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| 6/7/1982 12:00:00 AM

NUEVO GRUPO SE TOMA EL BANCO DE CALDAS

NUEVO GRUPO SE TOMA EL BANCO DE CALDAS NUEVO GRUPO SE TOMA EL BANCO DE CALDAS
La puja entre el establecimiento económico tradicional y los nuevos grupos financieros por el control de empresas en Colombia, acaba de tener un inesperado desenlace en el caso del Banco de Caldas.
Este bastión financiero de la zona cafetera había sido objeto, en octubre pasado, de un intento de compra por parte del Grupo Central, encabezado por Germán de la Roche. Audaz empresario barranquillero, de sólo 35 años, en poco tiempo ha creado un importante grupo económico (Compañía Comercializadora Roche, Seguros Atlas, Tejidos Unica), que estaba tratanto de consolidar con la adquisición de una entidad financiera. En su ofensiva, el Grupo Central se hizo al 38 por ciento de las acciones del Banco de Caldas.
Las restantes quedaron divididas entre la Federación Nacional de Cafeteros, el Grupo Restrepo (propietario de Chocolates Luker) y el Grupo Arango (dueño de la aerolínea Aces). Los tres formaron de inmediato un "cartel" para evitar que de la Roche se tomara el control de la institución. Estos grupos, de mayoría caldense alegaban que el Banco era patrimonio de la región y que bajo ninguna circunstancia debería dejar de serlo. Como los estatutos de la entidad no permitían la convocatoria de Asamblea General sin la participación de por lo menos el 80 por ciento de los acccionistas, ambos grupos tenían poder de veto. Durante meses fallaron todos los intentos de llegar a un acuerdo, llegándose al extremo de que ninguno de los socios aceptaba comprar ni venderle al otro.
Finalmente, el martes 27 de abril pareció vislumbrarse un posible acuerdo, al ser convocada una Asamblea que permitió al Grupo de la Roche obtener dos puestos en la junta directiva. Sin embargo, la integración de la nueva junta, en vez de solucionar el impase, intensificó la instransigencia de las partes, llevando a una virtual parálisis de la toma de decisiones en la empresa.
En estas circunstancias, un tercer grupo económico, integrado por el industrial Isaac Mildenberg y Jorge Castro, hizo una oferta al grupo caldense, el cual, por acuerdo previo, tuvo que informar de ella a de la Roche. En una inesperada decisión, este último decidió vender también sus acciones al nuevo postor.
Si esta transacción, que tiene que realizarse mediante oferta pública, es aceptada por la Superintendencia Bancaria y la Comisión de Valores, el grupo Mildenberg-Castro terminará adquiriendo el 97 por ciento del Banco de Caldas, por un valor de 2.200 millones de pesos.
Lo paradójico de todo esto es que ni de la Roche logró adquirir el Banco de Caldas, ni este permaneció en manos de los caldense.

EL DEFICIT FISCAL
Por JORGE RAMIREZ OCAMPO
En el curso de los dos últimos años tanto el señor Presidente de la República, como los señores Ministros de Hacienda le han informado al país que existe un considerable déficit fiscal. El doctor Wiesner anunció el año pasado al Congreso que la magnitud de este déficit podría llegar a los $50.000 millones. Algunos analistas consideran que éste tiene aún proporciones mayores, a pesar de que se contabiliza después de descontadas sumas tan considerables como la contribución al Presupuesto Nacional de la Cuenta Especial de Cambios.
Con toda razón, el señor Presidente de la República y el señor Ministro de Hacienda han estimado que el problema del déficit es uno de los más graves que debe enfrentar la economía colombiana en el actual período.
Esta circunstancia llevó a la creación de la Comisión Wiesner-Bird, para tratar de racionalizar el gasto público y fijarle las prioridades que este debería tener, para poder utilizar en forma adecuada los limitados recursos con que cuenta el Estado Colombiano.
Pero la magnitud del déficit realmente supera cualquier cifra que se hubiera podido imaginar hace apenas algunos años, cuando la totalidad del Presupuesto Nacional llegaba a cifras inferiores a éstas que se mencionan ahora como déficit fiscal. La preocupación de las autoridades en justificada. En efecto, bien vale la pena señalar someramente algunas de las consecuencias de este marcado desequilibrio entre los ingresos y los gastos del Estado:
La primera y más obvia es la limitación que un gran déficit introduce en el manejo de la política monetaria. No es, desde luego, recomendable que la tasa de crecimiento de los medios de pago exceda un nivel compatible con el crecimiento de la economía y con la tasa de inflación. Pero, cuando el Gobierno Nacional se ve obligado a financiar el déficit con diversos mecanismos directos o indirectos de emisión, absorbe la mayor parte de la capacidad de crecimiento de los medios de pago. En consecuencia, no queda suficiente margen para que el sistema financiero privado atienda las necesidades de la industria, del comercio, de la agricultura y la ganadería, de la construcción y demás sectores productivos. Por consiguiente, estos sectores, no contribuyen a generar los incrementos en la demanda efectiva a través del pago a los distintos factores de producción, y tampoco crean la oferta necesaria para atender la demanda agregada.
El crecimiento de la economía no puede lograrse solamente a través del gasto público. Un sector oficial que absorbe la mayor parte de la capacidad de expansión de los medios de pago lleva a situaciones como las vividas en el año de 1981, cuando se presentó un aumento de los precios similar al de los años anteriores, mientras el ingreso nacional, se mantenía practicamente estancado en términos reales.
Pero el déficit genera también problemas:
Cuando se piensa en el desarrollo de una infraestructura económica y social que responda a las aspiraciones nacionales, se encuentra la dificultad de financiar ese tipo de esfuerzo sin recurrir a medios heterodoxos que pueden resultar en un aumento de la tasa de inflación.
Cuando se examina la aspiración de reactivar la economía con estímulos tributarios, tales como el certificado de abono tributario, o los incentivos consignados en la Ley Veinte del año de 1979, se tropieza con el problema de reducir los ingresos del Estado, ya insuficientes.
Cuando se estudian algunas iniciativas que se han presentado en los últimos meses a raíz de la campaña electoral como la de suprimir la doble tributación para las sociedades anónimas, se encuentra, entre sus serias limitaciones, esta del déficit fiscal que estamos analizando.
Bien podríamos continuar enumerando las graves restricciones a las que se ven sometidas las autoridades económicas a consecuencia de este agudo desequilibrio entre los ingresos y egresos del Estado Colombiano.
Sin embargo, estimamos que la descripción presentanda en suficiente para que podamos formular una pregunta a los candidatos a la Presidencia de la República, a saber: ¿Cuáles serán sus programas para reducir o eliminar el déficit fiscal? Estimamos que es indispensable conocer la posición de los candidatos frente a este aspecto fundamental de la política económica, porque, de lo contrario, sus programas perderán credibilidad.
El déficit es un cáncer que afecta la actividad del gobierno, y que condiciona su capacidad de adoptar políticas orientadas a desarrollar los demás sectores de la economía y de la sociedad.

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