la Nación para 1995 en el curso de las próximas sesiones.

Y es que el ambiente está caldeado. La rebelión que comenzaron los senadores costeños hace unos días se está extendiendo en las dos cámaras, y en el ambiente está tomando fuerza la idea de que "hay que dejarse sentir". Nada más apropiado, entonces, que aprovechar la discusión del Presupuesto, pues este -a pesar de su trascendencia- siempre le resulta más importante al gobierno que a la opinión pública, a la cual la discusión del tema le parece abstrusa y aburrida. Esta resulta así mismo la ocasión, para que senadores y representantes arreglen sus cuentas con el Ministro de Hacienda y logren presionar la inclusión de determinadas partidas, a pesar de que los nuevos controles exigen el lleno de requisitos como la presentación de las iniciativas ante el Banco de Proyectos de Planeación Nacional.

Esas circunstancias no nacen más que preocupar a un pequeño grupo de técnicos para quienes la conformación y tamaño del presupuesto acaba condicionando en buena parte la salud de la economía colombiana. Se trata de los miembros de la Junta del Banco de la República, algunos de los cuales han expresado sus temores en público respecto de un nuevo desbordamiento del gasto público.

Las noticias a ese respecto no son, por ahora, ni del todo buenas, ni del todo malas.

En primer lugar, porque dentro del proyecto de modificaciones al presentado por el gobierno anterior en el mes de julio, se incluye un aumento neto en los gastos de cerca de 500.000 millones de pesos. Según lo que aprobó la administración Samper la semana pasada, el Congreso recibirá una propuesta de acuerdo con la cual se le da un mayor peso a la inversión social, a cambio de menores aumentos en los rubros de justicia y seguridad. Aunque esas prioridades corresponden a las promesas de campaña del presidente Samper, hay que reconocer que, por lo menos al mirar la cifra global, el gobierno acabó mostrando más mesura de la esperada.

Sin embargo, los miembros de la Junta del Banco de la República, piensan que eso no es suficiente. "Esos 500.000 millones de más hacen la diferencia entre el superávit que nosotros esperábamos y el que tiene en la cabeza el gobierno", le dijo uno de ellos a SEMANA. El gobierno se defiende con el argumento de que nunca se gasta todo lo que se presupuesta. Pero el Banco prefiere ir a la fija y así se lo dirá al Ministro de Hacienda durante esta semana, cuando los miembros de la Junta tienen pensado sentarse a mirar las cifras preliminares para el próximo año.

Y es que en verdad, hay muchos números que deben ser considerados. Aunque es cierto que el total del presupuesto aumentaría en no más del 20.5 por ciento en el año hasta llegar a 17.4 billones de pesos, también es evidente que esa austeridad se logra debido a la disminución en el rubro del servicio de la deuda. En cambio los gastos de funcionamiento aumentarían 29.2 por ciento y los de inversión 38.8 por ciento, cifras que no demuestran mucha voluntad de apretarse el cinturón.

Toda esta discusión sería intrascendente si no afectara la evolución de agregados como la inflación, las tasas de interés, el ritmo de actividad económica y la tasa real de cambio. Pero la verdad es que todas esas variables dependen de la composición y del valor del presupuesto. Y a los ojos del Banco de la República lo que se está planteando por ahora es un esquema en el cual el sector privado tendría que hacer grandes sacrificios para ajustarse a menores niveles de gasto, mientras el público considera que mientras tenga balanceados sus ingresos y sus gastos ese problema no es con él.

EDICIÓN 1879

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